Economía

Falla modelo de apertura comercial, dice IDIC

El Instituto de Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico destacó que México apostó todo a la apertura económica sin fortalecer su base productiva, lo que ha resultado desfavorable para su participación en el mercado global.
Balanza comercial

Balanza comercial. (AP)

El modelo económico de apertura comercial aplicado por México no es eficaz, hay que fortalecer la base productiva y generar valor agregado si se quiere tener una mayor productividad y un crecimiento económico a la altura de los países desarrollados, aseguró el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

En su reporte “Tendencias de la manufactura mexicana”, el instituto destacó que el país apostó todo a la apertura económica sin fortalecer su base productiva, una estrategia que no ha incidido favorablemente en incrementar su participación en el mercado global.

En 1990 México tenía el 1.2 por ciento de las exportaciones globales, hoy su participación apenas excede el dos por ciento.

En cambio, China, que es una economía de Estado capitalista, elevó su penetración de 2.1 a 13 por ciento.

“El mensaje es muy claro, vender más al exterior no se traduce en crecimiento económico cuando se hace con una base maquiladora y en función de la ruptura de las cadenas productivas”, afirmó.

En este sentido, la recomendación es fortalecer los encadenamientos productivos internos y crear grandes empresas que puedan competir con las trasnacionales que dominan las cadenas globales de valor.

“Los mejores registros de crecimiento económico son alcanzados por países innovadores que generan valor agregado, el comercio es sólo la parte final. Comprar barato al exterior solo es una medida de corto plazo”, señaló.


DEBE PARTICIPAR EL ESTADO

El avance en innovación y progreso tecnológico no se podría comprender sin la intervención del Estado, de acuerdo con el reporte.

Es ahí en donde radica el éxito de China, Corea del Sur, Japón, Vietnam y Singapur, señaló.

En estos países las empresas privadas conviven con una política económica de Estado y colaboran para propiciar un bienestar general.

“El gobierno no tiene miedo de intervenir, y el sector privado sabe que esa participación será en su beneficio, no hay un divorcio”, puntualizó.