Martín Solares, entre los colmillos de la ficción
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Martín Solares, entre los colmillos de la ficción

COMPARTIR

···

Martín Solares, entre los colmillos de la ficción

El escritor Martín Solares publica Catorce colmillos, su más reciente obra en donde explora el surrealismo desde la novela policiaca y la fantasía.

Eduardo Bautista
10/09/2018
Martín Solares, escritor.
Al registrarte estas aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

París, 1927. Un hombre aparece asesinado en un callejón oscuro. No hay muchas pistas: sólo una cicatriz con 14 orificios. No hay sangre. Un joven detective se dispone a investigar el caso desde la ultratumba. Entre los sospechosos hay un tal André Breton, un tal Tristan Tzara y un tal Man Ray.

En Catorce colmillos (Literatura Random House), el escritor Martín Solares hace un experimento: llevar la novela policiaca a lo fantástico y lo sobrenatural. El resultado es una mezcla atípica en la que el mundo de los surrealistas y los dadaístas nunca estuvo tan cerca de las bestias que habitaron la Ciudad Luz a principios del siglo XX.

¿Por qué los seres fantásticos ayudan a entender la condición humana?

 Los personajes de un buen cuento a veces nos ayudan a entrever otras posibilidades de la vida, mientras que los personajes de una buena novela nos ayudan a explorar muchas de las ramas transgresoras y reprobables de ese mismo árbol, las más asombrosas. La sed de justicia de Edmundo Dantés y la sed de aventuras de Don Quijote, la ira de Aquiles y la ambición de los gambusinos en El tesoro de la Sierra madre, la obsesión del capitán Ahab y el rencor del capitán Nemo, la libertad de Ana Karenina e incluso la inocencia de Claus y Lucas tienen un lado excesivo y monstruoso, un lado fantástico que provoca situaciones fuera de lo común, con consecuencias insospechadas para los participantes. A este tipo de historias ingobernables, que nos llevan a nadar sobre el mar agitado de las pasiones, solemos llamarlas novelas. Los cuentos nos permiten vislumbrar la más extrema otredad por un instante, mientras que las novelas nos permiten convivir con sus más excesivos embajadores durante algunos días. Un buen cuento es como un relámpago que nos sorprende por un momento y tiempo después provoca que algo resuene dentro de nosotros. Una gran novela nos lleva a vivir dentro del trueno y a tratar de entender cómo funciona por dentro. En Catorce colmillos quise llevar a mis lectores a un mundo que entreví en una pesadilla, y quise explorar cómo sería vivir en una ciudad habitada por seres fantásticos. Mis monstruos y los surrealistas que aparecen aquí tienen algo en común, y es su deseo de vivir en el asombro constante.

Los personajes fantásticos que dibuja en su novela no son normales...

 Quería inventar mi propia taxonomía sobrenatural. Y fue complicado. Traté de no mencionar ni una sola vez la palabra vampiro u hombre lobo. Inventé una serie de depredadores que surgieron a partir de una pesadilla remota que tuve en París. Estaba haciendo mis estudios de doctorado cuando una noche soñé con una calle siniestra de la ciudad. Fue una pesadilla realmente intensa. Aunque he de ser sincero también: sólo quería un pretexto para explorar el mundo de los surrealistas en 1927, un año interesantísimo, porque por fin se separan los surrealistas y los dadaístas, se funda la revista Literatura, Breton empieza a escribir Nadja y comienza una gran ebullición intelectual que acaba por formar lo que actualmente entendemos por arte contemporáneo. La llegada de los surrealistas y los dadaístas a París fue como la explosión de un volcán. El detective de mi novela investiga a algunos de estos muchachos rijosos.

 Su novela rompe algunos estereotipos del género policiaco, ¿por qué?

 Lo más importante es que intenté cambiar de instrumento para escribir este libro. La mayoría de las novelas policiacas siempre se cuentan con una especie de guitarra eléctrica que ya es muy convencional y predecible. Siempre se trata de un narrador sarcástico, quijotesco y conquistador que suele ser el mismo detective o el mismo héroe. Yo quise saltarme ese tipo de narrador, porque ya me da mucha flojera. Elegí a un narrador joven por una razón: la época que me interesa corresponde a la juventud del mundo que conocemos como contemporáneo. El de 1927 fue un año transgresor en todos los sentidos. Fue el año de las flappers, del jazz, del dadaísmo y del surrealismo, movimientos que configuraron la literatura, el cine y la publicidad que conocemos actualmente. Mi segundo experimento surgió a raíz de una investigación real. El joven detective de mi novela investiga los casos que el comisario Magreb jamás investigó, es decir, todos aquellos que se relacionan con lo sobrenatural. Mi intención es explorar el único caso que (Georges) Simenon jamás se permitió: enviar a un detective realista a explorar un caso de literatura fantástica.

¿Por qué el asesinato sigue siendo una materia prima tan atractiva para la literatura?

 Los crímenes son la materia prima de la mejor hija de la novela de aventuras: la novela policiaca. La novela de aventuras, que empezó con tantos bríos a finales del siglo XIX, estuvo a punto de fallecer a mediados del siglo XX con tantas novelas artísticas y de autoficción, que son muy difíciles de leer y muy poco novelescas. Durante un tiempo entendimos lo novelesco como las grandes aventuras de sujetos peligrosos en sitios insospechados. Eso pronto se olvidó y se volvió anquilosado. Pero la única rama de la novela de aventuras que sigue con vida es la novela policial en todas sus variantes. En mis libros siempre me he decantado por detectives que sirvan, como diría Vargas Llosa, como un escalpelo para atravesar el cuerpo de una sociedad enferma y mostrar los lados más íntimos de la corrupción local.

 La literatura fantástica y la novela policiaca suelen ser dos géneros infravalorados por la crítica literaria...

 Nunca falta quien desdeña toda aquella literatura que no tiene dosis suficientes de metáforas por centímetro cuadrado. Es cierto: hay mucha gente en el mundo literario que desprecia los dramas interiores de personajes urbanos con vidas mundanas. En México existe una enorme carencia de crítica literaria argumentativa. A veces pienso que la crítica literaria en México es una actividad hormonal, apoyada en fundamentos sanguinolentos y viscerales. El problema de muchos críticos es el desconocimiento de las corrientes literarias; no tienen idea de todos los antecedentes que tienen las novelas policiacas o fantásticas.