Picasso en rosa y azul
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Picasso en rosa y azul

COMPARTIR

···

Picasso en rosa y azul

El tránsito del periodo azul al rosa, quizá sea una de las transformaciones más asombrosas en la vida del artista español.

Uno de los logros más honrosos de Picasso, de acuerdo con Norman Mailer, fue el dominio de su terror interno hasta poder usarlo como estímulo de trabajo.

Mauricio Mejía
06/04/2018
Actualización 06/04/2018 - 11:46
Placeholder block

Cuando el libro –Retrato del artista joven–salió al mercado, en 1995, Norman Mailer aseguró que era tiempo de que un genio escribiera sobre otro genio. La sentencia no ventila, en absoluto, un atrevimiento de pedantería de parte del gran escritor estadounidense. Mailer sabía lo que llevaba puesto. Y era mucho. Con la actitud más humilde se atrevió a someterse al torbellino del biografiado; la misma mansedumbre de Chesterton por Dickens o san Francisco; de Harold Bloom por Shakespeare, o de los cercanos Cortázar por Keats y Vargas Llosa por Onetti. La lista de homenajes de genios a genios es larguísima. Borges, esa biblioteca, no es más que eso: un continuo homenaje a sus grandes, a su rotonda de ilustres.

Ahora que se cumplen 45 años de la muerte del astro de Málaga, viene a cuento su tránsito del periodo azul al rosa, quizá una de las transformaciones más asombrosas en la vida de los máximos artistas de la pintura y del resto de las artes. Mailer ha sido cuidadoso en el papel del Virgilio a lo largo de la biografía, sabe que es fácil caer en la tentación de dar por real lo fantástico. Las leyendas, las narraciones extraordinarias y las mentiras rodean a Picasso desde las circunstancias de su nacimiento. El de los muchos nombres nació –dicen– muerto: no respiraba; tampoco lloraba. Si no hubiera estado allí el doctor Salvador Ruiz, su tío, puede que el niño nunca hubiera llegado a vivir. “Don Salvador –dice el libro de Mailer– se inclinó sobre el niño muerto y exhaló el humo de su puro en la nariz de Picasso, que se removió y chilló”. Puede ser. Ni antes ni después, Lázaro se levantó por culpa de un habano.

Mailer cuenta, además, el episodio de la muerte de su hermana Conchita, cuando el joven artista tenía apenas 13 años. Un acontecimiento que le perseguiría por el resto de sus días, con esa máscara terrible que el diccionario sicológico llama miedo. Mientras Conchita se debatía entre la vida y la muerte, Picasso prometió, nada menos que a Dios, que si le salvaba la vida él dejaría para siempre los pinceles y no volvería a pintar. La niña murió. El genio, ya en libertad, sintió una enorme culpa. Entonces radicó en él la idea de que tenía un poder para modificar el mundo que lo rodeaba. El libro de Mailer no tiene página inútil. Pero dos, de entre todas, son deslumbrantes: 196 y 97. Dice de Pablo:

“Uno de los logros más honrosos a lo largo de sus más de noventa años es el dominio de su terror interno hasta poder usarlo como estímulo de trabajo; ¡cómo trabajo! El trabajo era una panacea para el miedo, así que hacemos bien en entender la época azul como la empalizada levantada frente al temor. Para la pregunta: ‘¿miedo a qué?’ no hay respuesta. No podemos señalar el origen o el objeto de nuestro miedo. Sabemos únicamente que estamos asustados, nos levantamos asustados y este miedo vive con nosotros como una delicada náusea del alma”.

Placeholder block
Pablo Ruiz Picasso Fecha y lugar de nacimiento: 25 de octubre de 1881, Málaga, España Fallece: 8 de abril de 1973 (91 años) Sobre el libro: Cuenta Mailer que en 1962 firmó un contrato con Emile Capouya para escribir una biografía de Picasso. Esta primera edición española es del 97.

Poco antes de esa metamorfosis, Picasso ha conocido a Apollinaire –el poliédrico reformador del francés y de la poética francesa y del mundo– en Inglaterra. Escribe Roger Shattuck que sus versos exhalaban las perfumadas sonoridades del lenguaje. Agrega, con genialidad, Mailer: En aquellos años Picasso debió ver el color azul como una fuerza, un poder abstracto capaz de mantener a distancia las intervenciones malignas. Su paleta limitada debía protegerle frente a las invasiones a las que apenas podía dar nombre, pero que no obstante consideraba capaces de destruirle.

Una cosa quedaba en claro: según Mailer, estaba convencido de que no podía cambiar del azul al verde brillante o al rojo brillante, sin quedar escindido. Entonces... la brujería. Cuestiona el autor: ¿qué pintor no tiene alguna creencia primitiva en que la magia es una presencia en toda la obra de arte? Y responde, como reportero: un pintor imita un objeto, lo transfiere a otra existencia, inicia una línea que se convierte en una forma concreta. Al poco tiempo, el pintor es consciente de que una forma puede a menudo representar a más de un tipo de objetos. El número siete se puede ver siempre como una nariz al revés.

Lo más seguro es que la época azul representaba los temores que Picasso conoció de niño. “Encontraba la evidencia de un artista más divino que él mismo”. La certeza –la del biógrafo– es que en la depresión encontró su seguridad mental; en la tristeza estaba la fuerza acre como el humo que podía mantener a la locura malsana fuera del círculo de sus fuegos creadores”. Conchita estaba, pues, bien presente.

Picasso necesitaba, preso ya de su pasado, la libertad del futuro. Y en el epicentro del rosa está, sin duda, Apollinaire. Mailer propone averiguar ciertas similitudes entre la obra del malagueño y los versos del romano: el puente es el saltimbanqui. “La época rosa, con su aroma de misterio, ofrece un sutil estado de ánimo de miedo y anhelo, de tierna preocupación, y la sensación intensa del matiz siniestro de los silencios que se sienten en el aire de determinados atardeceres en los que no se saber si se podrá cruzar la noche...”. Picasso no cruzó el alba entre el 8 y el 9 de abril, el mes más cruel, de 1973. Pero su Paloma viaja en el tiempo disfrazada de pirata o de corsario.

Posdata: Mailer en el final de su prefacio: La vida no es tan mala cuando se puede pasar toda la vida laboral paseando la vista de un Picasso a otro.