Economía

Crecimiento y política fiscal

10 febrero 2014 5:1 Última actualización 01 julio 2013 6:22

[Bloomberg]


 
 
Rodolfo Navarrete/Economista del sector privado
 

¿Qué es lo que están viendo los economistas cuando predicen que el crecimiento económico mexicano durante el segundo semestre de este año será mejor que el del primero?
 

Es probable que estén viendo al menos dos efectos positivos, uno derivado de la posible mejoría económica en Estados Unidos durante el segundo semestre; y el otro relacionado con el ejercicio del gasto público que no pudo llevarse a cabo durante la primera mitad del año. Sin embargo, ninguno de los dos tiene una alta probabilidad de que así vaya a suceder.
 
Una mejoría de la economía estadounidense en el segundo semestre se supone incrementará la demanda de las exportaciones mexicanas y ésta a su vez terminarán por jalar al resto de la economía mexicana, mientras que el ejercicio del gasto público que no se llevó a cabo en la primera mitad del año ampliará el gasto interno, repercutiendo favorablemente sobre el resto de las variables de la demanda interna. La suma de ambos terminará por mejorar el ritmo de crecimiento de la economía.
 
¿Qué tan probable es que mejore la economía estadounidense? Entre todas las proyecciones que se hacen al respecto, tal vez, la más importante es la contenida implícitamente en la discusión y especulación de las últimas semanas en torno al retiro paulatino de los estímulos monetarios en Estados Unidos.
 

Efectivamente, si éste se va a dar es porque la economía ya muestra signos relativamente claros de un proceso de recuperación. Sin embargo, tal como lo señalara el presidente del Fed, Ben Bernanke, todo va a depender de los datos económicos que vayan saliendo, por lo que el retiro de los estímulos no es inminente. Es más, dos cifras que se publicaron durante la semana pasada hacen prever que todavía hace falta asimilar mucha información antes de concluir que la economía de EU se está recuperando consistentemente.
 

Por un lado, la revisión a la baja del crecimiento del PIB del primer trimestre, que llevó la tasa de crecimiento de una cifra preliminar de 2.4 a 1.8%, misma que fue producto principalmente de la revisión a la baja también de la tasa de crecimiento del gasto de consumo; y la publicación del gasto personal correspondiente a mayo, misma que al registrar un crecimiento de 3.3% y al revisarse las cifras de los meses anteriores permite estimar que el consumo en el segundo trimestre pudo haber crecido alrededor de 1.5%, por debajo de 2.6% del primer trimestre.
 

Esta cifra muy probablemente llevará a que el PIB del segundo trimestre haya crecido entre 1.5 y 1.8%, con lo que el crecimiento en el primer semestre habría sido de alrededor de 1.8%. Pero la perspectiva para el segundo semestre no es muy diferente que digamos. Las estimaciones del crecimiento de las grandes corredurías son de alrededor de 2%.
 
En conclusión, un crecimiento de alrededor de 2% de la economía estadounidense no sería suficiente como para mejorar la perspectiva de crecimiento mexicano.
 
Por lo que respecta al gasto del gobierno mexicano, al cierre del primer trimestre del presente año la Secretaría de Hacienda había reportado que el gasto público se contrajo 10% en términos reales respecto de similar periodo del año anterior, lo cual implicó un subejercicio de 5% con relación a lo programado. Se supone que esto terminará ejerciéndose en el segundo semestre, lo cual apoyará la recuperación económica.
 
Sin embargo, hay que tomar algunos elementos en consideración antes de extraer esta conclusión. En primer lugar, no hay que perder de vista que parte del subejercicio del gasto en el primer trimestre obedeció a la caída real de los ingresos, misma que fue de 0.4%b respecto de similar periodo del año anterior y 0.3% respecto de lo programado.
 

En segundo lugar y bajo este mismo tenor, es difícil pensar que los ingresos públicos vayan a mejorar en un contexto de debilitamiento de la economía mexicana, a no ser que se eche mano al expediente de aumentar los precios de los combustibles en vista de que no se puede hacer lo mismo, al menos por el momento, con las tasas impositivas. En tercer lugar, no se debe olvidar que uno de los compromisos más importantes del gobierno para el presente año es lograr el equilibrio fiscal (en una de sus múltiples definiciones).
 

Está claro que en un contexto de caída de los ingresos esto sólo puede suceder si se contrae el gasto, o se incrementan los precios de los combustibles y las trifas púbicas, sólo que con la salvedad de que en este último caso es de esperar el pagar algunos costos, como una mayor inflación e incluso un efecto negativo sobre el crecimiento derivado de la disminución del ingreso disponible de los consumidores.
 
Vale decir que es difícil pensar que este año el gobierno alcanzará el equilibrio fiscal sin efectuar un fuerte recorte del gasto público, dado que es previsible que caiga el ingreso público o en el mejor de los casos que no crezca.
 
La combinación de estos elementos lleva a pensar que la economía mexicana reducirá aún más su ritmo de crecimiento durante este año. Por lo pronto, el consenso del mercado, de acuerdo con la encuesta de Banamex, redujo la expectativa de crecimiento del PIB para este año a 2.8%, pese a que la Secretaría de Hacienda ratificó su estimación de que crecerá 3.1%. 

 
Se dice que la recuperación estadounidense en el segundo semestre jalará a la economía mexicana. Igualmente, se señala que el gobierno ejercerá el gasto público que no hizo en el primer semestre. Al día de hoy no hay suficientes elementos que permitan esperar que esto suceda así.