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Como escritor, editor y divulgador de la pelota, Juan Villoro ha generado una especie de cofradía; un club atlético con más hinchas que su amado Necaxa.

Mauricio Mejía
21/06/2018
Juan Villoro
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RUSIA 2018

Es mucho lo que las letras del futbol mexicano deben a Juan. Motivó que la cancha de la narrativa se abriera en muchos sentidos. Ahora, paradójicamente, el futbol es un campo de culto. Antes de que Villoro se pusiera, sin pudor alguno, los pantalones cortos era impropio pedir un libro de literatura deportiva en las librerías. Fueron contados, y bien importantes, los calentamientos que algunos escritores, como Fernando del Paso sobre el Mundial de España para la revista Proceso, realizaron para quitarle la cara de fuchi al “juego del hombre”, como lo calificó Ángel Fernández, uno de los máximos ídolos de Juan en la crónica televisiva. Fernández fue único: capaz de hacer de un partido cualquiera una odisea homérica.

Cuando Villoro llega a la Feria Internacional de Libro de Guadalajara tarda 90 minutos y el descuento en llegar al salón en el que presentará libros o dará una entrevista exclusiva. Sus seguidores le piden firmas, opiniones y selfies. Él astro, de una generosidad a lo Messi, se detiene sin queja alguna. Ese cariño ha sido bien ganado por el autor de Los once de la tribu. Como escritor, editor y divulgador de la pelota ha generado una especie de cofradía; un club atlético con más hinchas que su amado Necaxa. Villoro es eso: un club.

El 10 de las letras –hábil con las dos piernas en todas la praderas de la literatura, ensayo, novela, teatro, relatos, periodismo y libros para niños y jóvenes- sabe qué camiseta porta. No niega entrevistas cuando de futbol se trata. Atiende a reporteros de todas las divisiones del oficio, siempre cordial y con esa prosa hablada con puntos y comas. Tiene la rara peculiaridad de escribir hablando. Pero hay otra razón por la que Juan Villoro es el jugador más valioso de ese universo que otros llaman biblioteca (Borges, dixit): trajo a la alineación a Nabokov, a Camus, a Chandler, a Perec, a Marías, a Vila-Matas, a Mann y a una larga lista de figuras desconocidas inicialmente por los aficionados a la narración del juego más lindo. De pronto, gracias a Juan, se podía escribir de futbol con toda seriedad y con todo desparpajo. De pronto, la pelota dejó de dar vergüenza.

El líbero liberó y lideró el cambio de juego: Beckenbauer usa barba fuera del campo.