'Sunka Raku', una metáfora de la vida
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'Sunka Raku', una metáfora de la vida

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'Sunka Raku', una metáfora de la vida

Roberto Behar, el solitario maestro que enseña el arte de la ceremonia del té, narra su historia en el documental 'Sunka Raku', de Hari Sama.

Al indagar en la historia del maestro, la película se convirtió en una metáfora de su vida, asegura el cineasta.

Rosario Reyes
21/05/2018
Actualización 21/05/2018 - 19:34
Hari Sama dirige el documental sobre Roberto Behar.

Roberto Behar ha dedicado más de cuarenta años de su vida a construir un jardín japonés en el Ajusco. El solitario maestro que enseña el arte de la ceremonia del té, narra su historia en primera en persona en el documental Sunka Raku, de Hari Sama, estrenado el pasado viernes.

“La película tiene muchos matices. La vida de Roberto ha sido muy complicada. Él quedó al cuidado de la madre y las hermanas de Frida Kahlo; la misma Frida estuvo a cargo del pequeño, cuyo padre llegó a México en las circunstancias más increíbles desde Egipto”, comparte Sama en entrevista.

El vínculo con el maestro comenzó cuando el cineasta estaba en busca de ayuda para aliviar el dolor por la trágica pérdida de su hija. Conoció detalles de la ceremonia del té y cuando su convivencia trascendió el aprendizaje de la ancestral técnica japonesa, descubrió a un hombre con una historia para contar.

En este lugar hay más de un millón de nudos, pues la construcción no tiene clavos. El mismo Behar con la ayuda de tres trabajadores, levantó todo con técnicas antiguas japonesas y materiales llevados de todo el país, por ejemplo, madera de las cocinas de labriegos en casas abandonadas del siglo XVII. Ahí, está el único vergel de la zona.

“Roberto quería que las casas tuvieran dos o tres generaciones de vida, lo cual era imposible. Cuando entendí el proceso de construcción tan puntilloso y obsesivo, la gran pregunta era ¿por qué lo hizo así?”, comparte el director.

Al indagar en la historia del maestro, la película se convirtió en una metáfora de su vida. “A todos nos tocan experiencias dolorosas y cada quien las enfrenta de acuerdo a su capacidad. Pero es posible transfigurar el dolor, como lo demuestra Roberto con una vida excéntrica si quieres, pero permeada por la belleza. Un hombre atormentado, con un DNA medieval, que toca el clavecín y dedicó gran parte de su vida a crear ese espacio, que fue su forma de traducir la belleza a la cotidianidad”.