Hace 80 años, el césped fue de la 'azzurra'
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Hace 80 años, el césped fue de la 'azzurra'

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Hace 80 años, el césped fue de la 'azzurra'

El 19 de junio se cumplirán 80 años de la mejor azzurra de todos los tiempos. Aquella fue la primera bicampeona, antes del final del mundo.

Mauricio Mejía
07/06/2018

Era otra Italia.

En casi todos los sentidos.

El 19 de junio se cumplirán 80 años de la mejor azzurra de todos los tiempos. Hoy la scuadra no aparece en el elenco de los 32 mundialistas. Aquella fue la primera bicampeona, antes del final del mundo.

El 25 de enero de 1931 saltó al césped por primera vez con la Nazionale Giussepe Meazza, un muchacho que se había formado en la militancia del Ambrosiana. Tenía 21 años. Italia jugaba un amistoso ante Hungría en Budapest. El delantero centro, natural para el cargo, anotó tres goles en menos de 20 minutos. Luego, por esquema, fue movido a interior (era, también otro futbol). No dejaría el puesto hasta el junio de 1939, después de haberlo ganado todo. Todo.

Meazza fue un goleador nato. Con la scuadra y con el Milán, la Juve y el Atalanta. En el Mundial del 34, al que Italia llegó con 26 ganados y cuatro perdidos en tres años, fue determinante en el triunfo de desempate ante España, en Florencia. Y combinó estupendo en los tantos de Orsi y Schiavio en la final ante Checoslovaquia. Días antes de aquel juego il duce Mussolini había motivado especialmente a su equipo:

“Si los checos son correctos, nosotros también lo seremos. Pero si nos quieren ganar con prepotencia, entonces ustedes están autorizados a dar un golpe y el checo tiene que caer. Suerte y no olviden mi promesa para los ganadores: una medalla de oro y 10 mil liras de premio”. El presidente de la Federación Italiana de Futbol, el general Vaccaro, reforzó el aliento: “Es una orden de il duce, señores, y ninguna es una buena razón para no cumplirla”. Italia ganó 2-1 en el estadio del Partido Nacional Fascista de Roma. Vitorio Pozzo, el célebre técnico, se sintió aliviado. El resultado mantenía intacta la integridad de sus muchachos.

Ese año, 1934, Silvio Piola fue adquirido por la Lazio de Roma de la Primera División. Había cumplido con los siguientes requisitos impuestos por el club: hábil para anotar, eficiente en el juego de cabeza, eficaz con ambas piernas, sin miedo y preciso en el tiro. Experto en el asedio se hizo cargo de la responsabilidad. Cuando fue llamado a la Selección, ante Austria, anotó dos goles. Sería titular en la scuadra hasta 1952, cuando el mundo, Italia y el futbol ya eran otros.

La Nazionale llegó a Francia con los diplomas de campeona del mundo y campeona olímpica (Berlín 36). Entre enero de 1934 y diciembre de 1938 solamente perdió tres de los 36 partidos que jugó. Aplastó sin empacho a la Maravilla Austriaca, a Alemania, a Hungría, Francia y Yugoslavia. No pudo con Inglaterra, a la que vencería por primera vez hasta 1973, en el Delle Alpi de Turín, con tantos de Anastasi y Capello (2-0). En las bases del partido no faltó quien bromeara al proponer que en lugar de Camisas Negras se volvieran Camisas Azules. La llamaban battaglione.

Italia, la bella Italia, batalló en su primer duelo ante Noruega. Fue la genialidad de Piola la que sacó del pantano al battaglione. 2-1, casi sin méritos. Otra vez Piola: dos ante Francia (3-1). Ante Brasil, Meazza (2-1) en semifinales. El astro era la daga de Vitorio Pozzo. Y el salvoconducto para proteger, de nueva cuenta, la integridad de sus muchachos. A la víspera del 19 de junio de 1938, partido programado para el Estadio Colombes de París, los jugadores recibieron otra vez las palabras de aliento de il Duce:Signori: Vincere o Morire”. Hungría había anotado 13 goles en sus tres partidos anteriores (Antillas Holandesas, Suiza y Suecia). Con el marcador empatado a uno, Piola anotó en el 16. Colaussi, el culpable del primer gol, anotó en el 26’. 3-1 al descanso. Había vida para la vuelta.

Sarosi, un exquisito delantero, anotó el 2-3 en el minuto 70. La sombra de los Camisas Negras se paseó por la cancha. Los futbolistas tenían muy en claro como “solucionaba” Mussolini las averías que estropeaban la imagen del Partido. Fueron 12 largos, larguísimos minutos. En el 82’, Piola, el astro que fichó la Lazio en el 34, anotó el tanto definitivo. El premio, en esta ocasión, fue una semana de vacaciones en París y una línea abierta de crédito: “il Duce paga”, decían los campeones a la hora de pagar.

Era otra Italia.

En casi todos los sentidos.

La portada de La Gazzetta dello Sport del 20 de junio, hace casi 80 años, se ufanó: “La apoteosis del deporte fascista está en la victoria de la raza”.

Siete años después, el 28 de abril de 1945 (dos días antes del suicidio de Adolfo Hitler y Eva Braun; los Goebbels, quienes envenenaron a sus seis hijos, harían lo mismo el 1 de mayo) Mussolini fue ejecutado por el Comité de Liberación Nacional. Luego, su cuerpo (y el de Clara Petacci) fue exhibido en la Plaza Loreto de Milán. La muchedumbre dejó irreconocible el rostro del Caudillo, que tan eficientes maneras de aliento había mostrado para su equipo nacional...