Economía

"Alemania hoy merece un Premio Nobel de la Paz"

Durante los últimos 15 años Alemania ha logrado convertir casi 30 por ciento de su red eléctrica a energía renovable desde casi cero, sin embargo debe asumir más liderazgo para volverse una potencia mundial activista.
Thomas L. Friedman/New York Times News Service
22 mayo 2015 16:0 Última actualización 23 mayo 2015 5:0
Turbina eólica de Siemens

Turbina eólica de Siemens. (Costesía)

BERLÍN.– Una semana en la Academia Americana en Berlín me deja con dos sentimientos contradictorios: Uno es que Alemania hoy merece un Premio Nobel de la Paz, y el otro es que Alemania tendrá que superar mañana su profundamente arraigado pacifismo posterior a la Segunda Guerra Mundial y volverse una potencia mundial activista y más seria. Y digo ambas cosas como un cumplido.

Sobre el primer punto, lo que los alemanes han hecho al convertir casi 30 por ciento de su red eléctrica a energía renovable desde casi cero en unos 15 años ha sido una gran contribución a la estabilidad de nuestro planeta y su clima. La pieza central de la energiewende, o transformación energética, alemana fue una “tarifa de aportación” a la red eléctrica extremadamente generosa que hizo que fuera una decisión fácil para los alemanes instalar energía solar (o eólica) en sus hogares y recibir un precio predeciblemente alto por la energía generada desde sus propias azoteas.

No se niega que los primeros días de la tarifa de aportación fueron costosos. Los subsidios costaron miles de millones de euros, pagados a través de un sobrecargo en la factura de electricidad de todos. Pero el objetivo era no simplemente comprar más energía renovable: Era crear una demanda que redujera el costo de la energía solar y la eólica para hacerlas opciones dominantes y asequibles. Y, en eso, la energiewende ha sido un éxito rotundo. Con descensos de precios de más de 80 por ciento para la energía solar, y de 55 por ciento para la eólica, la energía sin carbono es ahora competitiva ante los combustibles fósiles aquí.

“En mi opinión, el mayor éxito de la transición energética alemana fue dar impulso a la industria china de paneles solares”, dijo Ralf Fuecks, el presidente de Heinrich-Boell-Stiftung, la fundación política del Partido Verde alemán. “Creamos el mercado masivo, y eso condujo a una mayor productividad y al drástico descenso en el costo”. ¡Y todo esto en un país cuyo extremo norte está en la misma latitud que el extremo sur de Alaska!

Este es un logro que está salvando al mundo. Y, felizmente, conforme el precio caía, los subsidios para las nuevas instalaciones también descendió. Los alemanes que instalaron paneles solares terminaron ganando dinero, que es la razón por la cual el programa sigue siendo popular, excepto en las regiones productoras de carbón. Hoy, más de 1.4 millones de familias y cooperativas alemanas están generando su propia electricidad solar/eólica. “Hay ahora mil cooperativas energéticas operadas por personas privadas”, dijo la economista energética Claudia Kemfert.

Oliver Krischer, el vicepresidente del grupo parlamentario del Partido Verde, me dijo: “Tengo un amigo que llega a casa y, si el sol está brillando, ni siguiera saluda a su esposa. Primer baja y ve el medidor para ver la (electricidad) que ha producido él mismo. La idea ahora es que la energía es algo que uno puede (producir) por sí mimo. Es un nuevo hecho”. Y ha creado tanta reacción contra las cuatro principales empresas eléctricas operadas con carbón o energía nuclear que una de ellas, E.On, se acaba de dividir en dos compañías, una que se enfoca en sacar las últimas ganancias al carbón, el petróleo, el gas y la energía nuclear, mientras la otra se enfoca en las alternativas renovables. Los alemanes le llaman en broma “E.Off” y “E.On” (en referencia a los términos en inglés para apagado, “off”, encendido, “on”).

Un problema: Alemania aún tiene abundante carbón lignito barato y sucio que es usado como energía de respaldo para la eólica y la solar, porque el gas natural más limpio es más caro y la energía nuclear está siendo eliminada gradualmente.

Por lo tanto, si esa es la historia de la potencia renovable, ¿qué hay de la potencia nacional? Dos generaciones después de la Segunda Guerra Mundial, la reticencia de Alemania a proyectar algún poder fuera de sus fronteras está profundamente arraigada en la mentalidad política aquí. Eso es bueno, dado el pasado de Alemania. Pero no es sostenible. Alemania hoy tiene un peso impresionante, derivado de la calidad de su institución gobernante, su régimen de derecho y el mero poder de su economía basada en medianas empresas; eso es singular en Europa.

Cuando se habla con funcionarios alemanes sobre Grecia, su principal queja no es sobre la política fiscal griega, que es mejor últimamente, sino sobre el deterioro y la corrupción en las instituciones gobernantes de Grecia. Los griegos “no hubieran podido implementar las reformas estructurales que necesitaban, aunque hubieran querido”, me dijo un funcionario financiero alemán. Las instituciones de Atenas son un lío.

Como Estados Unidos está menos interesado en Europa, Gran Bretaña se está alejando de la Unión Europea y de los último vestigios de ser una potencia militar mundial, Francia e Italia se tambalean económicamente y la mayoría de los miembros de la OTAN están reduciendo sus presupuestos de defensa, no veo cómo Alemania evita ejercer más liderazgo. Sus sanciones económicas ya son la más importante respuesta a la agresión rusa en Ucrania. Y en el mar Mediterráneo, donde Europa enfrente una creciente ola de refugiados (y donde Rusia y China acaban de anunciar que sus armadas celebrarán un ejercicio conjunto a mediados de mayo), Alemania tendrá que catalizar algún tipo de respuesta naval de la UE.

El relativo peso del poder alemán frente al resto de Europa solo sigue creciendo, pero no lo diga en voz alta aquí. Un funcionario de política exterior alemán expresó el dilema del país de esta manera: “Tenemos que acostumbrarnos a asumir más liderazgo y estamos conscientes de cuán renuentes son otros a que Alemania sea el líder; así que tenemos que hacerlo a través de la UE”.

He aquí mi predicción: Alemania será la primera superpotencia verde y alimentada por energía solar. ¿Pueden esos atributos coexistir en un país, me pregunta? Van a tener que hacerlo.