De 'cazador de microbios' a investigador emérito con 17 patentes
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De 'cazador de microbios' a investigador emérito con 17 patentes

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De 'cazador de microbios' a investigador emérito con 17 patentes

Luego de 40 años de trayectoria profesional y tras la obtención de 17 patentes -15 en trámite-, el doctor Alejandro Alagón recibió tal distinción por la UNAM.

Su producción de una serie de antivenenos son usados en México, Estados Unidos, África y Medio Oriente.

Redacción
08/05/2018
La incursión del doctor Alagón en el quehacer científico formal inició desde la carrera de Medicina.

Una trayectoria profesional de 40 años, la obtención de 17 patentes —15 más en trámite— y la producción de una serie de antivenenos que son usados en México, Estados Unidos, África y Medio Oriente, le valieron a Alejandro Alagón Cano la distinción de investigador emérito por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Desde pequeño, cuando su madre le leía Cazadores de microbios, fomentó en él su deseo de convertirse en científico; en aquella época no importaba en qué disciplina, sólo quería lograrlo. Ese deseo era alimentado también por su padre, quien siempre le contó que durante su infancia conoció al prestigiado investigador español Santiago Ramón y Cajal.

Una vez tomada esa decisión, se incorporó a la Facultad de Medicina de la UNAM. Posteriormente, realizó una maestría y doctorado en investigación biomédica básica, ambos grados en la UNAM. Asimismo, hizo un posdoctorado en la Universidad Rockefeller, en Estados Unidos.

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El reto que definió su camino

Esa oportunidad para hacer investigación, que le llegó de la mano del doctor Lourival Possani, también le abrió las puertas para realizar una estancia en la Universidad Rockefeller, ya que su mentor le planteó un reto.

“Cuando me sumé a su laboratorio, con la intención de realizar trabajo experimental, el doctor Possani me dijo: ‘Mira, si purificas una toxina de alacrán, te mando a la Universidad Rockefeller para que definas su composición y secuencia de aminoácidos’. Seis meses después estaba yo haciendo investigación allá”, dijo en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt.

Para cumplir esa meta, el doctor debió poner en pausa durante un semestre su carrera de medicina; no obstante, asegura que nunca se arrepintió de esa decisión, pues la experiencia le sirvió para entender no sólo que tenía la capacidad de realizar investigación al mismo nivel que se hacía en las universidades más prestigiadas del mundo, sino que le encantaba la labor de científico.

A su regreso, se trazó la meta de concluir la carrera, continuar en la impartición de clases y mantenerse en el quehacer científico, a través del laboratorio del doctor Possani, para después cursar la maestría y doctorado, todo con miras a consolidarse como investigador en ciencias biomédicas.

Al concluir su formación académica, su transición al mundo laboral se dio de manera muy natural, pues en aquella época no había dificultades para acceder a una plaza, así que fue invitado por el doctor Francisco Bolívar Zapata a colaborar en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, ahora conocido como Instituto de Biotecnología.

Aun cuando eso sucedió a su regreso de la Universidad Rockefeller, su incursión en el quehacer científico formal inició desde la carrera, incluso previo al proyecto que se le planteó para purificar la toxina de alacrán; no obstante, sí fue ese trabajo el que marcó el inicio de su línea de investigación más importante y que a la larga le daría grandes frutos.

Producción de antivenenos

Mi primer proyecto consistió en purificar la toxina de un alacrán de Brasil —de donde es originario el doctor Possani—, aprendí cómo hacer cromatografía y logré purificar la principal toxina que afecta a los mamíferos, presente en el veneno del animal. Esa misma toxina la llevé a mi estancia en la Universidad Rockefeller, donde identifiqué que no estaba completamente pura y con base en metodologías más avanzadas logré separar por completo la toxina, así como definir su composición de aminoácidos y la secuenciación de proteínas presentes”.

Pese a que este proyecto lo desarrolló cuando todavía era estudiante de licenciatura, los resultados obtenidos le valieron su primera presentación en un congreso internacional y también derivaron en su primera publicación. Esa situación lo motivó al punto de dar continuidad al tema durante su maestría, en la que caracterizó las toxinas del alacrán brasileño con diferentes perspectivas, de ese trabajo se desprendieron seis artículos científicos arbitrados.

Al concluir la maestría y decidirse a realizar un doctorado, caracterizó el veneno del llamado lagarto de cuentas, primo hermano del monstruo de Gila (Heloderma suspectum). El siguiente paso académico fue un posdoctorado, durante el cual trabajó con el veneno de las avispas para identificar las toxinas que causan alergias en las personas picadas y se involucró ligeramente con algunos venenos de serpientes.

Una vez que se insertó en el campo laboral, siguió caracterizando venenos pero ya no solo desde el punto de vista básico, sino que trató de entender sus mecanismos de acción, es decir, por qué causan daño a las personas mordidas o picadas, y también definir los componentes que verdaderamente son tóxicos para los seres humanos.

“Este enfoque es importante porque identificar las toxinas que afectan a los seres humanos permite producir antivenenos poliespecíficos, es decir, para varias especies de un tipo de animal. Imaginemos el siguiente escenario: una persona que es picada por un alacrán —existen varias especies de alacranes peligrosos— no puede ser tratada con un antiveneno específico, porque al llegar a un hospital difícilmente podrá decir exactamente qué especie la atacó”.

A partir de ese enfoque, el trabajo actual del investigador radica en entender cómo se absorbe el veneno del sitio de la picadura o mordedura hacia el resto del cuerpo de la víctima y luego cómo ocurre la neutralización, la interacción del antiveneno con los componentes del veneno en el cuerpo de la víctima, para lo cual hace uso de un modelo animal (con borregos).