El jazz dejó de ser popular: Héctor Infanzón
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El jazz dejó de ser popular: Héctor Infanzón

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El jazz dejó de ser popular: Héctor Infanzón

El pianista y compositor señala que habría que preguntarse si esa música del siglo XX aún es vigente o sólo ya no es tan popular como solía serlo.

María Eugenia Sevilla
10/05/2018

Ha tocado en Asia en tres ocasiones. Debutó hace cuatro años en el Java Jazz Festival en Indonesia, y en 2015 y 2016 realizó un par de giras por el continente con su cuarteto. De su segundo tour, en el que ofreció 20 conciertos en 25 días, se desprende su más reciente disco Héctor Infanzón: Live in Hong Kong, grabado la noche del 20 de marzo en el Orange Peel, el club más reconocido de la ciudad. El viaje abarcó, además, estancias en Shanghái y Hangzhou, en China, y en Kuala Lumpur, donde participó en el Singapur Jazz Festival.

¿Que implicó para usted, con una carrera de cuatro décadas, poder llegar a Asia?

 Fue una serie de circunstancias afortunadas, pero también hay que estar listos para cuando se dan las cosas. Una colega pianista que radica en Singapur y que es una gran promotora de la música mexicana me propuso ir allá con mi grupo, gestiónó varios conciertos y así surgió la gira en la que grabamos el disco.

¿Cómo elige lo que presenta a un público tan alejado del jazz mexicano?

Le apuesto a mi música original, con nuestro propio eclecticismo; elegí lo que más considero representativo de lo que he compuesto para la Ciudad de México, es entre el disco Nos toca y Citadino, y algunos temas nuevos también, con los que narro historias de de la ciudad, el trajín desde el amanecer hasta el anochecer.

¿Cómo los recibieron en los clubes?

Muy padre, nos llegó a pasar que después de tocar las demás bandas ya no querían subir al escenario para que siguiéramos tocando...

¿Que se ha traído de Asia?

¡Ah! Lo maravilloso es la avidez del público por escuchar las cosas que estamos haciendo en Latinoamérica, y podría decir en México, que le tienen una especial observación; se prendieron muchísimo con esta música que no existe allá, hubo además muy buenos comentarios y prensa, se dijeron cosas muy interesantes.

México ha crecido mucho en el terreno jazzístico, pero aún no lo ubican en las grandes ligas del mundo. ¿Qué es lo que hace falta para que los músicos locales consolidados se proyecten con solidez afuera?

Este es un punto medular: estoy convencido de que nos falta todo el engranaje que nos ponga a los jazzistas mexicanos en lugares del extranjero de una manera constante, no fortuita; un mercado de management, que en general no existe. Acá los managers o booking agents son los familiares: las esposas, los tíos los primos de los artistas, hay gestión para los festivales de aquí, pero no con los del mundo; falta lograr gestiones de allá hacia acá y crear el interés sobre lo que está sucediendo aquí. Nadie tiene un roster de artistas mexicanos para promocionar fuera. Las nuevas generaciones tendrán que aprender de este mercado, que para México es nuevo, y además es un buen negocio.

Estoy convencido de que nos falta todo el engranaje que nos ponga a los jazzistas mexicanos en lugares del extranjero de una manera constante, no fortuita

La escena jazzística interna ha crecido, pero también se ha atomizado mucho...

Hay muy buenos instrumentistas pero, eso sí, faltan proyectos. Se hacen muchas agrupaciones, a veces no tan constantes, quizá por la naturaleza del mercado de la ciudad; hay mucha guerrilla, o sea músicos que tocan con unos y con otros en todos los lados, vemos a los mismos en todos los grupos; esto da la impresión de que no hay tantos proyectos sólidos; hay cosas que suenan bien, pero falta esa constancia que permita que cuando haya una oportunidad de salir al extranjero, por ejemplo, tengan esa solidez de venir trabajando juntos por muchos años.

Los músicos tienen que trabajar...

Es natural, y hay escasez de trabajo como tal, pero el problema es que falta este compromiso de hacer proyectos con solidez; muchos colegas la tienen y hay buena música escrita original, que es lo que me llama la atención. Pero falta ese jaloncito: que la gente se comprometa a un proyecto y lo lleve hasta sus últimas consecuencias.

Los clubes también se muestran inestables, abren y cierran, y los músicos se arropan en restaurantes o bares...

Sí, los clubes, claro que hay excepciones, en el afán de ofrecer cosas distintas cambian a los grupos constantemente, a veces buscan no tanto calidad, sino precio; chiste es que haya música, no hay un criterio estético. Es necesario que el público pueda identificar que tal grupo toca en tal lugar, porque eso también hace que las bandas se consoliden.

¿Y los festivales de jazz tampoco están ayudando a consolidar a las bandas? Antes los músicos anhelaban llegar a un escenario de esos, y hoy hay muchísimos en el país...

Va de la mano con el tema de los clubes, hay un asunto de elección estética. Hay bandas que aún no tienen el nivel para estar en un escenario y sin embargo están. Por otro lado, estamos en una época muy abierta, que eso es muy sano, estamos en la vuelta del nuevo siglo y vemos por ejemplo que los festivales de jazz traen a grandes grupos de pop que encabezan el cartel, esa es una tendencia actual en el mundo, los empresarios sienten que necesitan llenar así...

¿Le preocupa?

Hay que leer lo que está pasando en la época. Cuando fui al Java Jazz Festival, el más grande del mundo, había grandes nombres de pop. Es la constante en Singapur, en Montreal... Entonces, más que preocuparme veo que la música está dando una vuelta, están surgiendo nuevas formas y el jazz está dejando de ser popular. Habría que preguntarse si esa gran música del siglo XX sigue estando tan vigente, o sólo ya no es tan popular como solía serlo. Lo que me preocupa y me ocupa es hacer música pensando en todas las generaciones que nos cohabitan, desde los chicos de 8 a los de 80; me preocupa crear música original, de este tiempo, porque es la única manera de generar la nostalgia del futuro.