Economía

Así fue como Islandia salió de sus crisis

A diferencia de Grecia, Islandia salió de la crisis financiera de 2008 en parte, porque tenía su propia moneda, la cual devaluó e impuso controles draconianos a los capitales.
New York Times
10 julio 2015 17:37 Última actualización 12 julio 2015 5:0
Islandia (NYT)

El gobierno de Islandia el gobierno anunció recientemente que empezaría a levantar los controles a los capitales, impuestos en el punto máximo de la crisis (NYT)

Cuando la crisis financiera golpeó a Islandia hace siete años, Gudmundur Kristjansson, un pescador de 55 años de edad, de amplia sonrisa, rostro avejentado y ojos traviesos, casi pierde su negocio. El pago de los intereses de su préstamo aumentó 300 por ciento. Tuvo que vender sus dos fábricas de pescado y dos de sus cinco barcos pesqueros. “No invertimos durante muchos años”, dijo, “porque solo estábamos pagando los intereses”.

El país completo compartía sus tribulaciones. Después de que los tres bancos más grandes de Islandia quebraron en un lapso de tres días, que la moneda se colapsó, el mercado bursátil cayó 95 por ciento y casi todos los negocios en la isla estaban en bancarrota.

Siguió un sufrimiento durante un corto tiempo, pero hoy, Islandia está en actividad frenética: el desempleo es de cuatro por ciento, el Fondo Monetario Internacional pronostica un crecimiento de 4.1 del producto interno bruto para el 2015 y el turismo está aumentando. Kristjansson acaba de comprar el Nanoq, un barco usado que proviene de Rusia y que hace poco lo estaban preparando para un viaje de pesca a Groenlandia.

Sin embargo, tal como Islandia retorna al redil, Europa se está preparando de nuevo para una catástrofe financiera en un país renegado. Grecia, al no haber hecho pagos cruciales de su deuda, se ha acercado más que nunca antes a Salir del euro. Abandonar la moneda común – y tener que crear su propio dinero nuevo – podría hundir a Grecia en una crisis económica todavía más profunda.

Islandia no es Grecia. En tanto una isla pequeñita con 320 mil habitantes, pudo reunir la voluntad política con mayor facilidad que la mayoría de los países. (Conocer al primer ministro es algo sin importancia para los lugareños.) Grecia tiene 11 millones de habitantes, un producto interno bruto (PIB) de 242 mil millones de dólares, o 16 veces el de Islandia y una historia de antagonismos políticos y corrupción gubernamental.

Los dos países se volaron solos, aunque en formas distintas. Grecia, como país, gastó demasiado; en Islandia, los bancos privados se fueron de juerga, que terminó mal.

Sin embargo, Islandia salió por el otro lado del desastre, en parte, porque tenía su propia moneda, la cual devaluó e impuso controles draconianos a los capitales. Si Grecia termina con su propia moneda, lo más probable es que baje al Hades económico en los meses posteriores a que bote el euro, antes de que siquiera tenga la oportunidad de salir por el otro lado.

No obstante, si bien Islandia está en la flor de la salud, su reaparición está a punto tener otra prueba. Hace poco, el gobierno anunció que empezaría a levantar los controles a los capitales, impuestos en el punto máximo de la crisis. El objetivo era que duraran unos cuantos meses, pero llevan siete años, lo cual ha generado, en gran medida, una protección bajo la cual ha prosperado Islandia.

Su éxito, paradójicamente, ha hecho que su remoción sea todavía más precaria. “Funcionaron mejor de lo que cualquiera esperaba que funcionaran”, noto Sigmundur David Gunnlaugsson, el primer ministro. “Pero, claro no son una situación sostenible para la economía”.
Las consecuencias del colapso

Decir que la justificación para los controles de capital era muy contundente en el 2008 sería un eufemismo gigantesco. Si Estados Unidos y Europa se emborracharon con el dinero fácil, Islandia fue el tipo de la fiesta que estaba inconsciente en un rincón.

Cuando la corona islandesa se derrumbó en el 2008, los tres bancos más grandes del país tenían activos por 10 veces el valor de su PIB. Se colapsó 85 por ciento del sistema bancario.

Los bancos de Islandia se metieron en el negocio bancario internacional a lo grande, a pesar de tener poca experiencia en las transacciones internacionales, o en las regulaciones.

Islandia quería ser un gran jugador financiero, lo cual era una locura en una población de 320 mil habitantes”, notó Bogi Thor Siguroddsson, el presidente de Johan Ronning, un mayorista en aparatos eléctricos.
Al mismo tiempo, Islandia se convirtió en blanco del dinero caliente.

Debido a que tenía altas tasas de interés, los operadores internacionales – y bastantes personas comunes y corrientes – pedían prestados dólares al cinco por ciento, por decir algo, los cambiaban por coronas y compraban bonos islandeses que pagaban nueve por ciento. Se benefician con la diferencia entre el cinco y el nueve por ciento.

Al momento del colapso, se estimaba que las posiciones de los operadores de costos directos eran de 41 por ciento del PIB. Sin control de capitales, sacarían ese dinero con lo que se deprimiría todavía más la corona.

No había ninguna posibilidad de que Islandia rescatara a sus bancos, así es que los dejó quebrar. Sin embargo, primero salvó a los ahorradores locales cambiándolos a nuevos bancos “buenos”. El gobierno islandés, con el apoyo del FMI, impuso estrictos controles a los capitales, bloqueando su salida del país y prohibiendo a las personas comprar divisas o acciones extranjeras.

Cuando los salarios reales cayeron 11 por ciento del 2007 al 2010, el gobierno no tomó una sierra de arco para reducir los servicios sociales, sino, más bien, aumentó los impuestos y también ofreció alivio a la deuda de los tenedores de hipotecas en el país.
Islandia hizo lo que pareciera que ningún otro país desarrollado estuviera particularmente ansioso en hacer: encarceló a un montón de banqueros.

Cuando se colapsaron los bancos – combinados, fue la tercera bancarrota corporativa más grande en la historia mundial, en uno de los países más pequeños _, quedaron aniquilados los accionistas. Los acreedores extranjeros perdieron miles de millones de dólares, pero esperaban recuperar algunos activos. Los fondos internacionales de cobertura detectaron una oportunidad y compraron algunos de esos reclamos por centavos sobre el dólar, según se dice.

A medida que mejoró la economía, los reclamos – incluidas posiciones en dos de los bancos “buenos” del país – incrementaron en valor. Eso significó que los fondos de cobertura poseían, efectivamente, una parte significativa del sistema financiero de Islandia. “Somos el único país que permitimos que unos fondos de cobertura locos hayan sido dueños de nuestros bancos durante siete años”, dijo el pescador Kristjansson.

Los controles del capital causaron que sucedieran muchas otras cosas extrañas. De un día para otro, el banco central obtuvo poderes enormes sobre cómo se gastaría el dinero.

Siguroddsson, el presidente del mayorista en aparatos eléctricos, estaba en Japón con su familia cuando rechazaron su tarjeta de crédito por haber alcanzado su límite para las divisas extranjeras. Tuvo que llamar a un número especial en mitad de la noche. “Tienes la sensación de que hay un sistema que te está vigilando y te está diciendo qué puedes hacer con tu dinero”, expresó.

De repente, se evitó que los fondos de pensiones de Islandia, que ya están casi totalmente fondeados, invirtieran en nuevos activos extranjeros; hoy, un gran 75 por ciento de los activos de los fondos de pensiones están en inversiones basadas en la corona. De un día para otro, se consideró que los fondos de capital privado y los inmobiliarios del país eran un lugar para invertir el dinero local en rápida expansión.

Los individuos se enfrentaban a límites en las divisas extranjeras.

Cuando, hace cinco años, se festejó la confirmación del hijo de Magnus Arni Skulason, le pidió que invirtiera los dos mil dólares que tenía ahorrados en acciones de Apple (el precio era de 32.50 dólares). “Es ilegal, Jonatan. Hay controles de capitales”, el padre recordó que le dijo. (Ahora, cada acción está en 127 dólares.)

No obstante, hubo efectos saludables de los controles de capital y de la devaluación de la moneda.

La devaluación hizo que las exportaciones fueran más baratas y las importaciones más caras. Se hizo más barato viajar a Islandia. Y, si bien cayeron los salarios, Islandia no enfrentó el desempleo paralizante de muchos países europeos.

“En mi opinión, los últimos seis a siete años han sido una clase abierta sobre la discusión de si se debe tener moneda propia o no, y qué significa ser miembro de una moneda común que no está tomando en consideración tu situación económica”, explicó Bjarni Benedikstsson, el ministro de finanzas de Islandia.

Sin embargo, los controles de capital también causaron dolor a los negocios. Los inversionistas, preocupados por cómo los afectarían los controles, se mantuvieron alejados. La inversión extranjera cayó y todavía sigue siendo de 16 por ciento del PIB, muy por debajo de los niveles previos a la crisis.

Si bien todos están de acuerdo en que es necesario levantar los controles, el arreglo también ha avivado el temor en relación a cómo será la vida del otro lado y si Islandia puede sobrevivir con su propia moneda.

Sin embargo, otros piensan que el mundo es demasiado global para una nación isla de 320 mil habitantes, con una moneda en libre flotación.

“Es una locura que conservemos nuestra moneda”, dijo Siguroddsson, el presidente del mayorista en aparatos eléctricos. El defiende unirse a otra moneda, aunque contempla el forcejeo de Grecia. “Necesitamos opciones”.

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