Economía

Espejismo del dinero expone a mercados emergentes

01 febrero 2014 10:11 Última actualización 04 noviembre 2013 5:2

   [Uno de los problemas que padecen estas economías es el ecosistema del mercado en torno a los flujos de capital / Bloomberg]


 
 

 
Por Gillian Tett
 
Si un choque fuese a golpear Brasil, la India, Indonesia –o cualquier otro mercado emergente– mañana, ¿Cómo reaccionarían los inversores? ¿Se adaptarían sin problemas los valores de los activos, en medio de una explosión de flujos transaccionales? ¿O se congelarían los mercados al evaporarse la liquidez?
 
No es una cuestión académica. A principios de este año, cuando los inversores comenzaron a especular acerca de un “estrechamiento” norteamericano –una disminución de la expansión cuantitativa (QE)– esa mera conjetura fue suficiente para provocar un giro dramático en el valor de algunos activos de los mercados emergentes, como la renta variable india o brasileña.
 
Desde entonces, los mercados se han recuperado con creces. La mayoría de los economistas siguen creyendo que el estrechamiento está todavía a muchos meses de distancia, y los inversionistas esperan que el rally continúe. Pero tras bambalinas, como lo indicaron los debates privados en la reunión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en octubre, algunos responsables políticos y gestores de activos están inquietos.
 
El verdadero problema con los mercados emergentes de hoy, reconocen los responsables políticos, no es simplemente que la reforma se ha desacelerado en lugares como Brasil, o que las tasas de crecimiento han decepcionado desde la crisis de 2008. Tampoco es simplemente que algunos mercados emergentes han recibido flujos de capital espectaculares, y por lo tanto podrían sufrir problemas económicos si la situación se invierte.
 
En cambio, el tercer, y a menudo ignorado, problema es el ecosistema del mercado en torno a esos flujos de capital. Lo más notable es que el flujo acelerado de dinero hacia los mercados emergentes en los últimos años ha creado una imagen de abundante liquidez. Sin embargo, esta imagen puede ser una ilusión peligrosa, temen algunos diseñadores de políticas, ya que una de las ironías poco conocidas del sistema financiero de 2013 es que ahora puede haber menos –y no más– amortiguadores de los que existían antes de 2008.
 
Este factor puede explicar por qué los giros de este verano en los activos de mercados emergentes fueron tan dramáticos.
 
La cuestión clave que está en juego, indicó Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, en un discurso la semana pasada, es la cuestión de quién hace funcionar los mercados en casos de crisis. Antes de 2007, cuando el mundo de la banca de inversión se estaba expandiendo a un ritmo desenfrenado, los corredores mantenían grandes cantidades de activos de los mercados emergentes en sus libros. Sin embargo, desde 2008 estos inventarios se han reducido más de un 70 por ciento, según las estimaciones del banco central, debido a las restricciones de operaciones por cuenta propia y al aumento de los requerimientos de capital para los bancos que mantienen activos con alto nivel de riesgo.
 
Esto ha socavado la capacidad de los corredores para suministrar liquidez comercial en algunas clases de activos. Tomemos la deuda de mercados emergentes. JPMorgan estima que desde 2008 los inversores han devorado más de 315 mil millones de dólares en títulos. Pero también estima que los corredores tienen ahora un mero 0.5 por ciento de las acciones en circulación, o el equivalente a menos de un día de volúmenes negociados. Esto significa que no pueden proporcionar mucho “lubricante” comercial si estalla una crisis. Y para agravar el problema, los niveles de liquidez en los mercados emergentes ya son muy desiguales, con la gran mayoría de las operaciones concentrándose actualmente en unos pocos mercados como México y Corea.
 
Entonces, ¿hay alguna solución? Una opción, algunos banqueros murmuran, sería hacer retroceder algunas de las reformas financieras post-2008 en relación con, por ejemplo, los libros transaccionales de los bancos. Sin embargo, esto parece poco probable que ocurra debido a que los reguladores quieren reducir el riesgo de los bancos. Así que los responsables políticos están a la caza de ideas alternativas. En la reunión del FMI de octubre, por ejemplo, Christine Lagarde, jefa del FMI, pidió a los países de mercados emergentes que aceleren las reformas para hacer madurar sus mercados de capitales. Y la semana pasada Carney presentó una idea más radical: sugirió que los bancos centrales deberían adoptar nuevas medidas para garantizar que se mantenga la liquidez durante una crisis, revisando la manera en que los bancos utilizan sus colaterales.
 
Pero a pesar de que la intervención de Carney revela el nivel de inquietud acerca de este problema, sus ideas están aún en una fase embrionaria. Ni ellas, ni los llamados del FMI, ofrecerán una pronta solución. Por lo tanto, la única respuesta práctica por el momento es una cuarta “solución”: los mismos gestores de activos deben empezar a poner más atención a los problemas de liquidez subyacentes y fijar los precios de los activos que correspondan a un mundo que no tiene un creador de mercado de última instancia.
La historia demuestra que la memoria sobre el riesgo de la liquidez tiende a ser corta, sobre todo cuando hay tanto dinero fácil inundándolo todo. O para decirlo de otra manera, incluso si la Reserva Federal ahora pospone el “estrechamiento”, los inversores no deben olvidar los giros de este verano. Fue un fuerte disparo de advertencia, que retumba a muchos niveles distintos.
 
 
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