Diferencias socioeconómicas y de género deben considerarse en sistema de pensiones: OCDE
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Diferencias socioeconómicas y de género deben considerarse en sistema de pensiones: OCDE

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Diferencias socioeconómicas y de género deben considerarse en sistema de pensiones: OCDE

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico advierte que la esperanza de vida, el género de las personas y su situación económica deben ser consideradas para tener un sistema financieramente sostenible.

Redacción
03/12/2018
Personas.
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La esperanza de vida de una persona de bajos ingresos es diferente al de una de altos ingresos; esta diferencia demográfica, así como la de género con menor participación femenina en el mercado laboral, deben ser consideradas por los hacedores de políticas en el adecuado diseño de los sistemas de pensiones, recomienda la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

“Los sistemas de pensiones bien diseñados deben ser financieramente sostenibles, necesitan mecanismos automáticos que alineen los beneficios con las realidades económicas y demográficas”, señala el reporte Perspectivas de las Pensiones 2018.

Los individuos en grupos socioeconómicos bajos tienen una esperanza de vida menor que los grupos socioecómicos altos, lo que los pone en desventaja financiera si pasan menos tiempo en la jubilación en relación con su vida laboral, recibiendo un "rendimiento" menor en las contribuciones hechas a su fuente de pensión financiada. Las pensiones públicas y las normas fiscales pueden ayudar a compensar parte de esta desventaja.

Las políticas para mejorar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones a la luz de los aumentos en la esperanza de vida deberán considerar cómo se ubican aquellos en diferentes grupos socioeconómicos y de género.

Aunque la participación de la mujer en la fuerza laboral se ha incrementado sustancialmente de 61 por ciento en 2000 al 69 por ciento en el 2017 en la OCDE, persiste una brecha con el 80 por ciento de participación masculina en el mercado laboral en 2017, con una diferencia de 20 puntos porcentuales en países como Colombia, Chile y México.

“En promedio entre 25 países de la OCDE, las mujeres tenían pensiones 24 por ciento más bajas que los hombres en 2015, ligeramente debajo del 27 por ciento que fueron en 2007”, señala el reporte.

Los menores derechos de pensión y la mayor longevidad resultan en mayores tasas de pobreza entre las mujeres mayores. En promedio, en la OCDE, el 17 por ciento de las mujeres mayores de 75 años se encuentran por debajo del umbral de pobreza relativa definido en el 50 por ciento del ingreso medio equivalente, contra el 10 por ciento para los hombres de la misma edad y el 12 por ciento para las mujeres de 66 a 75 años.

En el reporte en el que el organismo internacional describe y señala características de los diferentes modelos de pensiones entre sus países miembros, hace recomendaciones como incrementar la flexibilidad en la edad del retiro, considerar las desventajas socioeconómicas y de género de los grupos poblacionales, aumentar la educación financiera para que las personas tomen decisiones adecuadas para su retiro y establecer incentivos fiscales y no financieros para incentivar el ahorro voluntario.

El costo fiscal de los incentivos que los gobierno otorgan para promover los ahorros para el retiro es en promedio de un dígito bajo entre los países de la OCDE, es decir, inferior a un 5 por ciento del PIB. Mientras que en Australia va del 2 al 3 por ciento del PIB, en México y Chile es de entre 0.1 y 0.3 por ciento del Producto Interno Bruto.

La OCDE reconoce el avance que se tuvo en México al simplificar el proceso de contribuciones para incrementar voluntariamente los ahorros, en particular en los sistemas de pensiones personales.

Además, reconoce la estrategia seguida en México para promover el ahorro voluntario en el sistema de pensiones al estimular a los trabajadores, formales e informales, a que ahorren para su retiro a través de una estrategia que incluyó campañas de comunicación, una red de 7 mil tiendas de conveniencia para depósitos voluntarios y el uso de tarjetas de débito para ahorra una proporción del gasto a través de una aplicación en donde también se puede abrir una cuenta de pensiones y ahorrar en línea.

“Los resultados son prometedores hasta ahora, con un saldo de ahorros voluntarios creciendo en promedio 33 por ciento anualmente desde 2014”, señala.

La estrategia de inversión de los fondos para el retiro de los trabajadores bajo el modelo del ciclo de vida, brinda protección a quienes están cerca de la jubilación en caso de que ocurra un choque negativo en los mercados financieros, pero les resta oportunidades de incrementar su rendimiento al recuperarse aun pasado ese choque, señala la OCDE.

“Las estrategias del ciclo de vida no son una panacea. El impacto positivo de las estrategias de ciclo de vida disminuye a medida que los choques a los mercados de valores ocurren más allá de la edad de jubilación. De hecho, las personas con una cartera fija podrían tener la oportunidad de recuperarse si los rendimientos de las acciones se vuelven positivos en los años restantes antes de la jubilación, mientras que con una estrategia de ciclo de vida, la reducción automática de la exposición de las acciones reduce las posibilidades de recuperación”, explica.

La tendencia principal en los últimos años es establecer una estrategia de inversión de ciclo de vida como el valor predeterminado. Esto permite a las personas más jóvenes tomar más riesgos y reducirlos a medida que las personas envejecen. A medida que los miembros envejecen, sus activos de pensiones se invierten en una estrategia de inversión más conservadora, lo que reduce el riesgo de grandes pérdidas en su cuenta a medida que se acerca la edad de jubilación.

Aunque las estrategias de inversión en el ciclo de vida pueden aliviar el impacto del riesgo de inversión, no necesariamente proporcionan el mejor resultado de inversión para el individuo en todas las circunstancias. Estas estrategias brindan protección a quienes están cerca de la jubilación en caso de que ocurra un shock negativo en los mercados financieros justo antes de la jubilación, ya que la cantidad de activos asignados a inversiones de riesgo disminuye a medida que las personas se acercan a la jubilación.