El futbol es un pájaro raro
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El futbol es un pájaro raro

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El futbol es un pájaro raro

Hace 60 años, en Suecia, debutó Pelé ante la Unión Soviética. En aquel cuadro brasileño militó un enorme de las canchas: Garrincha.

Mauricio Mejía
08/06/2018
Garrincha y Pelé dieron vida a una de las más espectaculares ofensivas de la historia del certamen.
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Entonces Rusia era soviética.

Pero ya no estalinista.

La Utopía era un gol, un túnel en medio de los pies del materialismo dialéctico.

La pelota, un pase al margen del Objetivo Histórico.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas debutó en el calendario olímpico en Helsinki 52, con ganas de recomponer el rumbo de los hechos: 22 oros y 71 preseas totales, sólo abajo del rival capitalista: Estados Unidos. Cuatro años después, en Melbourne, por fin, obtuvo la supremacía global: 37 oros en contra de los 32 americanos. La Revolución, el futuro, funcionaba: la maquinaria, el Partido, cumplía con los intereses del pueblo. Había dos canchas, la de allá y la de acá, en la Guerra Fría.

En Suecia 58, hace 60 años, 8 de junio, la URSS jugó su primer partido de futbol en la fase final de la Copa del Mundo de la pelota de paga. Fue ante Inglaterra –risas de la historia–, en donde Marx escribió El Capital, con un empate a dos. Veinticinco años antes, también octubre (15 años después de la Revolución que llevó a los bolcheviques al dominio de los soviets), nació, en Brasil, Manoel Dos Francisco, al que la mitología conoce con el familiar nombre de Garrincha, el mejor futbolista del tiempo, aunque el sospechoso título lo arrebatara una figura de 17 años que debutó en ese Mundial, justo ante la URSS, el 15 de junio en Gotemburgo: Edson Arantes Do Nascimento, Pelé.

Garrincha y Pelé dieron vida a una de las más espectaculares ofensivas de la historia del certamen: los acompañaban, Didí, Vavá y Zagallo. La nomenclatura tenía como oposición a uno de los mejores guardametas de la enciclopedia: Lev Yashin, la Araña Negra. Cincuenta mil 928 espectadores vieron aquella tarde cómo cambiaba el curso de la historia, la verdadera Revolución del futbol se producía sin aspavientos, sin ideologías. Brasil, quizá el mejor, recompuso el relato de los hechos. Venció 2-0 a la URSS, antes empató con Inglaterra (0-0) y aplastó a Austria (3-0).

Garrincha fue el séptimo hijo de un velador. La pobreza le hizo perder el juego de la vida desde el primer día. El segundo gol en contra llegó poco después: cuando se dio cuenta que tenía una malformación física en una pierna. La desgracia y la prueba de resistencia suelen venir acompañadas. Mané se impuso a la goleada inicial de la existencia. El apodo de Garrincha se debe a un pájaro raro de escasa belleza. Algo tiene de encantador el futbol: no se reserva el derecho de admisión. El Vasco da Gama, el América y el Fluminense voltearon a otro lado cuando se presentó el malformado muchacho a la prueba para las fuerzas básicas. Debutó e hizo grandes a los colores del Botafogo, que llegó a jugar en México.

Fue Suecia, la futura finalista, la que despachó al equipo rojo. Cuartos de final, 19 de junio, en la capital Estocolmo, con goles de Hamrin y Simonsson. Los suecos terminarían por hacer pedazos al Milagro de Berna al despachar 3-1 a los alemanes, que comandaba un último Rahn, un exquisito jugador de la Maquinaria. Brasil sufrió con Gales y fue la gracia de Pelé la que sacó adelante a la verdeamarella. En las semifinales tres goles del nuevo astro sirvieron para la masacre brasileña sobre Francia (5-3; Didí y Vavá terminaron el drama).

En la final, 29 de junio, Estocolmo, se terminó el sueño sueco. La avalancha sudamericana fue imparable. Garrincha dio uno de sus mejores partidos: avaló la grandeza de Vavá (2), de Pelé (2) y de Zagallo. El 5-2 dejó en claro que el gol era el verdadero Objetivo Histórico de este deporte: en dos partidos Brasil anotó 10 goles y se coronó por primera vez. Cuatro años después, en Chile, Garrincha fue el conductor del bicampeonato ante una de las mejores versiones del futbol del Este: Checoslovaquia.

En 1983, cuando en el Kremlin soplaban ya los aires de la Glasnost y la Perestroika, cuando se preparaba la reestructuración del Partido Comunista Soviético (Gorbachov asumió la secretaría general en 1985), en 1983, víctima del olvido, del alcoholismo y la depresión, el pájaro raro falleció sin nadie al lado. Siete años después, la CCCP se convirtió en un estropajo de la Revolución, en souvenir de los Mundiales. Nunca volvió a ser usada esa camiseta del lado de allá...