Alumnos del IPN desarrollan bioplástico con cáscara de papa
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Alumnos del IPN desarrollan bioplástico con cáscara de papa

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Alumnos del IPN desarrollan bioplástico con cáscara de papa

El producto busca sustituir a los polímeros utilizados para crear envases que tardan hasta mil años en degradarse y soporta bebidas a altas temperaturas.

Redacción
28/07/2018
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Con la intención de revertir el problema de contaminación que provocan los productos desechables como vasos, platos y cucharas de plástico en el suelo, el aire y los mares, estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) crearon un bioplástico a partir de la cáscara de papa que tarda de cuatro a cinco meses en degradarse.

Los desarrolladores de esta propuesta son Gabriela García Orozco, Lucero Guerra Tovar, Joel Sánchez Díaz y Yoxan Solís Vázquez. Ellos son alumnos del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT) 10 “Carlos Vallejo Márquez”, e indican que el bioplástico se enfoca en dar una solución a la reducción de residuos sólidos urbanos mediante el consumo de artículos innovadores que sean rápidamente degradables en el ambiente y no afecten los ecosistemas.

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“El proyecto nace por la alta demanda que existe de plásticos elaborados con polímeros sintéticos y se propone una alternativa de un bioplástico que está elaborado a base de cáscara de papa, lo que transforma residuos orgánicos en productos de uso común para el país”, informó Joel Sánchez Díaz.

Agregó que este prototipo busca sustituir los polímeros que se usan con frecuencia, los cuales tardan de 500 hasta mil años en degradarse, tienen muchos contaminantes y generan repercusiones a los organismos presentes en los suelos.

“Es un biopolímero fabricado con residuos orgánicos como el almidón de la cáscara de la papa y la fécula de maíz, lo cual hace que el producto sea amigable con el ambiente”, indicó Solís Vázquez, alumno de la carrera técnica de Diagnóstico y Mejoramiento Ambiental.

El producto puede soportar una bebida con temperatura de hasta 150 grados Celsius. Como ejemplo, señalaron que las bebidas que tomamos convencionalmente, como café y té, van de los 35 a 45 grados, lo que da certeza de que un envase elaborado con bioplástico no se destruirá con el calor.

Los diseñadores del proyecto dijeron que desde la producción a la degradación no causa ningún impacto negativo al medio ambiente. El producto no tiene sabor y el color que tiene actualmente es naranja, pero puede producirse incoloro.