Una pregunta para los presidenciables: ¿Dónde quedó la cultura?
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Una pregunta para los presidenciables: ¿Dónde quedó la cultura?

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Una pregunta para los presidenciables: ¿Dónde quedó la cultura?

Los candidatos Meade, Anaya y AMLO ven a la cultura como un asunto ornamental y no como un eje de desarrollo, pese a que aporta el 3.3% del PIB: expertos.

Rosario Reyes
09/04/2018
Actualización 09/04/2018 - 9:11
Aunque los tres candidatos tienen propuestas para la cultura, los expertos indican que se necesita una verdadera reforma cultural en el país.

El relevo presidencial es una oportunidad para echar a andar una reforma cultural que, a juicio de expertos entrevistados por El Financiero, es inminente.

De acuerdo con el especialista en gestión cultural Eduardo Cruz Vázquez, uno de los pendientes principales está en la Miscelánea fiscal. “Se tiene que revisar el esquema bajo el cual funcionan las sociedades civiles, para encontrar mejores garantías para la recaudación de donativos e inversión privada; en el sector empresarial hay que modificar la Ley de Establecimientos Mercantiles, tipificar que existen empresas culturales, actualmente apenas nombradas en un artículo”, dice el también periodista y coordinador del libro ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024, de reciente aparición.

Reconocer el binomio economía-cultura y la importancia de sus aportaciones a nivel nacional es una de las principales propuestas de los autores. “La manera en que hacemos negocios, en que gobernamos o somos gobernados es un asunto cultural. La política y la economía forman parte de la cultura y no al revés”, escribe Alberto Ruy Sánchez en su texto dedicado a la diplomacia cultural.

El panorama no es alentador: en las plataformas de las coaliciones de los tres candidatos principales el sector cultural apenas se menciona.

Todos por México (PRI, Verde y Nueva Alianza) hace referencia al sector en un apartado de política exterior enfocado en la imagen de “un México abierto al mundo” y en otro llamado “Apuesta por la juventud”, pero su candidato, José Antonio Meade, no se ha pronunciado respecto a su política cultural.

La coalición Por México al frente (Acción Nacional, PRD y Movimiento Ciudadano) propone establecer una política cultural de Estado, el estímulo a la producción y consumo de bienes culturales, el reforzamiento de la identidad cultural y la proyección de la producción cultural de México en el mundo, pero no especifica con qué acciones. Su candidato, Ricardo Anaya, tampoco ha hecho referencia a la cultura.

La coalición Juntos Haremos Historia (Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social), que cuenta con el apoyo de una parte de la intelectualidad mexicana -los escritores Paco Ignacio Taibo II y Elena Poniatowska, o la cantante Susana Harp, entre otros-, propone destinar a la infraestructura cultural al menos 50 por ciento del presupuesto otorgado por la Cámara baja, pues considera a la cultura como “una poderosa herramienta de cohesión y desarrollo humano”. En diciembre, cuando anunció su gabinete, el candidato Andrés Manuel López Obrador dijo que la secretaria de Cultura de su gobierno sería la promotora Alejandra Frausto.

“Los candidatos no ven a la cultura como un eje de desarrollo, pareciera que sigue siendo un asunto ornamental”, dice Francisco Moreno, editor del libro publicado bajo el sello Editarte, y en el que colaboran 39 autores, entre ellos Néstor García Canclini, Eduardo Nivón, Eduardo Matos, Edgardo Bermejo, Alberto Ruy Sánchez, Horacio Franco y Liliana López Borbón. “Es un error dejar fuera este sector. Según la última publicación de la Cuenta Satélite de Cultura del INEGI, esta aporta el 3.3 por ciento al PIB, cuando la Unesco recomienda un 2 por ciento”, agrega.

Cruz Vázquez asegura que la reforma cultural no representa mayor esfuerzo que la voluntad política. “Por primera vez en la historia iniciaremos una administración con una Secretaría de Cultura y la Ley de Planeación ordena que las secretarías tienen que realizar su plan sectorial, que irá terminando hacia junio o julio de 2019. La apuesta es introducir el concepto de la reforma cultural y lograr que se consideren algunas de nuestras propuestas. El libro no se agota en las campañas, nos reciban o no. Tampoco en el proceso de transición, sino hasta que queden los planes que se supone marcan el rumbo del nuevo gobierno”.

Horacio Franco, quien en 2016 fue miembro de las Asamblea Constituyente capitalina, advierte que a pesar de que se instauró la Secretaría de Cultura bajo la administración de Enrique Peña Nieto, el sector cultural sigue rezagado. “Los estadistas se acabaron con Fox y, sin embargo, el mismo Calderón invirtió en cultura, pero Peña Nieto no la consideró prioritaria, lo vi como constituyente: no hubo una Comisión de Cultura. ¡A mí me mandaron a la Comisión de Buen Gobierno y Derechos Indígenas! En ningún lugar se mencionaba la palabra arte, fue muy triste constatar que a los políticos no les interesa la cultura”.

Los autores del libro coinciden en la importancia de lograr consensos para echar a andar la reforma cultural que el país necesita. “Son acciones concretas para cambiarle la realidad a las instituciones, a la sociedad civil que quiere trabajar desde el compromiso social, y a los empresarios que quieren producir cine o abrir una galería”, dice Cruz Vázquez.

Parte medular de la propuesta es establecer una sinergia que integre el sector cultural a otras áreas productivas, explica Moreno. “La Secreataría de Desarrollo, la de Hacienda, la de Relaciones Exteriores y la de Economía impulsan de manera muy limitada la creación de empresas, es importante que haya un hilo conductor, una coordinación y estrategia de trabajo articulada”.