¿Robar arte es tan sencillo como parece?
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¿Robar arte es tan sencillo como parece?

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¿Robar arte es tan sencillo como parece?

Los ladrones de piezas de arte plástico por lo regular son sigilosos y cuidan mucho cada detalle. Sin embargo, el verdadero trabajo está en tener ganancias.

Bloomberg Por James Tarmy
26/06/2018
Las piezas de Banksy también han sido víctimas del robo de arte.
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Hace 10 días, fue robado un grabado de Banksy valorado en aproximadamente 40 mil dólares de una exhibición de las obras del artista en Canadá.

Fue un crimen aparentemente sin esfuerzo, un hombre entró, sacó la obra de la pared y se fue, pero la mayoría de los delitos de arte lo son. El trabajo pesado viene después.

"La principal regla es que no es tan difícil robar arte, incluso de los museos, pero es casi imposible traducir ese arte en efectivo", dice Noah Charney, erudito y autor que ha publicado varios libros sobre el robo de obras de arte.

Las pinturas se pueden cortar rápidamente para sacarlas de los marcos, y las pequeñas esculturas se pueden guardar en bolsas, incluso las joyas se pueden esconder, pero encontrar un comprador para su obra de arte o diamantes a menudo es imposible.

"Los delincuentes no entienden eso, porque su conocimiento de los crímenes de arte se basa en la ficción y el cine", dice Charney.

Hay excepciones, por supuesto, como un famoso robo de marzo de 2017 cuando cuatro hombres de una familia delictual árabe-kurda en Alemania irrumpieron en el Museo Bode, en Berlín, y robaron una moneda de oro de aproximadamente 100 kilogramos fabricada por la Casa Real de la Moneda de Canadá.

Mediante el uso de pruebas de ADN, la policía alemana logró capturar y arrestar a los hombres en menos de cuatro meses (uno de ellos había trabajado como guardia de seguridad en el museo), pero la moneda ya no existía.

El robo fue célebre, no sólo porque los perpetradores fueron atrapados –una rareza en sí misma– sino porque supuestamente lograron vender lo que robaron por una importante suma de dinero.

Si los ladrones de arte supieran lo difícil que es vender el arte que han robado, dice Charney, casi con certeza habría muchos menos robos de esta clase.

"Nos cuesta mucho atrapar a los ladrones de arte", afirma Charney. "Tenemos una tasa de recuperación y enjuiciamiento muy baja: en aproximadamente el 1.5 por ciento de los casos de robo de arte, las obras son recuperadas y el criminal, procesado".

Entonces, si un ladrón tiene un comprador esperando su oportunidad, o simplemente quiere una pintura o un objeto de arte para sí mismo, hay muchas posibilidades de que se salga con la suya.

Agrega a eso el prestigio de ser un ladrón de arte ("el arte siempre ha sido asociado con la élite social, por lo que es algo aspiracional", detalla Charney), y el robo de arte parece ser un buen negocio.

Si no tienes un comprador antes de robar la obra, está en problemas.

"La gente supone que encontrarán coleccionistas de arte robado", afirma Charney, "cuando, de hecho, tenemos muy pocos ejemplos históricos, tal vez entre una docena y 20 que calzan con eso".

Ten en cuenta que muchos cientos de objetos de arte son robados todos los años. Esos, huelga decirlo, tienen malas probabilidades.

"Cuando las personas no encuentran a esos compradores criminales, terminan ofreciendo las cosas robadas a personas que lucen como los delincuentes que esperan encontrar", comentó Charney. "Y esas personas siempre terminan siendo policías encubiertos".

En otras palabras, las personas a menudo roban arte pensando que pueden venderlo, pero se dan cuenta de que no es tan fácil (si lo fuera, todos los que quisieran ser marchantes legítimos serían ricos) y terminan haciendo un esfuerzo de marketing sencillo pero obviamente indiscreto por intentar vender el arte, y son atrapados.

Incluso si los delincuentes no están lo suficientemente desesperados como para comenzar a vender sus artículos a extraños, una vez que descubren que no hay un gran grupo de personas turbias dispuestas a gastar "lo que sea necesario" por una pintura mediocre, recurren a un plan B: "El plan de respaldo es devolverlo a la víctima o a la compañía de seguros pidiendo un rescate", menciona Charney.

Pero dado que esta táctica es un claro signo de desesperación, la víctima/compañía de seguros se encuentra en una posición para negociar casi irrefutable, lo que resulta, al menos históricamente, en que el rescate se reporta a la policía y se atrapa al criminal.

"Realmente no hay Plan B", asegura Charney. "A menos que sea oro".

Y eso nos lleva a la única solución real para los ladrones: robar algo que pueda convertirse en otra cosa, como la moneda de oro en Berlín. Charney menciona el robo de 2004 de una escultura de bronce de Henry Moore, valorada en alrededor de 3.98 millones de dólares.

La escultura pesaba alrededor de dos toneladas, "y casi con seguridad fue cortada y fundida, para luego convertirla en rodamientos de bolas", declaró Charney.

La policía de Hertfordshire determinó que se cortó la noche del atraco, se trasladó a través de varios comerciantes de chatarra y se envió al exterior. La materia prima valía sólo unas mil 500 libras.

En el caso del robo de moneda de Berlín, los ladrones estaban en una posición similar con un bien mucho más valioso que el bronce. La policía sospecha que el grupo fundió la moneda y vendió el oro por cientos de miles de dólares.

"Por supuesto, eso es una fracción del valor cultural de la obra intacta", destacó Charney. "Prácticamente nunca ha habido un delincuente que conozca sobre arte o que le importe".