Los tres mosqueteros 20 años después
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Los tres mosqueteros 20 años después

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Los tres mosqueteros 20 años después

El encuentro se volvió un debate de espadas para la segunda parte, donde un tiro de Griezmann y un error de Muslera se conjuntaron para acabar con el combate. Francia, en duelos seguidos, acababa con el Río de la Plata.

Mauricio Mejía
06/07/2018
Actualización 06/07/2018 - 11:20

Griezmann no festejó el error de Muslera que dio el segundo gol a un empeñoso cuadro francés que logró, con méritos futbolísticos, su pase a las semifinales del Mundial ruso. Fue un gesto deportivo en un partido lleno de espinas, de raspones. Francia vuelve a las andadas veinte años después de su primer título, 1998, cuando albergó por segunda ocasión la fiesta del juego más lindo. Deschamps, el ahora técnico galo, jugó en aquel equipo que era un resto del mundo, y busca la hazaña de Zagallo y Beckenbauer: ser campeón en el césped y en el banquillo.

Fue un duelo intenso en Nóvgorod. Definido en un tiro de castigo, con golazo de Verane, y un error del arquero uruguayo, siempre fiel al cuadro de Tavares. El futbol tiene raras maneras de manifestarse. En esta ocasión le dio razón a un once francés abierto, competitivo y muy dispuesto al toque. Uruguay intentó la marca, el cuerpo a cuerpo, la presión. Lo consiguió en lo que pudo. Un error en la cobertura en el final del primer tiempo permitió que el central francés anotará el primer tanto. Cuando se juega al límite, a la cerrazón, hay que cuidar todas, todas las jugadas, una sola puede causar el daño letal. Esa llegó. Más tarde que temprano, con una prudencia digna de Odiseo, Griezmann se contuvo y dio la pausa necesaria para despistar a la formación celeste. Ese tiempo de más, ese cuidado dio la oportunidad a Verane, quien llegó al área cabeceó y metió la pelotita en un lugar imposible para Muslera. Lloris, al poco rato, tuvo una atajada que cambió el ritmo de las horas. El empate se iba como paloma negra del estadio.

Al regreso de los vestidores, Francia, arropada de blanco, debió cumplir con los deberes de la ventaja. Y lo hizo. Insistió. Luchó. Y sacó la ropa. El encuentro se volvió un debate de espadas. Uruguay apelaba a la ausencia de Cavani. Los franceses al presente, que tan bien les va. Tiró Griezamann con potencia a la puerta rival. El balón tomó mal parado al meta celeste y la pelota entró, como ocurrencia, en la ventana de la puerta. Fue mucho. Francia, en duelos seguidos, acababa con el Río de la Plata. Con el corazón al sol, los celestes se despidieron de un Mundial en el que dejaron cuerpo y alma. Los tres mosqueteros vuelven veinte años después…