Los sueños, eternidades de bolsillo: Hugo Hiriart
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Los sueños, eternidades de bolsillo: Hugo Hiriart

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Los sueños, eternidades de bolsillo: Hugo Hiriart

El narrador se adentra en el producto más misterioso de la imaginación y la memoria; en un volumen de reciente reedición despliega su muy particular visión sobre el universo onírico.

Eduardo Bautista
19/06/2018
Hugo Hiriart acaba de lanzar una reedición de una de sus obras.
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Hay libros para casi todo. Para administrar mejor el dinero, para lograr relaciones humanas más sanas o para ser más productivo en el trabajo. También para soñar.

El escritor y dramaturgo Hugo Hiriart acaba de publicar la reedición de un volumen que ahonda en los porqués que rodean al incógnito mundo de los sueños. Un ensayo —sin orden establecido, como los sueños mismos— que invita a responder preguntas como: ¿por qué se sueñan tantas incoherencias? ¿Por qué en los sueños aparecen personas que ya no se frecuentan desde hace años? ¿Por qué se tiene la capacidad de soñar, despertar, volver a dormir e inmediatamente recuperar las imágenes que se estaban soñando?

Sobre la naturaleza de los sueños (Ediciones Era) parte de una premisa, sostiene el autor en entrevista con El Financiero: los sueños no se inventan ni se construyen, sólo suceden.

“Son el producto más misterioso de la imaginación y la memoria. El gran error de muchos teóricos es verlos como narraciones. Los sueños no tienen estructura. No está en nuestra capacidad sicológica la invención de un sueño”, asegura el ganador de la Medalla Bellas Artes 2017.

Durante años, los neurólogos han estudiado el Sueño de Movimientos Oculares Rápidos, una etapa del dormir en la que la persona mueve involuntariamente los ojos tras recibir ondas cerebrales de bajo voltaje, lo cual provoca una sensación de visualizaciones que muchas veces son confundidas con sueños.

Es la música nocturna, la serenata que oímos mientras estamos dormidos. La música y los sueños son la emocionante hazaña de la sucesión pura”.
Hugo Hiriart Escritor y dramaturgo

“Es un gran error creer que esas visualizaciones son sueños, pues soñar no significa ver. Creer que el sueño es una visión es un prejuicio que tiene la gente metido hasta el cogote”, considera.

El verdadero modelo de los sueños —explica— no es la narración literaria, sino la música, por su capacidad de abstracción. “El sueño es la música nocturna, la serenata que oímos mientras estamos dormidos. La música y los sueños son la emocionante hazaña de la sucesión pura”, escribe.

Hiriart cuenta que visitó una escuela para ciegos en Coyoacán para comprobar que, en efecto, los sueños no son visualizaciones. En ese colegio, platicó con una persona ciega de nacimiento, que jamás ha visto la luz y, por ende, no distingue colores. “Le pregunté cómo soñaba. Y ella, bastante extrañada, me contestó: ‘¿pues cómo quiere que sueñe? ¡Como todo el mundo!’”.

En las páginas de este libro —publicado originalmente en 1995 y escrito con la frescura de un tratado filosófico antiguo, según el crítico Christopher Domínguez Michael— no se hallarán citas de Sigmund Freud o Carl Gustav Jung. Hiriart está en contra de la teorización de los sueños.

“No estoy de acuerdo con la visión que tenía Freud sobre este tema. Todo me parece equivocado. Él cree que uno fabrica los sueños, que estos son el producto de complejos sicológicos, y no es así. A uno le aparece el sueño como resultado del trabajo de la imaginación y la memoria. En el terreno onírico no hay control sobre nada, no existe gobierno alguno. Tampoco puede haber libertad porque son abstracciones en las que no ejercemos nuestro libre albedrío ni tenemos control”, considera el autor de La repugnante historia de Clotario Demoniax.

Además, sostiene que un sueño no puede comenzar como una pesadilla. Esta -dice- generalmente es el resultado de la degradación de los elementos del sueño; es el descubrimiento de lo horroroso en lo inofensivo: la transfiguración de un hecho cotidiano en un hecho amenazador y peligroso.

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A menudo -observa- las pesadillas comienzan como sueños normales que contienen un elemento ajeno que el sujeto no termina por comprender. Luego, ese elemento extraño —una araña, una mujer, un adorno de mesa, lo que sea— se transforma en un miedo materializado y se desencadena el caos.

La velocidad real con que suceden los sueños provoca entonces que estos sean maximizados en contenido y duración. En la fase de la vigilia son casi instantáneos. Pero cuando se alcanza el sueño profundo, la duración —o al menos la percepción de ésta—aumenta considerablemente: “ahí está la razón por la cual mucha gente asegura que su sueño fue larguísimo”.

“Dormidos, adentro de un sueño, un segundo es una eternidad, porque la eternidad no es mucho, muchísimo tiempo, sino la ausencia de tiempo. Los sueños son eternidades de bolsillo: con ellas tenemos una probadita de lo que deben ser el cielo y el infierno”, escribe el colaborador de Letras Libres.

Hiriart no pretende descubrir el significado de los sueños. Ni siquiera sabe si tienen significado alguno. Advierte desde el principio que no es neurólogo, sicólogo ni filósofo. Lo suyo siempre ha sido la literatura: la tierra fértil de los soñadores.