Economía

El peligroso culto a la macroeconomía académica 

La crisis financiera de 2008 puso a prueba la teoría económica tradicional, pero ha tenido poca influencia en el desarrollo de nuevos planteamientos económicos como sucedió en algún momento con la física.
Bloomberg
29 septiembre 2016 12:0 Última actualización 30 septiembre 2016 11:50
Mercados financieros (Bloomberg)

Mercados financieros (Bloomberg)

Paul Romer, economista jefe en el Banco Mundial, ha ofrecido una controvertida explicación sobre el porqué la estremecedora experiencia de la crisis financiera de 2008 ha tenido poca influencia sobre la macroeconomía teórica.

En la práctica, asegura, se ha convertido en una especie de culto en el que la lealtad a ciertas figuras de autoridad importa más que la búsqueda de la verdad.

¿Podría esto ser verdad? Bueno, al menos tiene un precedente en física.

Véase el desarrollo temprano de la teoría cuántica en los años 30. La historiadora de la ciencia Mara Beller, ya fallecida, describió cómo el físico danés Niels Bohr llegó a adquirir una autoridad tan excesiva que muchos físicos se apegaban a sus puntos de vista, independientemente de los incomprensibles que resultaran.

Tal y como lo describe Beller, la opacidad de las declaraciones de Bohr eran frecuentemente atribuidas por los perplejos físicos a “una profundidad y sutileza que los simples mortales no son capaces de entender”.

Hay una anécdota que describe a la perfección este fenómeno. El joven pero experto físico Carl von Weizsäcker, después de varias discusiones con Bohr, se sintió desconcertado por lo que Bohr había dicho.

“¿Qué ha querido decir?”, se preguntó. “¿Qué es lo que debo comprender para ser capaz de discernir lo que quería decir y si estaba en lo cierto? Me torturé durante paseos en solitario sin fin”.

Su suposición era que, sin importar lo confuso y contradictorio que le había parecido lo que había oído, debía de ser algo sensato y profundo porque Bohr lo había dicho.

Se trata de un fenómeno humano. La buena práctica científica es decididamente subversiva, pero las personas tenemos debilidad por las figuras de autoridad y actualmente muchos jóvenes economistas observan el trabajo de sus superiores y se preguntan: “¿Cómo debo pensar para que esto tenga sentido para mí?”

La física cuántica no se recuperó de una forma rápida ni sencilla. Requirió de los esfuerzos de personas valientes a la que no les importó ser impopulares.

Una figura clave, el físico irlandés John Bell, trabajó durante décadas como físico en el Centro Europeo de Investigación Nuclear mientras llevaba a cabo su verdadero trabajo -sobre los fundamentos de la teoría cuántica- a media jornada.

Publicaba en periódicos poco conocidos porque la mayoría de los físicos, aún bajo el hechizo de la autoridad de Bohr, descartaban como risibles los temas que Bell estudiaba. La autoridad de Bohr había provocado que los físicos hicieran a un lado preguntas cruciales sobre los propios fundamentos de su campo.

Pero, al final, se demostró que Bell tenía razón. El hechizo se rompió en algún momento cerca de 1990, y volvió a estar bien visto trabajar en problemas fundamentales, como si la teoría cuántica proporciona una descripción coherente del mundo subatómico y del más familiar mundo a gran escala que nos rodea.

Incluso, los físicos empezaron a conseguir trabajos de verdad haciendo esto, y gran parte de la investigación realizada desde entonces se ha centrado en temas que antes eran considerados tabú.

Una diferencia entre lo ocurrido entre la física y la economía: la física tuvo la suerte de que durante el estancamiento teórico no se entorpeció el progreso al aplicar la teoría cuántica a la práctica, que acabaría dando lugar a la invención de los aparatos electrónicos modernos, el láser y una larga lista de aplicaciones tecnológicas.

Por el contrario, el avance de la teoría macroeconómica podría beneficiarnos a todos, ya que se supone, es una de las materias económicas más prácticas y útiles.

¿Qué va a pasar con la macroeconomía?

Los críticos como Romer son ahora más numerosos y expresivos, y la vieja guardia se pone cada vez más a la defensiva. Los consumidores de trabajos de investigación pueden ayudar, demandando trabajos realizados sobre suposiciones más realistas, desarrolladas de acuerdo a los estándares científicos y con mayor relevancia práctica.

Si los organismos que financian la investigación y los bancos centrales dejasen de apoyar la creación de modelos llenos de suposiciones poco realistas (lo que Romer denomina “economía post real”) esta disciplina podría comenzar a sanearse.

Es un buen momento para actuar. Tal y como ha señalado el economista Barkley Rosser, de la universidad George Mason, un efecto positivo de la crisis financiera ha sido un florecimiento de los esfuerzos para desarrollar alternativas útiles a los modelos macroeconómicos dominantes, como los llamados enfoques basados en agentes que usan simulaciones por computadora para crear modelos flexibles y detallados de mercados financieros, redes bancarias y economías enteras.

El Consejo de Investigaciones Económicas y Sociales de Reino Unido ha anunciado un nuevo programa de financiamiento dirigido directamente a este tipo de trabajos.

Otros grandes financiadores de la investigación macroeconómica, en particular en Estados Unidos, necesitan seguir el ejemplo, para que el culto autoritario de la economía post real no cause un daño mayor.