Macbeth llama a su destino en Bellas Artes
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Macbeth llama a su destino en Bellas Artes

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Macbeth llama a su destino en Bellas Artes

La Compañía Nacional de Ópera estrena un montaje de 'Macbeth' de Verdi en su versión original.

Rosario Reyes
12/09/2018
La ópera de Verdi llega al Palacio de Bellas Artes.
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El mal fario que rodea a Macbeth, la obra teatral, no se ha cernido nunca sobre la escenificación de este drama shakespeariano en su versión operística. Tal vez -aventura la directora escénica Lorena Maza- sea por el poder de la música que Giuseppe Verdi compuso para esta pieza, cuya primera versión se estrenó en Florencia, en 1847 -una segunda revisión tuvo su premiere en París, en 1865.

“En la ópera, la obra teatral está llevada a otra dimensión expresiva: la del canto y la música. Creo que eso nos protege de la maldición”, comparte en entrevista la directora del montaje de esta obra ,que presenta la Compañía Nacional de Ópera a partir de hoy en el Palacio de Bellas Artes, bajo la dirección concertadora de Marco Guidarini.

“De todas formas no mencionamos el nombre de Macbeth en el escenario, por si acaso”, comenta Maza, quien en los inicios de su trayectoria, a mediados de los años 80, fue asistente de Ludwik Margules en el estreno mexicano de la ópera The Rake’s progress, de Igor Stravinsky, y posteriormente ha dirigido otros títulos como El arca de Noé, de Benjamin Britten y Zaide, de Mozart.

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Verdi era un absoluto apasionado de Shakespeare, lo conocía muy bien a pesar de que en ese tiempo no habían llegado sus puestas en escena a Italia. Él conoce los textos a partir de ciertas grabaciones en italiano y contaba que tenía libros de Shakespeare en su mesa de noche para consultarlo. De Macbeth él miso hizo una versión en prosa, que después la mandó versificar para que fuera cantada”, relata.

Escrita originalmente en el siglo XVII, la historia -basada en un personaje real- sucede en la Edad Media. Por decisión de Verdi el libreto, encomendado a Francesco Maria Piave y Andrea Maffei, soslaya la trama histórica y política, para tejer con mayor fuerza el drama: el ascenso y decadencia de los protagonistas.

Como en el texto de Shakespeare, la acción de esta ópera transcurre en Escocia. En la puesta de Lorena Maza, sin embargo, no son tres sino 30 las brujas que profetizan el destino de dos victoriosos generales del rey: Duncano Macbeth y Banquo. Al primero, le vaticinan que ocupará el trono y el segundo será padre de reyes.

Para adelantar el designio de las adivinas, Macbeth y su mujer asesinan al rey, y con ello desencadenan la mortal tragedia sobre su reino y sobre ellos mismos.

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Macbeth comienza su trayectoria como un guerrero que defiende a su rey y que gana batallas, pero la ambición lo convierte en un personaje que traiciona todo lo sagrado que hay en su vida: no sólo asesina a su monarca, que además es su primo; luego mata a su mejor amigo y compañero de batallas, Banquo, y manda ejecutar a toda la familia de Macduff, su oponente”, señala Maza. “Este arco dramático es muy marcado en Verdi: la travesía hacia su perdición, que veo como el descenso a los infiernos”.

Verdi dota a la música de una expresión dramática a la altura de la mayor tragedia de Shakespeare, asegura Maza.

“En la ópera, los soliloquios están vertidos en arias que a su vez representan el pensamiento criminal de Macbeth y Lady Macbeth. Verdi brinda otros elementos: al ser un compositor romántico, que tiene esta gran expresión melodramática, le da otros colores y matices al texto, lo lleva hacia otras zonas con estos aires románticos que potencian la obra y en cierto sentido la trascienden”.

El elemento fantástico del tirano que es guiado hacia un destino fatal es lo que, de acuerdo con la directora, permite al público identificarse con el drama en cualquier época. Es por ello que para esta puesta –explica- la acción es ubicada en un espacio atemporal. “Siempre hay una tentación de traer los clásicos a una época contemporánea, pero en este caso siento que no debería ser. Por lo general a Macbeth se le compara con los tiranos de la Segunda Guerra Mundial, o con los dictadores latinoamericanos o africanos, o con algún contexto particular. Vemos a Macbeth en muchísimos criminales y políticos de nuestro tiempo. Por eso me parece que vale la pena conservar la metáfora sin llevarla a un plano concreto”, comparte.

“La puesta es abstracta -agrega-porque decidimos crear nuestro propio universo, pero el texto sigue diciendo lo que ha dicho en todas las épocas: la ambición por el poder a través del crimen resulta absolutamente universal y vigente porque es parte de la condición humana”.

Macbeth, como cualquier hombre, vive una tragedia autoinfligida, advierte Maza. “No es porque las brujas vaticinaron su destino, ellas sólo hablan de una posibilidad; es él con su libre albedrío el que acciona y una vez realizado el primer crimen ya no puede parar. Como espectador, eso es lo que aterra: descubrir el propio lado oscuro, su propio impulso criminal”.

Melodramáticamente la trama se concentra en los personajes de Macbeth y Lady Macbeth, pero en escena se expande con la presencia de las 30 voces que predicen el futuro criminal del rey, y con una escena coral al inicio del cuarto acto. “Es una pieza increíble que se llama Patria o presa en la que un grupo de 60 refugiados escoceses llegan caminando a la frontera con Inglaterra”.

Esta escena no existe en la obra original, aclara Maza. “Pero es una reminiscencia de la trama política que en la ópera no está contemplada, porque el éxodo que vemos sucede a partir de la guerra que Macbeth desata”.

El montaje cuenta con un elenco de 60 cantantes del Coro de la Ópera de Bellas Artes y 12 solistas, encabezados por el barítono mexicano Alfredo Daza (Macbeth), la soprano húngara Csilla Boross (Lady Macbeth) y el bajo español Rubén Amoretti (Banquo).