Por 'Monsi', bohemios
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Por 'Monsi', bohemios

Carlos Monsiváis cumpliría hoy 80 años; las páginas de México tienen en falta su agudeza crítica, pero también su humor con que aligeraba la lectura de los acontecimientos.

Rosario Reyes Eduardo Bautista
04/05/2018
Este viernes Carlos Monsiváis cumpliría 80 años.

Un candidato apodado El Bronco, que propone mochar manos a gobernantes corruptos. Un candidato que —según su spot— no tiene manchas excepto el vitiligo. Una candidata que dice ser independiente pese a estar casada con un ex presidente de la República. Un candidato que quiere combatir la “guerra sucia” con memes. Un candidato que promete enjuiciar a Peña Nieto, pero que es investigado por la PGR por lavado de dinero.

¿Acaso esto no sería el material perfecto para una de las crónicas más inclementes de Carlos Monsiváis?

A menos de dos meses de las elecciones, expertos consultados por El Financiero aseguran que el debate político nacional carece de una visión tan punzante e irónica como la que tenía Monsi, quien hoy cumpliría 80 años de no haber sido por esa fibrosis pulmonar que le arrebató la vida el 19 de junio de 2010.

Los comentarios de Carlos Monsiváis eran como navajas que cortaban de tajo la solemnidad que tanto caracteriza a la clase política del país, tan dada a los actos oficiales y a la oquedad discursiva, observa su amigo el caricaturista Rafael Barajas El Fisgón, quien extraña “esas respuestas rápidas e inteligentes” que no eran otra cosa que “aforismos eficaces llenos de humor que servían como herramienta de supervivencia ante la burocracia y el autoritarismo”.

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Crítico de la simulación electoral y el oficialismo, el autor de Los rituales del caos fue un amplio conocedor de los resortes del sistema político: conoció a muchos poderosos, pero nunca se convirtió en intelectual orgánico ni funcionario público, señala el periodista Jenaro Villamil.

“Creo que (Monsiváis) hoy criticaría de manera muy aguda la alianza de Morena con el PES, pero no creo que hubiese restado apoyo a López Obrador. Siempre demostró su simpatía hacia él, pero mantuvo la sana distancia crítica que debe existir entre intelectual y gobernante”, comenta.

Se ha dicho que Monsiváis era “el ajonjolí de todos los moles”, porque igual hablaba de La Odisea que de La Sonora Santanera. En su biblioteca personal —que puede consultarse en la Biblioteca de México— moran las memorias de Rigo Tovar, decenas de textos bíblicos antiguos, colecciones enteras de Mark Twain y libros sobre Blue Demon. Y es que Monsi nunca fue un ratón de biblioteca destinado a los recovecos de las academias y las universidades. Fue, de hecho, el primer intelectual en escribir una crónica sobre Luis Miguel y uno de los más arduos estudiosos de la lucha libre y las aglomeraciones en el Metro.

“Carlos podía devorar a los clásicos, pero al mismo tiempo estar al día de los chismes de la farándula. Decía que todo intelectual debía tener como lectura obligada el TV Notas, puesto que no había otra manera de entender la cultura contemporánea”, recuerda el economista y experto en temas religiosos Bernardo Barranco.

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El escritor y académico de la UNAM Hugo Hiriart sostiene que la columna de Monsiváis, Por mi madre bohemios, fue esencial para abrir camino al final de “la presidencia imperial” del PRI. Había una sección, Para documentar nuestro optimismo, en la cual hacía gala de su colmillo para burlarse de los lugares comunes de la clase política, a la que hizo “papilla” mediante el sarcasmo inteligente, recuerda.

“Hoy nos hace falta ese humor tan agudo. Estamos tomando estas elecciones con una seriedad realmente repulsiva. Necesitamos, como él lo hacía a través de la ironía y el sarcasmo, aligerar el ambiente. Monsiváis tenía muchos puntos impredecibles, tenía un lado muy social y otro muy reservado. Detrás de toda solemnidad hay una estrategia de dominio”, añade.

HOMBRE DE MINORÍAS

Héctor Aguilar Camín calificó al autor de Días de guardar como un verdadero heterodoxo que se instaló precozmente en la corriente central de la cultura mexicana desde el ejercicio de su triple marginalidad: social, sexual y religiosa. Y es que, pese a su calidad de figura pública, Monsiváis fue un arduo defensor y narrador de las minorías, desde las pandillas de Ciudad Nezahualcóyotl hasta la comunidad LGBTTTI.

Monsiváis fue miembro de la cuarta generación de una familia protestante. Según reveló él mismo en una entrevista con Proceso en 1996, sufrió en carne propia la intolerancia religiosa de los años 40. Cuando era niño, muchos de sus compañeros no lo invitaban a jugar porque sus padres no admitían “pecadores” o “heréticos”. En varias ocasiones, además, fue víctima de insultos. Se desconcertaba al llegar a los hogares de sus compañeros y encontrarse con el letrero: En esta casa somos católicos y no aceptamos propaganda protestante.

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“Me formé en el más estricto protestantismo histórico, y por eso uno de mis primeros héroes fue el almirante Gaspar de Coligny, asesinado en la Noche de San Bartolomé, episodio que fue, sin duda, mi encuentro inaugural con el significado de la intolerancia”, cuenta el escritor. Y prosigue: “Mi formación genuina como protestante se la debo, en gran medida, a las percepciones externas, que situaban a las minorías religiosas en el espacio de lo ajeno, lo choteable, lo amenazante”.

Al ser víctima de la tradición católica excluyente, Monsiváis decidió estudiar y fomentar la cultura de la laicidad y, a la sombra de la bandera juarista, impulsó la separación entre la Iglesia y el Estado, señala Barranco. Sin embargo, no sólo fue defensor de las minorías religiosas: también fue feminista y luchó por los derechos de la comunidad gay. “Comprendió que sólo el Estado laico es aquel que puede defender de manera institucional el derecho a la libertad de creencias. Era un ferviente creyente de que la democracia se mide en función de la atención que brinda al desarrollo de sus minorías”.

Monsiváis siempre fue un hombre de izquierda. Formó parte del Partido Comunista Mexicano, del que fue expulsado en 1960 por apoyar la tesis de José Revueltas sobre la inexistencia histórica del partido. Así resumió el cronista su infancia en Autorretrato con gato en la Portales: “Niñez libresca, desarrollo de sentimientos de marginalidad (motivo: religión protestante), escuelas públicas con maestros cardenistas y comunistas, ingreso en la Juventud Comunista (incomprensión del marxismo que persiste hasta la fecha), lecturas obligadamente caóticas, incomprensión de toda la realidad ajena a los libros, radicalización sentimental”.

El periodista Héctor de Mauleón afirma que Monsiváis siempre creyó en la existencia de una izquierda social separada de la izquierda política, pues supo ver las bondades y los vicios de una y de otra. En tiempos en los que las fronteras entre la izquierda y la derecha están desdibujadas —ejemplo de ello, la alianza Por México al Frente—, advierte: “La mirada del ensayista podría alumbrar rutas para sortear el desgaste de la cultura política de la simulación y la tranza”.