Nassim Soleimanpour y su teatro para cuestionar la obediencia
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Nassim Soleimanpour y su teatro para cuestionar la obediencia

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Nassim Soleimanpour y su teatro para cuestionar la obediencia

El autor radicado en Berlín estrena en México Nassim, obra en la que aborda la separación de él y su madre, y explora el poder unificador del lenguaje entre fronteras.

Rosario Reyes
21/06/2018
El dramaturgo iraní se encuentra en México

Para cuando el dramaturgo iraní Nassim Soleimanpour logró que en 2013 su país le otorgara el pasaporte que le había sido negado porque él no quiso cumplir con el servicio militar, su obra Conejo blanco, conejo rojo ya estaba traducida a 15 idiomas. Su deseo de viajar por el mundo, a pesar de la imposibilidad de salir de Irán, se había cumplido.

En su dramaturgia, Soleimanpour rompe con las convenciones teatrales. No hay nada acabado, como en la vida. No hay ensayos previos.

“Si el teatro sirve para generar un nuevo pensamiento, estoy ahí; si el teatro es el mismo lugar que escribió Shakespeare, lo siento, estoy aburrido de eso”. Así explicó su búsqueda en un encuentro con la prensa española en 2016.

El autor se encuentra en México para estrenar, esta semana en el Teatro Silvia Pinal, Nassim. En esta obra explora el poder unificador del lenguaje en una época en la que el mundo se llena de muros. Se trata de un unipersonal que será interpretado por un actor diferente en cada ocasión. Ludwika Paleta, Chumel Torres, Diana Bracho y Ana Serradilla, entre otros, actuarán en la pieza por una única vez, compartiendo escenario con el propio dramaturgo, quien se vale de los actores para comunicarse con el público -que también participa en la obra.

Decir que está aburrido de Shakespeare, ¿no es un sacrilegio?

No es que esté aburrido de Shakespeare, es que si cada cuatro años los atletas superan sus marcas en los Olímpicos, ¿por qué cada año, en distintas esquinas del mundo celebramos que es el mejor escritor, y ni siquiera sabemos si era una persona o un grupo de personas? ¿No lo podemos superar? Lo que celebramos no es su inteligencia, sino nuestra estupidez: estamos diciendo que en 500 años no hemos podido escribir algo mejor.

¿Quería superar a Shakespeare con su propia versión de Hamlet?

No. La obra tiene un valor propio y eso nos obliga a enfrentar que, si lo que hice no gusta, ya no podré entrar en cierto círculo académico... Lo que quiero decir es que el próximo William Shakespeare podría estar aquí, podría ser un conductor de Uber y no lo sabremos, porque los productores están montando a Shakespeare en el teatro, pero no le dan a otro la oportunidad. Y ahí es donde empieza el problema.

Mi éxito se debe a que soy un hombre sin patria... Soy un iraní que ha sido representado en más de 30 idiomas, pero no en farsi
Nassim SoleimanpourDramaturgo

Sin embargo, usted ha tenido un éxito mundial...

Está bien, usemos esa mala palabra. Mi éxito se debe a que soy un hombre sin patria, que puede estar en cualquier lugar. Soy un iraní que ha sido representado en más de 30 idiomas, pero no en farsi (su lengua natal). Vivo en Alemania, pero casi nunca se presentan mis obras en Berlín. Cuando empiezo un nuevo proyecto, pienso en el público, en la humanidad como una generalidad, ni siquiera estoy atrapado en el tiempo, trato de volar a través de él: cuando escribo, pienso, por ejemplo, que alguien en Bombay en 2069 va a estar viendo esta obra. Esa es la única manera en la que le vamos a “ganar” a William Shakespeare.

Usted ha cambiado la forma de montar y la relación con el público, ¿los temas deben cambiar?

Podrían cambiar. Me refiero a profundizar. Es decir, una madre es una madre aquí, en Irán y dentro de 2 mil años. Por eso Hamlet es lo que es, porque la duda es la duda.

¿Cómo se ha transformado su concepto de ser extranjero?, ¿cómo se sentía en su propio país?

El mundo cambia cada segundo. Cuando ganó Donald Trump, volvimos a partir de cero, igual con el Brexit en Europa. Todo cambia cada segundo. Cada vez más, la gente es aparentemente de un lugar, pero en realidad son extranjeros por dentro.

¿En Irán la imposibilidad de viajar, implicaba no poder escribir?

Sí, pero no es que yo fuera un héroe o estuviera preso. Escribía sólo para mí. En mi país los hombres tienen que hacer el servicio militar a los 18 años y si no lo haces, no te dan tu pasaporte. Es una decisión muy común allá, cuando eres joven quieres hacer otras cosas.

¿Su negativa a hacer el servicio militar fue por razones políticas?

Todo es político. Pero no soy un activista directamente, prefiero cavar más profundo. No es que demerite a los activistas, lo que hacen es excepcional. En cada guerra hay guerreros valientes y en cada partido de futbol, jugadores geniales, pero también hay filósofos del futbol, entrenadores, equipos médicos y ninguno de ellos son buenos ni malos, eso tiene que ver con el talento. Si me pegan en la cara, confieso lo que sea, confesaría que maté a Kennedy. Pero si tengo 40 páginas y 40 años, puedo escribir algo que te haga llorar tanto que al final confesarías que tú asesinaste a Kennedy.

¿Su deseo era viajar usted mismo, o que su obra lo hiciera?

Mi deseo era conectar. Cuestionar nuestras fronteras de la obediencia para cambiar los paradigmas. Para respirar...

¿Qué le motivó: la necesidad de experimentar con el lenguaje teatral o desafiar la política?

El teatro en sí mismo es político. La palabra autor y autoridad vienen del mismo lugar. El hecho de que yo pida que haya un chango en el escenario me da el poder; que todos los actores estén entrenados, esperando a que uno llegue es un acto político, y cuando el público entra al teatro, entra a nuestro castillo. Tenemos nuestro propio César y hay una iluminación con la cual les disparamos, en lugar de armas. Pero tenemos una buena intención. El cambiar la situación dentro del teatro, por ejemplo, que el público sepa más que el actor, es un acto político; ahí es donde me convierto en un activista a mi manera.

En Nassim habla de su familia, de su lengua madre. Y hace un ejercicio de integración al incluir diálogos en farsi. ¿Es una declaración contra las fronteras?

Le cuento a la gente de a pie lo que sucedió en la separación de dos personas (él y su madre), no al académico que conoce a Shakespeare y a Chéjov. Y si le resuena, algo hice bien. La política no está en un tipo trajeado que emplea a gente como yo para que le haga sus discursos. Está en el técnico del teatro que ayer me enseñó fotos en su celular de cuando se fue de mojado a Estados Unidos... Si logro representar lo que él dice y su esposa está aplaudiendo en la función, entonces puedo dormir en paz.