La música que acompañó el sueño de Martin Luther King
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La música que acompañó el sueño de Martin Luther King

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La música que acompañó el sueño de Martin Luther King

La música juega un papel clave para asimilar el papel del líder de la lucha civil en Estados Unidos de los años 60.

Rosario Reyes
03/04/2018
El soul, el funk y jazz fueron acompañantes del movimiento de derechos civiles de Luther King.

Lo que la represión policial no había conseguido en otros puntos del país sucedió con la presencia de un solo hombre. Aquella noche del 5 de abril de 1968, James Brown logró que Boston durmiera en paz.

El Rey del soul tenía programada esa fecha en el Boston Garden y, tras los disturbios que se desataron en varios estados a causa del homicidio de Martin Luther King un día antes, el concierto estuvo a punto de cancelarse. Pero el alcalde Kevin White vio en la figura del cantante –quien apoyaba las causas de Luther King– una oportunidad para calmar los ánimos.

White no solo permitió la realización del recital, sino que logró que fuera televisado, con la intención de que la gente se mantuviera en sus casas para ver a Mr. Dynamite, en lugar de salir a protestar a las calles. Y lo consiguió. Ese era el poder de la música alrededor de la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos.

Después de su tradicional acto de la capa –la estrella caía de rodillas y en ese momento un asistente le cubría para ayudarlo a levantarse– Brown se dio cuenta que varios de sus fanáticos comenzaron a subir al escenario y vio también que la policía los reprimía violentamente.

El cantante pidió a los agentes que dejaran a su público en paz. Parecía que todo se saldría de control. Entonces, Brown calmó a sus seguidores con un discurso de aliento:

“No están siendo justos con su raza ni conmigo. ¿Estamos juntos o no?”, le soltó a la multitud. Meses después estrenó su emblemático tema Say it loud I’m black and I’m proud.

Banda sonora de una época

El 28 de agosto de 1963, Martin Luther King pronunció un discurso memorable que inició con la frase I have a dream. Cuatro palabras que dieron identidad al movimiento en favor de los derechos civiles de los negros. En esa multitudinaria movilización en Washington lo acompañaron Bob Dylan y Joan Báez. Cantaron When the ship comes in y Only a pawn in their game.

En mayo de ese año, Dylan lanzó su segundo álbum, The Freewheelin. “El disco incluía uno de los temas emblemáticos de protesta: Blowin in the wind”, recuerda el crítico musical Octavio Echavárri.

Desde la guerra de Vietnam, que empezó en 1965, los músicos de folk comenzaron a tomar posturas políticas. Esa corriente blanca fue la primera que se consideró de protesta. Sin embargo, de manera natural, la música, tan distintiva de la cultura negra, se unió al discurso de Luther King, voz indispensable de aquel emblemático 1968, el año de la Primavera de Praga, el Mayo Francés y de la matanza de Tlatelolco.

“Era una forma inmediata de exponer los problemas raciales, cantados por celebridades de la música. La música que surgió alrededor del movimiento de Martin Luther King es importante porque es el retrato de toda una época”, advierte el periodista José Xavier Návar.

Las movilizaciones y los discursos antirraciales tuvieron un fondo musical a cargo de artistas como Pete Seeger, autor de uno de los primeros himnos del movimiento, We shall overcome, y otros que influenciaron a las generaciones posteriores y a otras corrientes como el rap, con la salvedad, dice Návar, de que los discursos rapeados son difíciles de entender y su difusión no es masiva.

“Staples Singers fue el primer grupo que le puso música a la protesta social. El movimiento de Martin Luther King era pacífico y estaba el partido político que luchaba por la integración, Black Panther, que tenía su sección musical The Lumpen y la cantante Elaine Brown, que coincidieron en el tiempo, pero no en las formas, porque estos sí eran más bravos”, agrega Echavárri.

Música y reivindicación

De estos movimientos surgió el Black Pride, como respuesta a la cultura blanca. Enaltecía los valores culturales y de pertenencia de la tradición africana. James Brown, Curtis Mayfield y Sly Stone fueron las figuras más visibles.

“El jazz también se integró a la lucha. Nina Simone y Marlena Shaw siguieron la huella que marcó Billie Holiday con el tema Strange fruits, que hablaba de los negros que aparecían colgados de los árboles –esa manifestación extrema de los grupos radicales blancos contra la comunidad negra–, y el free jazz, a pesar de que no tenía letra, sí se manifestó a favor de los derechos civiles. ¿Cómo lo hicieron? Desarmando las estructuras musicales del jazz. Era su manera de protestar ante lo que estaba pasando, entre ellos Randy Weston, Archie Shepp, Albert Ayler y Sonny Rollins”.

José Xavier Návar refiere el carisma del líder para atraer a artistas a su movimiento. “Muchas canciones fueron tomadas como bandera, incluso tomaron poemas de T. S. Elliot y los musicalizaron; de alguna manera las canciones reivindicaban su lucha”.

Figuras como Aretha Franklin, quien cantó en su funeral, o Elvis Presley y Stevie Wonder se manifestaron a favor de las reivindicaciones raciales, que iban desde el derecho al voto y la propiedad privada, hasta la difusión de la música negra más allá del Chitlin’ Circuit, el área donde se localizaban locales para artistas y audiencia de color.

“El día que mataron a Martin Luther King, Jimi Hendrix tenía programados dos conciertos y solo dio uno, en el que le dedicó una canción, House burning, que escribió especialmente para él. Le cantaron también Kris Kristofferson y Jackson Browne. Inspiró a artistas cuando estaba vivo y después de que lo mataron. U2 le hizo Pride y Rage Against the Machine le dedicó Wake up. Muchos artistas se unieron al movimiento porque estaban de acuerdo con sus peticiones y porque lo podían aprovechar como una coartada política y cultural. Sabían que iban a pasar a la historia con esas canciones”, concluye Návar.