Economía

El recuerdo de Lehman sigue entre nosotros

Se cumplen ocho años de la quiebra de la cuarta mayor firma financiera de Estados Unidos y todavía están presentes los recuerdos de malas practicas financieras, perjurio y fraude... como lo que sucedió esta semana con Wells Fargo.
Bloomberg
15 septiembre 2016 16:14 Última actualización 16 septiembre 2016 16:33
Lehman Brothers (Bloomberg)

Lehman Brothers (Bloomberg)

Octavo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers. Todavía no ha pasado suficiente tiempo para que borre el recuerdo de aquellos días de ansiedad sin enojarme.

La senadora demócrata Elizabeth Warren ha sugerido con motivo de este aniversario que la próxima administración debe "investigar y meter a la cárcel" a los banqueros de Wall Street que han cometido delitos. Aunque dudo que no haya algún culpable caminando, tengo algunas ideas sobre cómo actuar.

Antes de tomar la sugerencia de la senadora, es el momento para una evaluación honesta de uno de los misterios más persistentes de la crisis financiera: ¿Por qué si estaban allí, no hubo ningún proceso judicial de los principales ejecutivos?

Es una pregunta justa. Creo, como se argumentó previamente, había 10 zonas en las que se llevó a cabo el fraude y el abuso. Estos fueron los Sistemas Electrónicos de Registro de Hipotecas; las entidades hipotecarias; la bursatilización; las cartas de crédito "fuera de lugar"; los seguros forzados; los pagos de comisiones; documentación falsa; declaraciones juradas falsas, perjurio y robo de firmas; las agencias de desalojo; y los militares en activo perdiendo sus casas mientras estaban en servicio.

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LEHMAN BROTHERS


Edificio de Lehman Brothers (Bloomberg)


Estoy convencido de que estos casos eran fáciles de procesar, que hasta un estudiante de primer año de leyes tendría una tasa de condenas del 90 por ciento, que la prueba documental fue abrumadora, sobre todo en el fraude de las hipotecas y de los juicios hipotecarios.

Como sabemos, no hubo procesamientos de alguna importancia, no a nivel estatal y mucho menos a nivel federal.

Después de mucha investigación, he llegado a creer que en los más altos niveles de gobierno, la industria financiera logró convencer a los fiscales que era en contra de los intereses de la sociedad castigar a los banqueros.

Hay una línea muy delgada entre el gobierno y el sector privado, entre los reguladores y los regulados.

Si eres un fiscal, por ejemplo, y te gustaría algún día un buen pago del sector privado, ¿realmente quisieras castigar a las empresas que pudieran ofrecerte algún día trabajo?

El problema más grande ha sido la normalización del fraude. Nos encontramos que en el año 2008 los procesos del Departamento de Justicia y de la Comisión de Valores y Cambios contra Wall Street habían caído 87 por ciento.

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RICHARD FULD, CEO DE LEHMAN BROTHERS


Richard Fuld (Bloomberg)


Antes de culpar al gobierno de George W. Bush, esa misma falta de celo para enjuiciar continuó bajo la administración de Barack Obama.

En el aniversario del colapso de Lehman, vale la pena recordar cuán flagrantes eran algunos de los delitos, y la sorprendente ausencia de juicios por las irregularidades contables de la entidad.

Por supuesto, el principal ejemplo era algo llamado Repo 105, que involucró reubicar miles de millones de dólares de pasivos fuera del balance de la empresa hacia el cierre de cada informe trimestral, y después volver a restituirlos en los libros a los pocos días. La maniobra ocultó su enorme debilidad financiera.

En lo que a mí respecta, esto era un evidente y sencillo fraude, una conclusión apoyada en el informe del auditor designado por el tribunal que examinó la quiebra de Lehman.

Más allá de Lehman Brothers, la senadora Warren encontrará el mejor argumento para un juicio por embargos inapropiados. El fraude era rampante; cada documento firmado fue un acto de perjurio; cada firma fabricada fue un fraude.

Sospecho que había miles de empleados de bajo perfil del banco culpables de estos crímenes, y que se podría instar a los responsables a revelar aquellos que tomaron las decisiones. Dudo que fuera los principales ejecutivos los que ordenaron estos actos, y las ideas ciertamente no vinieron de los ‘mal pagados’ empleados recientemente contratados para trabajar en los muchos desalojos.

Fueros los directivos de los bancos que habían subido como una manera de institucionalizar el perjurio.

El cómo y el por qué los fiscales abandonaron este trabajo, es un área que la Senadora podría considerar abundar. Tal vez echar un vistazo más de cerca a ‘la puerta giratoria’ para atrapar al regulador.

Todavía tenemos que indagar más profundamente en esta crisis financiera como lo hizo la Comisión Pecora, que examinó las causas de la crisis de 1929.

Esto podría llegar a un fin y un movimiento esperanzador que nos permitiría ir más allá de la alternativa de los interminables escándalos y multas. Y si usted piensa que las cosas han cambiado, basta considerar el último escándalo: los miles de empleados de Wells Fargo que abrieron millones de cuentas falsas a nombres de sus clientes reales, sólo para cumplir con los objetivos de ventas poco realistas.

Es más que evidente que los malos incentivos están muy extendidos en la industria financiera, mientras que los altos ejecutivos miran hacia otro lado o no saben lo que está pasando en las empresas que dirigen, un signo, por lo menos, de que los actuales grandes bancos son demasiado grande como para manejar.