El juego de los insectos, alegoría del deterioro social
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El juego de los insectos, alegoría del deterioro social

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El juego de los insectos, alegoría del deterioro social

El compositor mexicano Federico Ibarra estrenará la ópera 'El juego de los insectos' el próximo 3 de junio.

Alonso Escalante, director de la Ópera de Bellas Artes, describe la puesta como irónica y grotesca, en la que se muestran los vicios sociales de todos los estratos.

Rosario Reyes
31/05/2018

El compositor mexicano Federico Ibarra trabajó durante más de diez años en su ópera El juego de los insectos. En ese tiempo, la orquestación y el montaje crecieron hasta llegar a ser una puesta de gran formato, en la que, para su estreno el próximo 3 de junio en la versión final, intervendrán 220 artistas, entre músicos, cantantes, actores y bailarines.

En 2009, se presentó en formato de cámara con los Solistas Ensamble de Bellas Artes en la Sala Manuel M. Ponce. Entonces, la ópera ya tenía el libreto de Verónica Musalem, basado en la obra de teatro homónima de los hermanos polacos Karel y Josef Čapek, escrita en 1921.

“La obra de teatro tiene un tono absolutamente de derrota, sin esperanza. En la versión de Ibarra y Musalem sí la hay, y esa esperanza se deja ver al final”, apunta Alonso Escalante, director de la Ópera de Bellas Artes, a propósito del estreno de El juego de los insectos.

El italiano Guido Maria Guida es el director concertador de la puesta en escena de Claudio Valdés Kuri, con la Compañía Nacional de Ópera. Protagoniza el actor Joaquín Cosío, como un vagabundo que guía al espectador a través de los distintos escenarios por los que transcurre la trama, que expone la decadencia de la humanidad.

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“Lo que vamos a ver, a juicio del propio maestro Federico Ibarra, es realmente el estreno de su obra, no obstante que esta revisión que hizo le llevó algunos años. Consta de un prólogo, tres escenas y un epílogo. Cada una de las escenas representa un mundo en particular, la primera es el mundo de las mariposas, la segunda el mundo subterráneo y la tercera el de las hormigas y cada una de ellas, perfilan las características de los personajes”.

Escalante describe la puesta como profundamente emotiva, irónica y grotesca, en la que se muestran los vicios sociales de todos los estratos: desde el más bajo, hasta la burguesía; el científico y el militar.

“En lo general, el libreto no cambió; el trabajo que hizo Verónica Musalem, está inspirado no en la sociedad actual, aunque alude a ella, sino en la obra homónima de los hermanos Čapek, escrita en la post guerra y que sin embargo es absolutamente vigente, porque este deterioro social parece ser una constante en el género humano”, advierte Escalante.

Este estreno nacional, agrega el directivo, marca un hito para el Palacio de Bellas Artes. “Federico Ibarra es el más prolífico de los autores operísticos mexicanos de todos los tiempos y estrenar una ópera suya es una oportunidad importantísima de abrir el paradigma para nuestro público -que es mucho más cercano y gusta más de la ópera del siglo XIX italiana-, hacia otros autores y temáticas”.

El costo de producción asegura, no está cerrado, pero tanto la inversión pública como privada, en un formato de coproducción, será de alrededor de dos millones y medio de pesos cada una.

“Estamos presentando prácticamente óperas de gran formato; acabamos de tener Rusalka, un montaje con enormes retos técnicos”, dice de la versión de la ópera de Antonin Dvorak, que se estrenó en Buenos Aires en 2011, se presentó por segunda ocasión en México en abril pasado y ayer se anunció que fue premiada por la Asociación de Críticos Musicales de Argentina, como la Mejor Producción Escénica de la Temporada.

“En cuanto a El juego de los insectos, una producción de gran formato, contemporánea, mexicana, de estreno mundial, es lo que en mi opinión debería tener una temporada típica de la compañía, además de algunas de repertorio y otras poco conocidas del siglo XX y XXI”, concluye el director de la Compañía Nacional de Ópera, que completará su temporada de este año con los montajes de La italiana en Argel de Rossini, en julio; Macbeth y Stiffelio de Verdi, en septiembre y octubre; Las Bodas de Fígaro de Mozart, en noviembre y El murciélago, una opereta de Strauss, en diciembre.