Circuitos sin pilotos
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Circuitos sin pilotos

El capital del continente asiático apuesta por grandes premios sin arriesgar en la formación de talentos.

Alain Arenas
13/04/2018
Actualización 30/11/-1 - 0:00
Fórmula Uno

El continente asiático cuenta con los últimos tres autódromos construidos para albergar Grandes Premios de la Fórmula 1: el de Bahréin, que costó 150 millones de dólares en 2004; el de Shanghái, de 300 mdd, también en 2004, y el de Yas Marina, de 1,322 mdd en 2009. Su edificación permitió que Asia se colocara como el segundo continente con más carreras en la presente temporada (Bahréin, China, Singapur, Japón y Abu Dhabi) –sólo por debajo de Europa, que tiene 11-. Sin embargo, su inversión contrasta con el poco desarrollo de sus pilotos. Para esta temporada no hay ninguno en la parrilla de salida.

“La prioridad de estas naciones son las ganancias mediante la venta de entradas e impulsar el turismo con la realización de estas carreras”, sostiene Ismene Ithai Bras, académica especialista de Medio Oriente del Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM. “Estos países cuentan con el capital, los patrocinadores y, en algunos casos como China, con las automotrices para impulsar a sus pilotos a la F1. Es extraño que aún no lo hayan logrado”.

Diego Mejía, quien entre 2015 y 2017 cubrió los Grand Prix de Bahréin, China, Singapur, Japón y Abu Dhabi para el canal de la Fórmula 1 en Latinoamérica, sostiene que la ausencia de pilotos asiáticos se debe a un factor fundamental: salvo Japón, no cuentan con un desarrollo en el automovilismo que tenga décadas de antigüedad. Para lo anterior –menciona- se necesita de años para crear una infraestructura y seriales. “Pero eso no significa que no haya prospectos en camino”, dice.

Los campeonatos como la Fórmula 2 y la Fórmula Renault -que sirven como semilleros para las escuderías de la máxima categoría del automovilismo- cuentan con varios pilotos asiáticos. Por ejemplo, en la Fórmula 2 se encuentran el indonesio Sean Gelael, el tailandés Alexander Albon, el indio Arjun Maini y los japoneses Nirei Fukuzumi y Tadasuke Makino, mientras que en la Fórmula Renault compiten el chino Ye Yifei y el malasio Najiy Razak.

Los pilotos japoneses son los asiáticos que más presencia han tenido en la Fórmula Uno. Ha habido 15 en total y el más exitoso fue Kamui Kobayashi, quien participó en 76 Grandes Premios, subió en una ocasión al podio (tercero en Japón, en 2012) y consiguió 125 puntos en cinco temporadas. Su última carrera fue el Gran Premio de Abu Dhabi en 2014 y, coincidentemente, la última ocasión en que un japonés participó en una carrera en la máxima categoría del automovilismo.

Mejía considera que no existe una crisis en el automovilismo japonés y señala que los pilotos jóvenes de otras nacionalidades, como el holandés Max Verstappen, el canadiense Lance Stroll y los franceses Pierre Gasly y Esteban Ocon tenían mejores condiciones que ellos. “Además, en la Fórmula Uno no es suficiente tener el talento, también es muy importante qué marcas te patrocinen”, opina.

El último asiático que corrió en el serial fue el malasio Rio Haryanto en la temporada de 2016, con Manor. Tuvo un paso fugaz. Solo disputó las primeras 12 fechas del campeonato en el que su mejor resultado fue el puesto 15 en el Gran Premio de Mónaco. Para la décimo tercera fecha, la escudería británica lo sustituyó por Ocon, quien tuvo un mejor desempeño el resto de la campaña. Terminó en el sitio 12 y 13 en Brasil y Abu Dhabi, respectivamente.

Bras cree que comercial y deportivamente sería perfecto para las naciones asiáticas, no solo para las que albergan un Gran Premio, contar con pilotos en la Fórmula Uno. Dice que les ayudaría a que las empresas nacionales invirtieran fondos en sus seriales y que paulatinamente desarrollen a más pilotos.

“Las naciones de Medio Oriente, como Emiratos Árabes Unidos o Bahréin, apuestan a que su principal fuente de ingresos en un futuro sea el turismo y no el petróleo, como lo es ahora. Esos Grandes Premios lo están logrando paulatinamente. Un piloto árabe, por su parte, crearía una imagen exitosa de esos países a Occidente”, agrega la académica.