El mundo fue Francia
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El mundo fue Francia

COMPARTIR

···

El mundo fue Francia

La otra generación del 98 representó a un mundo en el que todas las culturas estaban presentes sobre el cesped.

Mauricio Mejía
13/06/2018
La Selección de Francia ganó el Mundial de 1998.
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

Había esperanza de que Europa se entendiera como lo que es: una larga tradición, una larga costumbre de culturas. Francia recibió la fase final de la Copa del Mundo 60 años después de albergarla por primera vez. En aquel 38 el equipo local no tuvo una buena actuación: terminó en octavo lugar y quedó a la deriva en los octavos de final. Aquel conjunto francés fue de franceses. El de 1998 era de todo el mundo; solamente ocho de los integrantes de la plantilla de 23 nacieron, crecieron y se desarrollaron en Francia. El futbol asistió, después del Caso Bosman, a un acontecimiento presentido por Pierre de Freddy Baron de Coubertin: el nacionalismo quedó afuera del vestuario.

Coubertin, originalmente, se opuso a que los atletas desfilaran con los colores de sus banderas nacionales. Los Juegos Olímpicos, advirtió, no deben promover sentimientos patrióticos. Las banderas, con sus colores (los aros olímpicos llevan esos colores: azul, amarillo, verde, negro y rojo, porque todas las banderas del mundo tienen cuando menos uno de ellos), echarían a perder el espíritu olímpico, cuyo poder de unión recaía –explicaba el Baron- solamente en los atletas, los verdaderos protagonistas de las Maganas Justas.

Sin jugar a profeta, el francés intuyó el uso nacionalista de los fascismos, los totalitarismos y el capitalismo. El más grave uso del deporte como herramienta ultra fue el de 1936, en Berlín; pero, antes en el futbol, Mussolini se hizo de la legitimidad de la pelota para promover la superioridad italiana (Italia hoy pasa por una regresión preocupante contra los migrantes) en el Mundial del 34. Estados Unidos y la Unión Soviética dirimieron sus diferencias durante la Guerra Fría en las pistas deportivas. Lo mismo sucedería con las Alemanias, la Federal y la Democrática; con Cuba, China y Corea del Norte.

En 1995, un proceso jurídico revolucionó al deporte, sobre todo al futbol: el caso Bosman. Jean-Marc, después de un pleito laboral entre su club, el Lieja, y el Dunkerque, de Francia, que lo contrataría por un año, presentó una denuncia ante la Federación de Futbol de Bélgica y ante la Unión Europea de Futbol, por irregularidades en el traspaso profesional que le había marginado de ambos equipos. En el buró del deporte no tomaron en cuenta la queja del defensa, quien tuvo que apelar a la Unión Europea y sus estatutos de la ronda de Roma de 1957. Bosman se defendió no como futbolista, sino como trabajador de la Unión Europea. Alegó, además, la libre circulación de trabajadores para los países miembros de la UE.

El caso, atendido con toda seriedad, llegó al Tribunal de la Justicia de la Unión, con sede en Luxemburgo, el cual falló en favor de Bosman. Eliminó además el concepto de “extranjero” para los profesionales de la pelota para países miembros del Acuerdo. La trascendencia del caso Bosman provocaría una avalancha de fichajes legales en la que los clubes podrían llenar sus alineaciones sin jugadores locales: el Barcelona dejó de ser catalán; el United, de Manchester, y la Juve, de Turín. Los equipos, convertidos en Sociedades Anónimas, estaban en libertad de fichar a militantes de la UE. Solamente, el Athletic de Bilbao se empeña en saltar a la cancha con puros futbolistas vascos. Fueron los ingleses los primeros en llenar el vestuario sin ingleses de origen. La integración, insospechada en 1938, se produjo de manera acelerada.

La Selección francesa campeona del 98 incluía a migrantes o hijos de migrantes con pasaporte francés. Aquel 11 fue una sucursal de las Naciones Unidas: Lizarazu, vasco; Vieira, senegalés; Djorkaeff, armenio; Desailly, ghanés; Zidane, argelino; Pirés, portugués; Henry, antillano; Thuram, guadalupano y, por citar, Karembeu, de Nueva Caledonia.

El 12 de julio de 1998, en la misma Francia de la Revolución, de la Fraternidad, de la Igualdad, de la Libertad, en la misma Francia de los Derechos del Hombre, de la Enciclopedia, en la misma Francia de Voltaire, de Rousseau, de Montesquieu, de Hugo, de Dumas, de Stendhal, en la misma Francia de la República, el equipo del Gallo venció 3-0 a Brasil en la final del Mundial. Hace 20 años del acontecimiento. Hoy, peligrosamente, Europa sufre el levantamiento de los nacionalismos y el Brexit ha sacado a Inglaterra del tratado de la Unión que promovió el primer ministro británico Wiston Churchill después de la Guerra.

Coubertin despertó en otro sueño.