Espacios de arte se están volviendo obsoletos y caros
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Espacios de arte se están volviendo obsoletos y caros

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Espacios de arte se están volviendo obsoletos y caros

Galería Breve es un espacio independiente que nace de la necesidad de promocionar e incentivar el arte y el coleccionismo emergente.

Comenzó como un 'pop up gallery' en noviembre del 2012 y se consolidó como galería en abril del 2015. Alrededor de estos años ha realizado cerca de 45 exposiciones apoyando a artistas a tener sus primeras muestras individuales.

Patricia Martín
04/12/2018
Begoña Irazábal, galerista.
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En las próximas semanas El Financiero publicará una serie de entrevistas para ahondar en la propuesta de cinco espacios jóvenes de arte contemporáneo en la Ciudad de México: Galería Breve, Agustina Ferreyra, Karen Huber, Aguirre y Machete. Con el ánimo de conocer el sentido y la vocación de cada uno se les han realizado las mismas preguntas a sus directoras: Begoña Irazábal, Agustina Ferreyra, Karen Huber, Carla Fernández y Domitila Bedel.

Ellas hablan de manera franca y abierta, sin la “cortesía amable” de quien busca ser políticamente correcto o cínico frente a lo que ocurre en el país. No es el mercado lo que las ha atraído; es más, el mercado, las ferias, la producción de obra –los retos económicos de un negocio- son claramente el principal reto a resolver.

¿De dónde surgió la idea de crear Galería Breve?

Surgió como una pop up gallery dentro de la marquería Casa Rosano, a finales del 2012. La creamos Jorge Rosano Gamboa y yo. Jorge estaba por salir de la Esmeralda; hablábamos de lo difícil que la tenían los artistas jóvenes, que por muy buena que fuera su chamba son un riesgo para una galería, para el coleccionista, incluso para un museo. Así que decidimos montar unas paredes corredizas y operar una vez cada dos meses. El 2015 abrí el espacio físico en Barrio Alameda, luego un año en la Roma y finalmente en la colonia Juárez, en la casa de Marso.

¿Por qué una galería y no otro proyecto?

 Esto empezó como un hobby y se estaba vendiendo, entonces creí que tenía una salida comercial. Luego me di de topes cuando abrí el espacio... Lo difícil ha sido salir del family and friends y vender obra de artistas muy jóvenes a los jóvenes. La idea era “arte emergente para coleccionismo emergente”. Ahora que lo pienso debía ser: “espacio de proyectos”, algo que permitiera recibir estímulos económicos sin estar peleado con el hecho de ser un espacio con fines lucrativos. Definir la estructura financiera o el plan de negocios ha sido complicadísimo.

¿Cómo escoge a los artistas que representa?

 Me daba mucho coraje producir exposiciones y que luego los artistas se desentendieran o vendieran sus obras sin que yo ni siquiera me enterara, así que en febrero de este año decidí representar a 10 artistas solamente. Están Jorge Rosano Gamboa, Sofía Garfias, Camila Cossío, Natalia Fernández, Christian Castañeda, Federico Martínez Montoya, Sebastián Vizcaíno y Las hijas del doctorado: Andrea Martínez, que nació en Brasil, y Manuela García, que nació en México pero se fue a Colombia; ahora las dos viven aquí y a mi parecer son mexicanísimas. El único extranjero es Keef Winter, un irlandés que se ha vendido muy bien.

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 ¿Qué es lo que hace distinto a este espacio?

 Me gusta pensar que arranqué desde cero con artistas súper jóvenes, que la galería tenga algún programa público o un proyecto educativo, que abra un espacio para conversaciones y para otras disciplinas que puedan relacionarse con los artistas.

¿Cómo se comporta el mercado para que usted pueda sostener la galería?

Más difícil que nunca. Estoy en el punto en que a mis cercanos ya no les interesa, les parece demasiado “conceptual” y no sé cómo acercarme a la gente que podría comprar, que es la manera de subsistir económicamente. Otros recursos que he logrado han sido a través de las plataformas de financiamiento colectivo como Kickstarter, pero se ha vuelto muy complicado convencer a la gente de apoyar. Me buscan de ferias y de plataformas de divulgación o venta de arte en línea como Artsy o Gallery Weekend y de verdad no me es posible participar, a menos de que me endeude hasta la médula sin saber qué va a suceder.

La convocatoria se ha vuelto muy complicada, hay demasiada oferta y noto que todo tiene que ver con cómo lograr eventos cool, que se realizan a través de muchas relaciones públicas. En el día a día nadie se aparece en la galería y normalmente las ventas se hacen por PDFs enviados al correo o al whatsapp. En las ferias he vendido a extranjeros a los que les encanta el proyecto, pero fuera de eso, no ha habido mayor proyección o visibilidad.

¿Cuánto tiempo le toma a una galería crear ganancias por sí misma? ¿Y cuánto para ganar una reputación?

A partir de los cinco años podría empezar a ganar, pero la reinversión en proyectos o ferias que la puedan hacer crecer son excesivamente caros, más para una galería de artistas jóvenes en la que los precios todavía no son altos. La reputación puede ser muy buena aunque no haya ganancia.

¿Cuáles son los aciertos del mercado mexicano y qué le hace falta?

Hay muy poco mercado, el que existe es muy cerrado, inaccesible, ya tienen a su galería de confianza que los asesora y quizá les parece riesgoso voltear a ver otras posibilidades. Hace falta interés, curiosidad, saber que se puede poner un granito de arena a la cultura en este país y que no sólo depende del sector público.

¿Y de las instituciones mexicanas?

Los aciertos, que se dedican al 100 a los artistas, pero no a los promotores si no son curadores, investigadores o académicos en general; no ven en el mercado otra fuerza de acción. A las galerías las ven como tiendas frívolas. Tener una galería muchas veces significa que ya no puedes participar en otros proyectos por una especie de conflicto de interés. Me gustaría pensar que se puede colaborar con el artista que mejor embone para determinado proyecto, no sólo por vender.

¿Cómo valora la relación entre las galerías consolidadas y las emergentes?

Distante, muy lejana. Las galerías consolidadas muestran un interés muy superficial en los espacios emergentes, sólo lo hacen si les puede retribuir en algo, como colgarse la medalla de apoyar un proyecto más en la onda de lo subversivo. A los artistas los veo más abiertos, aunque tampoco tanto como me gustaría.

¿Qué es a lo más difícil y lo más gratificante a lo que se ha enfrentado?

Lo más difícil es la deuda, acceder a una feria por emoción y no vender nada. Lo más gratificante, ver la cara de alguien que se vuelve loco con una obra, convencer. Ver la cara del artista cuando le digo que se vendió su pieza.

¿Cómo cree que se va a desarrollar la nueva generación de galerías?

Está complicado, pienso que los espacios se están volviendo un poco obsoletos y sobretodo caros. Creo que regresará el esquema de exposiciones en espacios distintos. Veo que los artistas se han vuelto muy autogestivos y de pronto siento que el intermediario sale sobrando.