Tragedia consumada en Moscú
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Tragedia consumada en Moscú

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Tragedia consumada en Moscú

El mundial se fue en Moscú y la fiesta comenzó el París, otra vez en julio, otra vez los ideales máximos del futbol: la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Mauricio Mejía
15/07/2018
logo COPA MUNDIAL
RUSIA 2018

Napoleón no, pero Francia sí logra conquistar Rusia. Los azules dieron muerte a una Croacia incansable que llegó lejos en la novela mundialista. La tragedia de los héroes es la derrota anticipada, prevista e inevitable. Los croatas colaboraron con el resultado: un autogol y un penalti que dieron a Francia mucho más de lo que merecía en el primer tiempo.

Llegó tarde el campeón al césped de Moscú. Y aun así vencía a once plumones que habían puesto la mesa y la pelota. El futbol es tajante: gana quien mete la pelota en el arco, sin importar las formas, sin importar el medio. Mandzukic hizo que los balcánicos llegaran a la final y él mismo se encargó de dar a Francia el primer festejo. Olía a drama; a mito griego. Perisic, el domador de emociones, remató, pocodespués para empatar el marcador. Era injusto lo que éste daba a entender. Los de cuadros habían puesto más empeño por la copa. Luego, el destino: Persic comete mano en el área propia y Griezmann anotó con clase. Parecía que Croacia se suicidaba en el Luzhniki.

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Francia regresó del vestidor con más intenciones y buscó la meta contraria con contragolpes. Ítaca estaba cerca sobre la mar. Sabía que la última reserva de corazón debía ser utilizada por una rival digna hasta el último minuto. Pogba, en un auténtico golazo, demostró su extraordinaria calidad al rematar con dos piernas en el borde de área. Comenzó y terminó una jugada de extraordinaria belleza. Era mucho ya para Croacia: Jasón veía de frente, a sus pies, el abismo y la tumba. Era el minuto 59. Las deshoras acompañaban a La Maga francesa, que traía inercia de triunfos. Los de Deschamps jugaban las cartas que, paradójicamente, les daba el destino: tenían una excepcional capacidad de adaptación. Y, ahora sí, ganaban por méritos y por argumentos. En el 65’, Mbappé agregó la despensa. Croacia se encadenaba.

Un error del arquero francés, Lloris (intentó despejar ante Mandzukic y esté anotó sin empacho) dio suspenso al final del encuentro, pero la anagnórisis ya había pasado en los pies de Pogba. No había manera de que los eslavos le dieran otro sentido a la épica. La dramaturgia estaba dictada. Los dioses suelen cobrarse la factura en el momento más oportuno.

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Croacia imprimió el cuento de este mundial ruso. Francia la nación más leal con el juego de las 32 que comenzaron el programa. No fue esta, el de 15 de julio, su mejor actuación, pero había tejido la mejor ropa durante el certamen. Deschamps ha sido capaz de darle un buen sastre a un cuadro plagado de estrellas. Como Zagallo, como Beckenbauer es campeón en el pasto y en el banquillo. El Balón de Oro del torneo premia a la más genuina grandeza del deporte: Modric fue aplaudido con honores porque era la cara de un once de enorme pasión, de tenacidad, de entrega, de pundonor. La cara resignada del astro representaba el sudor dejado en la camiseta de cuadros. Era el estandarte de una gran selección que logró adueñarse de la empatía de medio mundo.

Admiración para los derrotados porque nunca escatimaron un gramo de esfuerzo. La lluvia que cerró el teatro parecía el telón más divino para una Odisea que comenzó el 17 de junio en ese mismo estadio.

El mundial se fue en Moscú y la fiesta comenzó el París, otra vez en julio, otra vez los ideales máximos del futbol: la libertad, la igualdad y la fraternidad. El mundo siente un vacío grande en el estómago, la pelota se guarda una olimpiada después de invadir la vida diaria de miles de millones de almas en un eterno verano.

En 2018 Francia conquistó Rusia con el balón pegado en los pies. Gol.