Los peligros
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Los peligros

COMPARTIR

···

Los peligros

La revisión de la ilustración continúa. En esta obra John Gray, mente brillante, aborda las diferentes formas de la utopía que han contaminado el aire.

Por Especial
07/06/2018
Libro
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

El realismo es el único modo de pensar sobre las cuestiones relacionadas con la tiranía y la libertad, o con la guerra y la paz, del que se puede verdaderamente decir que no está basado en la fe, y es el único además (y a pesar de su reputación de amoral) que se caracteriza por la seriedad ética. Ese es, sin duda, el motivo por el que despierta tantas suspicacias. El realismo exige una disciplina de pensamiento que puede resultar demasiado austera para una cultura que valora la comodidad psicológica por encima de todo lo demás.

Es muy razonable preguntarse si las sociedades liberales occidentales están realmente capacitadas para hacer el esfuerzo moral necesario para dejar de lado toda esperanza de transformación del mundo. Las culturas que no han sido influidas directamente por el cristianismo ni por otros sustitutos laicos de éste siempre han albergado una tradición de pensamiento realista y ésta tiene muchas posibilidades de seguir siendo tan fuerte en el futuro como lo ha sido. En China, El arte de la guerra de Sun Tzu constituye una auténtica biblia de la estrategia realista, y las filosofías taoístas y legalistas contienen en su seno sólidas corrientes de pensamiento realista.

En la India, los escritos de Kautilya sobre la guerra y la diplomacia ocupan un lugar similar. Las obras de Maquiavelo fueron un escándalo porque subvertían los postulados de la moral cristiana, pero no tuvieron la misma potencia explosiva en las culturas no cristianas, donde el modo de pensar rea- lista es más fácilmente aceptable.

En las democracias liberales poscristianas, han sido sobre todo las élites políticas e intelectuales, más que la mayoría del electorado, las que se han mostrado favorables a la guerra como instrumento para mejorar el mundo. Pero la opinión pública continúa considerando de mal gusto el pensamiento realista.

¿Podrá esta labor de conjuración continua de males permanentes satisfacer a una generación que se ha criado alimentada de sueños irrealizables? Ésta igual prefiere el romanticismo de una aventura sin sentido dedicada a afrontar dificultades que jamás podrán ser vencidas de forma definitiva. Pero no todas las generaciones han sido así: hace apenas un par de ellas, el pensamiento realista hizo posible que los gobiernos occidentales se impusieran en conflictos mucho más peligrosos que ninguno de los que ha tenido que abordar el presente siglo.