La novela se impone al cuento
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La novela se impone al cuento

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La novela se impone al cuento

La selección gala ha sido tan exquisita que no hace falta hablar del más grande del mundo.

Mauricio Mejía
30/06/2018

Francia se puso celosa del golazo de Di Maria y respondió con el gol más bello del Mundial de Rusia, de Pavard, para empatar por segunda vez en un espléndido juego en Kazán. Luego Mbappé remató en el área en el 64 y en una jugada de diez toques, maravillosa, dio razón a lo acontecido en el césped: victoria decorosa para el cuadro de Deschamps, siempre mejor que el de Sampaoli, rudimentario en la zaga hasta decir basta.

El gol del postre de Agüero fue más descuido que creación.

Francia (4-3) es cierta, se le da bien la pelota. Hace sencilla la construcción del juego más lindo. Pasa, se mueve, abre el terreno, no se repite, sabe de qué se trata el relato, hace del rectángulo formas poliédricas, sin barroquismo, sin exageraciones; brillante estilo el azul, que abrevia los avances a dos toques, como debe ser. La exhibición de esta mañana ha sido impecable. Argentina se asomó al marcador con dos accidentes: un golazo de Di Maria, contundente, y un desvío en el área de Mercado a tiro de Messi. Todo lo demás fue art decó.

Hace 20 años, plagada de mundo, la Selección francesa cautivó al mundo, con Zidane a lo grande. Hoy, más republicana, más repartida, la gala ha sido gala, novela escrita con pulcritud. Tan exquisita que no hace falta hablar del más grande del mundo. Contundente, el once francés no tiene desperdicio, no sufre de ninguna parte del cuerpo. Traza bien las ideas, va, viene, regresa, se mueve de aquí para allá con gran sentido del orden, como si hubiera ensayado mil veces el escenario. Fuera de los esquemas Deschamps ha dado forma a un favorito para el título. Tiene glamur este primer inquilino de los cuartos de final.

Argentina tuvo aliento cuando Mercado se entrometió en el disparo de Messi. Pero el 2-1 no le iba, había forzado el destino del partido. Francia, la solvente Francia, no se desesperó. Tampoco se inmutó. Serena, buscó la portería contraria sabedora de sus habilidades. Poco a poco, fue dando vuelta a la tortilla. Palmo a palmo se hizo de la cancha contraria y del 1-2 pasó, cual doncella, al 4-2. Para la Argentina fue mucho, mucho. Sin calidad para la segunda ronda, a la que llegó a resbalones, después de ser humillada por Croacia y ventilada por Nigeria, la albiceleste volvió a las andadas: medrosa, buscó en la sobras su supervivencia. Francia dejaba poco fuera del plato: acaso un error para que Agüero por fin anotara en el campeonato. Nada más.

La novela se ha impuesto al cuento, al falso relato, en Kazán.