Economía

Dos votos a favor de la jornada laboral de tres días que propone Slim

La idea de Carlos Slim de implementar una semana laboral de sólo tres días y jornadas de 11 horas ha hecho correr la tinta para expresar opiniones sobre el plan. Dos columnas, de Bloomberg y Financial Times, expresan el interés que ha levantado la propuesta.
Bloomberg y Financial Times
28 julio 2014 22:9 Última actualización 29 julio 2014 9:7
Carlos Slim. (Bloomberg)

Carlos Slim. (Bloomberg)

LA IDEA DE SLIM SUENA A LOCURA, PERO ES MUY BUENA
Michael Skapinker
Financial Times

La propuesta de Carlos Slim de que trabajemos tres días a la semana suena a locura. Pero muchos en 1922 pensaron que Henry Ford estaba loco por anunciar que sus empleados trabajarían cinco días a la semana.

Nuestra semana laboral nos parece normal debido a que es la única que hemos conocido y la que todos cumplimos. En la mayor parte del mundo, aunque no todo, los sábados y domingos son días libres. Pero si eres suficiente mayor, podrás recordar cuando lo normal era trabajar los sábados por la mañana.

¿Puede Slim, el primero o segundo hombre más rico del mundo, según el ranking, ser heraldo de un cambio en la vida laboral que equipare al de Ford?

Ciertamente lo es para aquellos que le preocupan más, según su discurso en Paraguay en el que promovió su jornada laboral de tres días: los trabajadores que no están listos para retirarse.

Como dijo Slim, ya no suena lógico que la gente deje de trabajar a los 50 o 60 años, cuando todavía les queda por vivir hasta un tercio de sus vidas.

"La gente va a tener que trabajar más años, hasta que tengan 70 o 75 años y sólo tres días a la semana, quizá 11 horas al día", planteó.

Mantener trabajando a los empleados más longevos tiene sentido para las sociedades, especialmente aquellas que están envejeciendo y en las que menos jóvenes deberán cargar con pensionados con mayor expectativa de vida.

También tiene sentido para los empleados longevos: una mezcla de trabajo y ocio es lo que muchos quieren. 

"Con tres días laborales a la semana, tendríamos más tiempo para relajarnos, para calidad de vida. Tener cuatro días (libres) sería muy importante para generar nuevas actividades de entretenimiento y otras formas de permanecer ocupado", dijo Slim, de 74 años.

Parecía sugerir que estos empleados de semana corta ganaran los mismo que si trabajaran tiempo completo. Eso es lo que ocurre en Telmex, su empresa, donde aquellos elegibles para el retiro pueden optar por trabajar una semana de cuatro días con paga completa.

Empleados longevos en cualquier lugar podrían preferir semanas más cortas con sueldos más bajos y ocho o nueve horas de trabajo, en lugar de 11. Sus compañías valorarían retener su experiencia mientras ahorran dinero de sus salarios.

¿Y qué pasa con los demás? Están aquellos desempleados, con trabajos pesados o esporádicos que estarían complacidos de tener seguros tres días de trabajo bien pagado a la semana.

Otros en hospitales, supermercados y gasolineras tienen que trabajar de noche, así como en los fines de semana que Ford convirtió en días de descanso para sus empleados.

Pero una semana corta podría funcionar para muchos otros si sus compañías tienen la imaginación para aplicarla.

He dirigido a una docena de padres trabajadores, principalmente mujeres, en semanas laborales de tres o cuatro días. En la mayoría de los casos, han sido más productivos que sus colegas con cinco días laborables. Generalmente se enfocaban más y eran mejor organizados.

Las semanas cortas no funcionan para todos los empleos, pero lo hacen en más de lo que muchos directores tradicionalistas piensan. Aceptarlas requiere dos cambios en el pensamiento del administrador. El primero es reconocer que la mayoría de las horas que se pasan en una oficina es tiempo desperdiciado. (Y la mayoría de los e-mails que se envían fuera de las horas de trabajo son innecesarios. Nos las arreglábamos antes de tener la tecnología para mandarlos).

Las horas de trabajo de directores de más edad son muchas veces las menos necesarias. Henry Mintzberg, autor canadiense, descubrió que los principales ejecutivos no se enfocaban por mucho tiempo en nada.

Sir Gerry Robinson, alguna vez director del grupo de televisión Granada, le dijo al Financial Times: "Siempre trabajé pocas horas. Debes estar seguro de no gastar tiempo en cosas que no son importantes".

EL segundo es que los ejecutivos mayores necesitan entender que la mejor manera de medir a la gente es por lo que producen, no por cuánto tiempo permanecen en su escritorio.

Sobre todo, los administradores necesitan asumir que la vida de las personas ha cambiado. Tienen hijos y parientes mayores necesitados. Hay años en los que los hijos los necesitan más y otros en que los necesitan menos. Si las empresas son serias, particularmente, acerca del empoderamiento de la mujer, necesitan tomar esto en cuenta. 

En un almuerzo de negocios en Hong Kong en el que participé el mes pasado, las mujeres hablaron de los importante que un empleo flexible es para avanzar en sus carreras.

La gente que vive más, con mejor salud, también está cambiando su vida laboral. La idea de Slim está acorde a estos tiempos.


LAS COINCIDENCIAS ENTRE SLIM Y SEÚL
Bloomberg

Carlos Slim es un tipo exitoso: es el individuo más rico o el segundo más rico del mundo, según la medición que se utilice y cuánto gastó ese día en el almuerzo. De modo que vale la pena tomar nota cuando tiene algo para decir sobre trabajo y productividad.

Recientemente, durante una conferencia en Paraguay, Slim, que controla América Móvil, el mayor operador de telefonía móvil en el continente americano, abogó por una reforma radical a la monótona jornada laboral de 9:00 a 17:00 horas: se debería trabajar tres días por semana, aunque distribuidos en jornadas con horarios más prolongados (11 horas) y los empleados se retirarían a una edad más avanzada (alrededor de los 70 años).

Los días libres adicionales les darían más tiempo para relajarse e inventar cosas, dijo Slim.

En el otro extremo del mundo, el gobierno municipal de Seúl entonaba un canto similar –una canción de cuna, en realidad: pronto los trabajadores tendrán permiso para dormir siestas vespertinas, aunque el experimento de la siesta se limita a los meses de verano. Quizá los funcionarios municipales tomaron conciencia de lo que viene diciendo desde hace tiempo la ciencia del sueño: dormir la siesta mejora el rendimiento cognitivo, especialmente si se le destina un rango de 10 a 25 minutos.

Este ethos de menos trabajo y más siesta no es nuevo. Sin embargo, sus principales defensores han tendido a pertenecer al extremo más blando del espectro laboral, lugares como Suecia y Google. Ahora está recibiendo apoyo de un multimillonario sólido y de funcionarios públicos de la ciudad más grande de un país famoso por sus rigurosas jornadas laborales, por horarios nocturnos ayudados con soju y una privación crónica del sueño.

Es posible que sus ideas no prendan fácilmente, por enunciar lo obvio. La presión sobre la semana laboral, posibilitada por la tecnología personal e instigada por la ansiedad del empleo, funciona al revés: ampliar, no contraer.

La genialidad de las ideas de Slim y Seúl es que aceptan la maleabilidad de la semana laboral del siglo XXI pero se preguntan por qué el cambio es en una sola dirección. El hecho de que el lugar de trabajo siga funcionando, no significa que con la semana laboral también ocurra lo mismo. Después de todo, la semana de cinco días se estableció en una época en que teníamos productos textiles, motores de vapor y faroleros. ¿El lugar de trabajo no se ha vuelto más eficiente desde entonces? ¿No debería hacerlo la semana laboral, acaso?

Algunos burócratas atontados en Seúl y un multimillonario industrioso de México están diciendo que sí. (Como constatamos que también debería hacerlo el consejo editorial de una organización famosa por su ética de trabajo de llegar primero y ser el último en irse y el plan de distribución de asientos en oficina abierta, que es acogedor pero no se presta para dormir la siesta.)

La cuestión es cómo llegar de aquí hasta allí. Es probable que no haya una solución de sueño parejo para todos, o que pensarla requiera un año de jornadas de 18 horas. Pero al menos se está tomando conciencia del problema.

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