Esteban Rojas Hernández - Martes, 09 de Abril de 2013 06:19
Es cierto, la fortaleza del peso es un signo de confianza en los positivos fundamentales de nuestro país, como sostiene el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, pero habría que señalar también al riesgo de que, una avalancha de recursos proveniente del exterior, dirigidos al mercado de deuda nacional, lo lleven a una sobre reacción, en donde algunos de sus efectos positivos empiecen a diluirse.

De acuerdo con la última información publicada por Banxico, los residentes en el exterior tienen un saldo de papel gubernamental, como Cetes y bonos a tasa fija, entre otros, de 1.69 billones de pesos, equivalente a 136,540 millones de dólares a finales del pasado marzo, cifra que no tiene precedente en la historia del país. Este comportamiento, ha dado lugar a una abundante oferta del billete verde, lo cual ha contribuido a llevar al peso a su mejor momento desde agosto del 2011.

La correlación entre los flujos de capital del exterior y el tipo de cambio se intensificó a partir de marzo del 2012, lo que es una muestra de la relación entre los movimientos de los capitales del exterior y su efecto sobre el debilitamiento de la cotización del dólar en nuestro país, con el consiguientes efecto de apreciación de su contraparte, el peso.
Cabe recordar que el índice de correlación entre el cambio de dos variables, en este caso de los flujos de capital y el tipo de cambio, es más alto en la medida que se acerca a uno y menos relevante en la medida que se aleja de dicho parámetro, pudiendo ser, incluso negativa.
La cada vez mayor relación de la fortaleza del peso con la entrada de recursos del exterior, puede llevar a un terreno de arenas movedizas. El carácter volátil de este tipo de recursos, bajo ciertas condiciones, conduce a periodos indeseables de inestabilidad, sobre todo cuando se piensa que las condiciones favorables se pueden extender indefinidamente.