'Yanga', una reflexión sobre la esclavitud
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'Yanga', una reflexión sobre la esclavitud

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'Yanga', una reflexión sobre la esclavitud

En 'Yanga', una historial real ocurrida en el México colonial, el dramaturgo Jaime Chabaud cuenta una historia que invita a reflexionar sobre la esclavitud.

Rosario Reyes
11/05/2018
'Yanga' es una obra de teatro que reflexiona sobre los aspectos de la esclavitud.
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La vida de Gaspar Yanga, un negro cimarrón que hacia finales de los años 1500 y las primeras dos décadas de 1600 se sublevó hasta conseguir que el pueblo conocido como San Lorenzo de los Negros (llamado desde 1931 Yanga), fuera declarado el primer territorio libre de América, inspiró al dramaturgo Jaime Chabaud para contar una historia que invita a reflexionar sobre la esclavitud, no solo en la época colonial, sino en los tiempos actuales.

Yanga fue descendiente de la realeza africana y llegó a América como esclavo. Puso en jaque al régimen por los constantes asaltos a las diligencias y caravanas que llevaban productos y oro del puerto de Veracruz a Puebla y la Ciudad de México, o viceversa y se rebeló contra sus amos en los ingenios azucareros. Su acérrimo enemigo, Pedro González de Herrera, un hacendado que fue amante de Santiaga, la mujer de Yanga, lo persiguió hasta desatar una tragedia.

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“Hay un aspecto negado de la historia de México, que es la negritud”, dice el dramaturgo, quien este 10 de mayo estrenó en la Sala Xavier Villaurrutia la puesta en la que actúan Jesús Delgado, Marisol Castillo, Diego Garza, Jorge de los Reyes, Esteban Caicedo y Fabrina Melón, bajo la dirección de Alicia Martínez.

La esclavitud sigue vigente, advierte Chabaud. “Somos esclavos de los grandes capitales, de los poderes fácticos, de la tecnología; vivimos endeudados, viviendo para trabajar, sin disfrutar la vida, sin estar con los seres que amamos, sin darle tiempo de calidad a los hijos. Estamos en otras esclavitudes y no somos concientes de ello, nos hemos vuelto cosas, tanto, como los esclavos negros de aquella época a quienes se trataba igual que un machete o un caballo, finalmente somos propiedad, nuestra vida está hipotecada. La reflexión va por ahí, no solo es contar una historia bonita del siglo XVII y eso por no mencionar las otras esclavitudes tácitas como la sexual”.

El dramaturgo comparte que, como hay muy pocos datos históricos del personaje, ese misterio fue beneficioso para la obra. “Aunque existiera una historiografía precisa, lo que me interesa es la ficción; evidentemente lo real del personaje sirve. Pudo haber sido un joven o un anciano decrépito, los historiadores no se ponen de acuerdo, así que tuve el campo libre para escribir una historia poderosa, que tiene que ver con el amor, con la paternidad, el orgullo de raza”.