El futbol
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El futbol

Podría decirse, sin blasfemia, que hay una era A. F. (Antes del futbol) y otra D. F. (Después del futbol).

Mauricio Mejía
14/06/2018

¿Qué era el mundo antes de que la pelota rodara por la hierba? ¿Cómo eran los domingos en la Magna Grecia, que hacía de los ejercicios Magnas Justas? ¿De qué hablaba la Roma Imperial los lunes por la mañana? ¿Los señores feudales, amos de su tierra, sentían los colores de Sajonia, Tarragona o Burdeos? ¿Y los artistas renacentistas o los últimos del medioevo qué forma del mundo imaginaban? ¿En qué ocupaban el ocio los absolutistas, los parlamentarios y los industriales? ¿Pensaron, los que redactaron la Independencia, los derechos del Hombre y los que imaginaron la Revolución del 48 y sus secuencias que la Humanidad se convertiría en convivios de once, de muchos once? ¿Qué era, pues, el mundo antes que la pelota entrara por el arco?

Norbert Elias y Eric Dunning, en Deporte y ocio en el proceso de civilización, y José Ortega y Gasset, en El origen deportivo del Estado, regalan maravillosas respuestas. Podría decirse, sin blasfemia, que hay una era A. F. (Antes del futbol) y otra D. F. (Después del futbol). La idea del mundo, desde el descubrimiento de América, fue redonda. El planeta era una pelota. Hubo milenarias relaciones entre el pie y el globo. Inglaterra, en la era de los sexantes (el juego dura 45 minutos y quince de descanso y luego 45 minutos) al football: la bola que el pie patea. La dulce vieja viajó. Y dejó amantes en cada puerto. Era sencilla, entendible y pegajosa, como la palabra. De pronto, todo era, en efecto, una rueda, la Rueda. Rondalla. Romance.

El nuevo artefacto, cuyo centro equidista del entorno, llenó vecindades, barrios, aldeas, ciudades, países y continentes. El barquito circular se metió al alma, a la entraña, al corazón, a la sicología, al temperamento, al cerebro, de hombres y mujeres. Batió las fronteras, las ideologías, las razas, las inclinaciones sexuales y las imperfecciones físicas. De pronto, como ideó Platón, la figura divina era redonda. El pasaje evangélico del pan y los peces fue real. Desde hoy el teatro de la Humanidad persigue las imposibles hazañas de la obesa caballera de la cancha. El futbol vino a maquillar el mundo. Fue lo único en lo que no pensaron los griegos. Y modernos, dice Borges, los griegos.