Economía

Frenesí mundial de bonos provoca nervios

La preocupación de economistas y reguladores crece ante la posibilidad de una salida masiva de capitales del mercado de bonos, principalmente de países emergentes.
New York Times News Service
28 febrero 2014 20:31 Última actualización 02 marzo 2014 5:0
BlackRock ha sido una de las principales beneficiarias de la afluencia de capitales hacia el mercado de bonos. (Bloomberg)

BlackRock ha sido una de las principales beneficiarias de la afluencia de capitales hacia el mercado de bonos. (Bloomberg)

Al hacer prospecciones sobre el petróleo en Brasil, la manufactura de acero en Rusia, la construcción de rascacielos en China, los inversionistas mundiales en bonos han financiado algunos de los proyectos de inversión más grandes que han realizado economías emergentes en los últimos años.

Sin embargo, conforme disminuye el crecimiento en diversos países en desarrollo, los economistas y reguladores se preocupan cada vez más por las consecuencias de este frenesí de créditos y del riesgo de que los fondos de inversión y de cobertura que han remplazado, en gran medida, a los bancos comerciales más estables, como financistas mundiales, pudieran decidir irse todos al mismo tiempo.

“Se podría decir que el mercado se puso demasiado eufórico”, dijo Scott A.

Mather, el jefe de administración de carteras mundiales en el gigante de los fondos de inversión PIMCO. “Muchos años de crecimiento del crédito en el sector privado crearon vulnerabilidades graves”.

Analistas señalan que, en gran medida, en comparación con la crisis financiera asiática en 1997, a la juerga crediticia la están fondeando esta vez los inversionistas mundiales en bonos y también incluye a compañías fuera de Asia. A diferencia de hace dos décadas, los gobiernos de países en desarrollo han acumulado considerables reservas en divisas extranjeras y pueden capear mejor cualquier crisis.

No obstante, persisten los temores de que cualquier venta de pánico de bonos chinos, rusos o brasileños pudiera convertirse en una desbandada financiera. La pregunta más general es el efecto potencial de cerrar un mercado mundial otrora cordial a prestatarios en regiones del mundo que han impulsado el crecimiento en los últimos años.

El problema subyacente, dijo Mather, es que los inversionistas en bonos con poca o ninguna experiencia en mercados emergentes, se amontonaron buscando rendimientos más altos de los que podrían obtener en títulos gubernamentales más seguros en Estados Unidos y otras partes, desencadenado los problemas de bonos de compañías con perfiles crediticios aún más riesgosos.

La estampida ha llevado a un espejismo de liquidez en el que se pudo haber hecho creer a muchos inversionistas que vender los títulos será tan fácil como fue adquirirlos.

“La liquidez es mucho peor ahora que antes de la crisis”, notó Mather. Desde que la Reserva Federal empezara su agresivo programa de adquisición de bonos, lo que llevó a que las tasas de interés en Estados Unidos estuvieran en niveles bajos no vistos en décadas, se duplicaron los bonos internacionales de alto rendimiento, emitidos por prestatarios no gubernamentales en mercados emergentes.

El total de bonos en circulación están en un punto elevado récord de 2 mil billones de dólares, según un informe nuevo de Merrill Lynch, que advierte de las consecuencias de esta explosión de deuda de los mercados emergentes y el alejamiento de los tradicionales créditos bancarios.

Veteranos del mercado de bonos como Petrobras, la compañía brasileña de petróleo que emitió cerca de 30 mil millones de dólares en bonos en divisas extranjeras en los últimos cuatro años, siguen encabezando el desfile.

Conforme el crecimiento decepciona y sufren las ganancias, algunos de estos prestatarios dejan de pagar sus deudas. Entre las más grandes moratorias estuvo la implosión de OGX, un conglomerado energético brasileño, que acaba de quebrar hace poco. Otros incluyen a constructoras mexicanas de vivienda y bancos kazakos.

“Creo que, en definitiva, esto colorea las expectativas de los inversionsitas”, dijo Richard Segal, un analista de bonos de mercados emergentes en Jefferies, en Londres.

A últimas fechas, se ha ventilado públicamente el problema en Washington, después de que la Oficina de Investigación Financiera, una dependencia recién creada dentro del Departamento del Tesoro, sacó un informe en el que se pone atención en la obsolescencia de los gerentes mundiales de activos que se “aglomeran en populares clases de activos o títulos sin importar su tamaño o la liquidez de ellas”.

El informe dice que han fluido más de mil 500 billones de dólares hacia los fondos de bonos en los últimos cinco años – superando con mucho a otros segmentos como el accionario y los mercados de dinero – y señala que las grandes entidades de administración de activos, como PIMCO, BlackRock, Capital Research y Fidelity fueron las principales beneficiarias de esa afluencia.

Para el sector financiero, que ya se percibía a sí mismo como sobrerregulado, el estudio provocó un impacto. El principal organismo gremial de los gerentes de activos, el instituto Investment Company, refutó agresivamente la indicación de que demasiada exposición a arriesgados bonos de mercado emergentes por parte de gerentes de fondos estadounidenses representa un riesgo financiero más general.

En comparación, la decisión de la dependencia de subrayar el factor de riesgo atrajo el apoyo de varios economistas influyentes, incluido Hyun Song Shin, de Princeton y jefe entrante de investigación en el Bank for International Settlements, cuya sede está en Basel, Suiza, y atiende a bancos centrales del mundo.

En un ensayo reciente, Shin advierte de los riesgos que prevalecen cuando los inversionsitas en bonos, que tradicionalmente han tenido un enfoque de plazo más corto que el de las entidades crediticias comerciales, entran y salen de los mismos mercados al mismo tiempo.

“Nunca antes habíamos visto algo como esto”, dijo. “No tiene precedente y es peligroso”.