Visitar Venezuela plantea desafíos hasta al dar propinas
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Visitar Venezuela plantea desafíos hasta al dar propinas

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Economía

Visitar Venezuela plantea desafíos hasta al dar propinas

Ir al país sudamericano incluirá experiencias como cambiar 10 dólares y obtener fajos y fajos de billetes que serán imposibles de transportar en pantalones o en una cartera.

Stephen Merelman|Bloomberg
24/10/2017
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Venezuela plantea muchos desafíos al visitante, carreteras deterioradas, dengue, secuestros, y uno de los más desalentadores es el gasto de dinero.

La hiperinflación que ha relegado al bolívar a la condición de papel ornamental de color pastel hace casi imposible realizar una transacción tan común como comprar una taza de café. El oscilante tipo de cambio extraoficial crea una distorsión monetaria que ha convertido el comercio en un espejo deformante.

Las cantidades ya son un problema. El día de mi llegada compré 10 dólares de bolívares para moverme. Ese monto en dólares se convirtió en 11 paquetes de billetes de 100, 500 y mil bolívares de aproximadamente 2.5 centímetros de alto cada uno.

Tuve que llevarlos hasta el hotel en un bolso de compras. Los pantalones que me había puesto no tenían bolsillos adecuados para esa tarea.

Existe una explicación, o algo por el estilo. El país de la OPEP, que gobierna el presidente Nicolás Maduro y es objeto de sanciones, ha establecido una compleja serie de controles cambiarios destinados a frenar la caída del bolívar.

Hay varios tipos de cambio, entre ellos el oficial de alrededor de 10 bolívares por dólar; el Dicom (el Sistema de Divisas de Tipo de Cambio Complementario Flotante del Mercado), de unos 3 mil 345 por dólar y reservado para las empresas privadas, y el tipo de cambio real del mercado negro, que se modifica con frecuencia y por lo general en sentido descendente.

El lunes por la mañana era de 38 mil, mientras que el lunes por la tarde estaba en 40 mil. La población local ha desarrollado sus propios mecanismos de adaptación. Actualiza el sitio web dolartoday.com (que el Gobierno bloqueó sin mucho éxito), que sigue las fluctuaciones del tipo de cambio.

La gente hace filas durante horas en los cajeros automáticos para acumular suficientes billetes para comprar alimentos. Paga por transferencia bancaria siempre que puede. En las playas del Caribe, los vendedores agitan aparatos inalámbricos en el aire en un intento de captar una señal que permitirá que se desplacen decenas de miles de bolívares a cambio de un pescado frito.

Para un recién llegado, operar en Venezuela es una aventura económica. Tomemos, por ejemplo, el caso de las propinas. Después de cenar en el hotel quise dejarle a mi amable camarero una generosa suma pensando que en un lugar donde se pasa hambre, eso podría ayudar a toda una familia.

Cargué la comida en la cuenta de mi habitación y anoté 10 dólares más (alrededor de 250 mil bolívares al tipo de cambio no oficial de ese día, suficiente para comprar 10 arepas).

Minutos después, sonó el teléfono de mi habitación y una mujer me informó que el establecimiento no aceptaba dólares y que, por lo tanto, convertiría la propina al cambio oficial.

Eso convirtió mi propina de 10 dólares en apenas 32 mil 500 bolívares al tipo de cambio Dicom del día, algo más de un dólar en las transacciones reales al tipo de cambio informal. Luego me habitué a deslizar dólares bajo la cuenta.

La mañana de mi partida de Caracas llevaba gastado tal vez el 10 por ciento de los bolívares que había comprado siete días antes, a juzgar por las dimensiones del paquete de billetes. Me llevé algunos como recuerdo y dejé el resto en la habitación del hotel junto con algunos dólares como agradecimiento.

Ahora, a punto de salir a almorzar en Nueva York, el rostro con patillas de Simón Bolívar me mira desde una pila de billetes de 100 que tengo sobre el escritorio y me recuerda qué bueno es saber que un sándwich de atún costará hoy lo mismo que mañana.

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