Economía

¿Cómo aliviar el tráfico en la CDMX? La respuesta podría ser un impuesto 

El 'impuesto a la congestión' ayudaría a reducir los problemas de movilidad, ya que implica el pago de tarifas especiales en vialidades y horarios de elevado tránsito, siendo una alternativa al 'Hoy no Circula' y a la verificación vehicular que muchos evitan.
Leticia Hernández Morón
28 noviembre 2017 19:17 Última actualización 28 noviembre 2017 20:0
tráfico CDMX

El impuesto, según el Banco de Desarrollo de América Latina, necesita a la vez, de alternativas de transporte público viables. (Cuartoscuro) 

El transporte de autos y motocicletas produce amplios costos sociales en materia de congestión vehicular, contaminación y seguridad vial, por lo que hacer que los usuarios paguen por esos costos, a través de un impuesto a la congestión, ayudaría a reducir los problemas de acceso y movilidad que enfrentan las grandes urbes como la Ciudad de México, sugiere el CAF, Banco de Desarrollo de América Latina.

“El impuesto puede, potencialmente, disminuir la congestión vehicular, incentivar el uso del transporte público, reducir la contaminación y mejorar la recaudación de los gobiernos locales, lo que permitiría aumentar la disponibilidad de recursos para mejorar la infraestructura de movilidad”, señala el Reporte de Economía y Desarrollo (RED) 2017 de CAF, titulado “Crecimiento urbano y acceso a oportunidades: un desafío para América Latina”, presentado en la Ciudad de México en colaboración con el Colegio de México.

Expone la necesidad de que usuarios de automóviles y motocicletas sean responsables de los costos sociales que producen sus desplazamientos y para este fin hay dos instrumentos regulatorios: el pago de tarifas especiales en vialidades y horarios de elevado tránsito y mecanismos para restringir el uso de vehículo en ciertos días como el “Hoy no Circula”.

Cada conductor que se desplaza en automóvil solo toma en cuenta su costo privado, tiempo y valor de la gasolina consumida y por eso, la cantidad de automóviles en circulación es ineficientemente alta desde el punto de vista social y a partir de ese argumento es que los economistas abogan por la introducción de un impuesto a la congestión que ya es una realidad en varias ciudades de países desarrollados, como Londres, Milán, Singapur y Estocolmo.

Es un impuesto progresivo, lo pagan los dueños de automóviles privados, que provienen de hogares de mayores ingresos en promedio. Sin embargo, como indica la experiencia de Londres, la implementación de este tributo enfrenta retos técnicos y logísticos como la instalación de cámaras y el envío de multas a domicilio, y retos políticos como la oposición de amplios sectores de la sociedad, explica el documento que estuvo dirigido por Pablo Sanguinetti, director corporativo de Análisis Económico y Conocimiento para el Desarrollo de CAF.

“En perspectiva, el impuesto a la congestión puede ser una opción atractiva en ciudades con altos niveles de congestión vial, pero con alternativas de transporte público viables y gran capacidad de diseño e implementación de este tipo de programas”, advierte.

Los pros y contras de programas como el “Hoy no Circula”

Aunque los programas de restricción vehicular son menos difíciles de implementar y tienden a suscitar menos rechazo en la opinión pública que el impuesto a la congestión, el CAF advierte que suelen ser contraproducentes porque incentivan el aumento del parque vehicular y difícilmente se logra un nivel de congestión vial eficiente.

Como sólo se restringe la circulación de los vehículos sin importar su contribución marginal a la congestión vial y a la contaminación, cuando este tipo de programas se implementa de manera prolongada establece incentivos que favorecen el crecimiento del parque vehicular.

Los hogares tienden a evadir esta prohibición con la adquisición de otro vehículo lo que resulta contraproducente porque las personas hacen en total más viajes de los que hacían antes de la restricción y dañan más al medio ambiente, si el vehículo adicional es más contaminante.

Si bien se puede regular este problema al establecer revisiones de emisiones para los vehículos de forma periódica y obligatoria, “este tipo de controles puede sufrir manipulaciones, particularmente en contextos institucionales débiles, como los existentes en América Latina”, señala el informe en el que menciona que alrededor del 10 por ciento de los propietarios de vehículos privados en la Ciudad de México paga un soborno para pasar de manera irregular el control de emisión de gases.

En general para que alguna de estas iniciativas tenga éxito debe haber una cobertura de transporte público amplia y de calidad. Según el reporte, 1 de cada 5 latinoamericanos no puede acceder a ningún medio de transporte público formal a menos de 10 minutos de su vivienda. Las restricciones de cobertura también van en relación a la prevalencia de altas tarifas en relación al ingreso de los hogares más pobres que son los que más utilizan el transporte público.

En cuanto a la calidad, la evidencia muestra que 1 de cada 4 latinoamericanos se encuentra insatisfecho con el servicio de transporte público ya sea por baja frecuencia, excesiva duración de los viajes o por la inseguridad de los vehículos que prestan el servicio.