'Réquiem' de Mozart, una obra que nos cautiva desde el 'más allá'
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'Réquiem' de Mozart, una obra que nos cautiva desde el 'más allá'

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'Réquiem' de Mozart, una obra que nos cautiva desde el 'más allá'

Esta escenificación espectacular del Réquiem se presentó en el Auditorio Nacional.

Redacción Rocío Román/ Enviado
08/11/2018
Carlos Miguel Prieto dirigó a la Orquesta Sinfónica Nacional.
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Mozart fue enterrado en una fosa común. Dejó su Réquiem inconcluso y pensando que el verdadero ente que le había encargado la composición era en realidad una voz que le anunciaba su propia muerte.

Enunciar el Réquiem en Re Menor (KV 626) de Wolfgang Amadeus Mozart es aproximarse en vida ante el 'más allá’ de una manera única, sombría y fascinante.

Una obra que adentra al espectador en una atmósfera lúgubre y plagada de enigmas, corría el riesgo de desmoronarse en cualquier momento y rayar en el desatino si su escenificación fallaba.

El público que asistió la noche del miércoles 7 de noviembre al Auditorio Nacional, para el estreno de Réquiem de Mozart. Espectáculo Monumental, esperaba adentrarse en ese mundo al atenuarse las luces. Aunque, primero tuvieron que prepararse para poder entrar a ese cosmos.

Dos piezas retumbaron en el órgano monumental, delineando la atmósfera percibida en la primera y segunda parte del espectáculo: la gracia y la ocultación.

El compositor austriaco tenía la facilidad de ser tremendamente pícaro. Claramente lo muestra Milos Forman en la película Amadeus, ganadora de 40 premios, entre ellos ocho Oscar.

“¿Que nada más Luis Miguel puede llenar el Auditorio?”, Susana Zavaleta rompió la solemnidad de lo clásico al entrar en escena y de inmediato familiarizar al espectador con arias de ópera compuestas por Mozart, haciéndolo consciente de que incluso los personajes de una obra están inspirados en lo cotidiano .

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Danza Contemporánea de Cuba, es una de las agrupaciones dancísiticas más importantes del mundo.Auditorio Nacional

Por unos instantes reinó la hilaridad sin que esto dificultara la transición emocional hacia la apreciación de una misa en latín dedicada a quienes acaban de fallecer: el Réquiem.

Los bailarines de la compañía La Danza Contemporánea de Cuba permanecían agachados e inmóviles al centro del escenario. Suavemente, comenzaron a incorporarse al compás del misticismo del "Introitus".

El "Kyrie" se transformó en agilidad, fuerza y elasticidad que brindó a los bailarines una comunión de danza y trazos melódicos. El "Tuba Mirum", cuya alma está en el sonido de la trompeta, guió a cuatro bailarines en expresiones que trasladaban a quienes los contemplaban a uno de los rincones más frágiles de su humanidad.

La iluminación también dotó de fuerza a las composiciones, con rojos fúricos que acompañaban al "Agnus Dei" y azules melancólicos que volvían más trágico al "Lacrymosa".

El Réquiem de Mozart realmente fue un encargo del conde Franz von Walsegg, quien quería hacer pasar por suya la que sería una de las más bellas composiciones de la historia.

Para quienes gustan de esta obra en particular del compositor austríaco, Cenit Espectáculos quizá tuvo un acierto al presentar el espectáculo en conjunto con la Orquesta Sinfónica Nacional y el coro EnHarmonia Vocalis, bajo la batuta del director mexicano Carlos Miguel Prieto.

El complemento de la compañía La Danza Contemporánea de Cuba hizo que el público hallara una próspera y lúgubre esencia de la música compuesta para el Réquiem; sin embargo, la intervención de Susana Zavaleta desentonó un poco con aquellos claroscuros.