Este es el 'Panini' de la izquierda mexicana
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Este es el 'Panini' de la izquierda mexicana

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Este es el 'Panini' de la izquierda mexicana

La izquierda mexicana siempre ha sufrido la tentación de acercarse al poder, señala el escritor Óscar de Pablo.

Eduardo Bautista
11/04/2018

Si, como dijo Karl Marx, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, entonces la historia de cualquier nación en el siglo XX puede ser entendida a través del desarrollo de su movimiento comunista.

Esa fue la premisa bajo la cual el escritor y politólogo Óscar de Pablo escribió La Rojería (Debate), que cuenta las historias de los 150 hombres que hicieron posible la fiebre roja en el país.

“El México del siglo XX se conformó por sus luchas sociales y sus límites. Conquistas como la universidad, el sistema de seguridad social o la expropiación petrolera se consiguieron, en gran medida, gracias a la lucha de estos hombres que jugaron papeles destacados en nuestra construcción democrática. Sin embargo, también en sus vidas hallamos los orígenes de uno de los problemas más profundos de la izquierda mexicana: la imposibilidad de construir un partido o un movimiento obrero independiente al gobierno”, considera el autor.

La historia del comunismo mexicano —como casi la de cualquier nación, dice— está poblada de contradicciones y traiciones, la izquierda siempre ha sufrido tentación de acercarse al poder: en la década de 1920, el Partido Comunista Mexicano (PCM) votó por Álvaro Obregón, después por Plutarco Elías Calles, luego por Manuel Ávila Camacho y, posteriormente, por Miguel Alemán.

El ex jefe de la Dirección Federal de Seguridad, Miguel Nazar Haro, decía que, en las madrugadas, le encantaba disparar a los semáforos en rojo porque imaginaba que mataba comunistas. Los habitantes de esta Rojería son, muchos de ellos, marginados de la vida pública.Y un espejo de los defectos y virtudes de la izquierda mexicana a lo largo de su historia.

Incongruencia ideológica. Rubén Salazar Mayén la representa mejor que nadie. Veracruzano, periodista y escritor, lo apodaron El Vaivén por sus constantes cambios de postura. Ingresó al PCM en 1930. Fue secretario del Socorro Rojo —una especie de Cruz Roja para comunistas— y fue encerrado en el Cárcel de Belem por el delito de agitación social. Su primera novela, Cariátide, fue vilipendiada por su propio partido. Los dirigentes no soportaron que Salazar los criticara. Argumentaron que el lenguaje de la obra era obsceno. Enojado, Salazar se pasó al otro bando. En 1936, fundó Acción Popular Mexicana, un grupo de corte fascista. Pese a ello, ayudó en varias ocasiones a León Trotsky durante su asilo en México. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se declaró “anarquista de derecha”. Después se volvió estudioso de la obra de Sor Juana Inés de la Cruz; algunas de sus ideas fueron citadas después como “fuentes desconocidas” por Octavio Paz en Las trampas de la fe. Murió en 1986, marginado de la derecha, la izquierda y la literatura.

Acercamiento al poder. Ángel Olivo Solís es un buen ejemplo. Integró la dirección nacional del PCM de 1940 a 1943. Se unió a distintos círculos marxistas y eso provocó su expulsión del partido. En 1944 se afilió al PRI. “Muchos comunistas creyeron que esa era la manera de apoyar la industrialización del país”, comenta De Pablo. Se opuso a la fundación de la CTM, pero nunca dejó de ser líder sindical. En 1959 formó la Federación Obrera Revolucionaria -después Confederación Obrera Revolucionaria-. Terminó por ser lo que tanto criticó: de 1973 a 1979, fue diputado federal por el PRI. En 1988, y contra los estatutos de su propio movimiento, heredó la dirección de la COR a su hijastro, José de Jesús Pérez.

Machismo. La primera esposa del pintor David Alfaro Siqueiros lo vivió en carne propia. Graciela Amador Sandoval fue una de las comunistas más destacadas del siglo XX mexicano, pero sus logros no fueron reconocidos a causa de su celoso marido. Fue la primera administradora del mítico diario de izquierdas, El Machete. Hija del primer intelectual protestante mexicano, Elías Amador, colaboró, junto con Diego Rivera, a la fundación del Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores. Ni siquiera usaba su nombre para publicar; firmaba bajo el seudónimo de Silveria Sierra. Fue ella quien dio a Siqueiros el nombre de David —en realidad José de Jesús—, en alusión a la escultura de Miguel Ángel. Tras su divorcio, abandonó la militancia.

Labor intelectual y... ¿más contradicciones? Si se hace una búsqueda rápida en Internet, el nombre Fritz Bach arrojará algunos resultados: respetado profesor de la Universidad Nacional, notable economista y exiliado alemán en México. Pocos saben que arribó al país a finales de los años 20 como agente secreto de la Comintern, la organización fundada por Lenin para congregar a todos los grupos comunistas del mundo. Militó en la Internacional Juvenil Comunista en Berlín y fue representante del Socorro Rojo Internacional. En México se dedicó a investigar y a escribir sobre economía. Fue colaborador de Jesús Silva-Herzog, con quien fundó el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Fue expulsado del PCM en 1929 por sus ideas “de derecha”. Un año después fue aprehendido y expulsado del país por el gobierno mexicano. Sus amigos, entre ellos Silva-Herzog, suplicaron al presidente Pascual Ortiz Rubio que no lo deportara bajo el argumento de que no podía ser un comunista porque tenía automóvil. Logró quedarse y años después se naturalizó mexicano. En los 40 fue subsecretario de estadística de la Secretaría de Economía. También fue un hábil jugador de la Bolsa Mexicana de Valores, donde especuló hasta amasar una fortuna respetable.