Gráfica del 68, una huella de libertad
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Gráfica del 68, una huella de libertad

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Gráfica del 68, una huella de libertad

Durante las protestas de 1968 en México la gráfica generó un discurso visual que impactó, más allá de la lucha política, en el territorio del arte.

Si el movimiento estudiantil fue acribillado en Tlatelolco, el arte colectivo rescató el espíritu de esa lucha.

Rosario Reyes
04/10/2018
Actualización 04/10/2018 - 10:12
Los carteles producidos en torno a las protestas estudiantiles detonaron una nueva mirada en México.
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En plena represión estudiantil, los jóvenes del 68 dibujaron a Gustavo Díaz Ordaz con rostro de simio. En el caldo de la protesta aquello fue, más que una afrenta, el símbolo del quiebre de un México que estaba por cambiar. Esa caricatura del presidente -figura hasta entonces intocable- fue emblema de la gráfica de aquel año histórico, que reproducía consignas como “¡Exigimos deslinde de responsabilidades!”, o “¡Gobierno hipócrita y asesino!”.

En el 68 las imágenes se apoderaron del discurso de las calles como nunca antes: un perro detrás de un micrófono con la leyenda “1968 año de la prensa vendida”; el rostro de un joven con una cadena y un candado cubriéndole la boca... Todas ellas una exigencia de libertad de expresión.

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Esta producción irrumpió en el espacio público a partir del trabajo de las brigadas gráficas, formadas por estudiantes de arte que también organizaban acciones para circular volantes, pegatinas y mantas -que hicieron el relato del movimiento y de la masacre con la que fue liquidado.

“Uno de los logros más relevantes fue la disputa simbólica en el espacio público. Antes del 68 era casi imposible manifestarse públicamente, porque no sólo los mensajes, sino el espacio estaban absolutamente controlados. Las gramáticas visuales de la gráfica del 68 ocuparon calles y plazas de manera efímera, pero de alguna manera permitieron ofrecer una batalla simbólica”, asegura Amanda de la Garza, curadora asociada del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC).

En aquel momento, las brigadas echaron mano de la expresión artística de forma utilitaria, para responder a la emergencia. Se trataba de poner al servicio del movimiento las estrategias de comunicación que tenían como productores visuales.

Las obras, empero, generaron una estética que impactó también en el territorio del arte al experimentar con las formas de producción y los materiales que los brigadistas tenían a su disposición. A pesar de la premura por responder al proceso de lucha, advierte De la Garza, hubo una búsqueda por generar ciertos efectos visuales, por ejemplo, con la serigrafía que entonces se utilizaba en la publicidad, o el mimeógrafo, que les permitió reproducir grandes cantidades de imágenes.

“Con el apoyo de sus profesores, los jóvenes se apropiaron de los talleres en sus escuelas para crear materiales que se convirtieron en referentes visuales”, agrega la curadora de Acervos Documentales del MUAC, Sol Henaro.

Un ejemplo contundente es la Paloma de la Paz, emblema de los Juegos Olímpicos de aquel año en México, que los jóvenes se retomaron y resignificaron al plasmarlo atravesado por una bayoneta.

El cuestionamiento al discurso institucional tomó como referente otras imágenes producidas para las magnas justas, como el logotipo de México 68, diseñado por Lance Wyman, o la señalización de las actividades deportivas, que los manifestantes utilizaron para acompañar sus mensajes de protesta.

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Semilla del futuro

Si el movimiento estudiantil terminó con la matanza del 2 de octubre de 1968, el arte colectivo rescató el espíritu de la lucha. Durante la década siguiente surgió la figura de los Grupos, colectivos artísticos como Mira, Germinal, TAI (Taller de Arte e Ideología), Proceso Pentágono y Suma, algunos de ellos pertenecientes al Frente Mexicano de Trabajadores de la Cultura que Grupo Mira creó en 1978. Muchos de ellos fueron integrados por ex brigadistas y su trabajo artístico se vinculó directamente a la política, comparte la investigadora francesa Annabela Tournon, quien montó en el Museo Amparo de Puebla la exposición Grupo Mira. Una contrahistoria de los setenta en México, que ahora se exhibe en el MUAC.

Grupo Mira creó obras como el Comunicado Gráfico Número 1, cuyo tema es la violencia en la Ciudad de México. Son 48 módulos que pueden exponerse como un mural, pero también individualmente, como carteles. “Se exhibía en sindicatos o escuelas, lo que nos habla de la situación en ese momento respecto a la censura, sobre lo que no se podía mostrar en museos y hasta dónde era posible hacer una crítica al gobierno o las instituciones”, advierte Tournon.

“Lo que el Grupo Mira propone es que el 68 no se acabó en el 68, porque en los años siguientes se fueron afinando detalles, incluso llevando a cabo algunas de las demandas del movimiento”, observa.

En 1977, Grupo Pentágono llevó a la X Bienal de Jóvenes de París una instalación que recreaba los centros de tortura. Frente a una habitación con cinco paredes, dibujaron siluetas de soldados y civiles; en el piso descansaba un bulto atado dentro de una bolsa, delineado -como un cadáver- con tiza blanca.

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La gráfica del 68 contribuyó al origen del arte contemporáneo de los 70 en México, asegura Tournon. “El movimiento del 68 fue una matriz. Las maneras de producir que comenzaron entonces se desarrollaron en esa década”.

La investigadora explica el paralelismo que la creación colectiva estableció entre arte y política. “Lo que esos artistas hicieron no es sólo gráfica militante o en solidaridad con movimientos sociales, sino un material con más complejidad, con resonancias del conceptualismo latinoamericano, incluso algunos dispositivos del arte contemporáneo, como la crítica al arte como institución”.

La gráfica ha vuelto a aparecer en el contexto de nuevas movilizaciones estudiantiles y utiliza otras herramientas de difusión. El diseñador Alejandro Magallanes publicó en Twitter un cartel que resume el espíritu de las demandas: “¡Fuera porros de la UNAM!”.

Buena parte del testimonio gráfico del 68 fue destruido.

“Se sabe que en noviembre de 1968 entró el Ejército a San Carlos y destruyó gran parte de la producción gráfica, así como las máquinas para producirla”.

Parte de ese legado sobrevivió gracias al trabajo realizado por los Grupos. Hoy es posible conocer un pedazo de esa memoria en la muestra Gráfica del 68. Imágenes rotundas, que bajo la curaduría de Sol Henaro y Amanda de la Garza despliega casi en su totalidad el acervo entregado en 2002 al MUAC por el artista Arnulfo Aquino, quien junto a otros participantes de las brigadas fundó el Grupo Mira. En esa recopilación participaron además Jorge Pérez Vega, Rebeca Hidalgo, Armando Garduño, Silvia Paz Paredes, Melesio Galván, Salvador Peleo y Saúl Martínez, quienes en los 60 eran estudiantes en la Academia de San Carlos.