¿Con hambre emocional? Hora de pedir ayuda
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¿Con hambre emocional? Hora de pedir ayuda

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¿Con hambre emocional? Hora de pedir ayuda

Si involucras emociones y alimentarte te incomoda, es tiempo de buscar ayuda profesional.

Con 'Libérate del hambre emocional' Marisol Santillán explica como muchas veces emociones acumuladas impiden que bajes esos kilos extras.

Lizbeth Hernández
04/04/2018
Actualización 30/11/-1 - 0:00
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Comer con bienestar, disfrutar cada bocado y paladear los sabores en un plato es parte esencial de una buena nutrición. El problema es que ese acto necesario para la vida deja de ser disfrutable si se utiliza para llenar una necesidad afectiva. Quizá no lo sabes, pero podrías estar encerrado en un círculo vicioso que te impide conservar su peso ideal.

“Todos deberíamos preguntarnos si involucramos emociones cuando comemos y si nuestra forma de comer nos incomoda. Si la respuesta es sí, hay que buscar ayuda profesional”, afirma la sicoterapeuta Marisol Santillán, que debuta en el mercado editorial con Libérate del hambre emocional.

Entre las razones por las que esos kilos siguen aferrados a tu anatomía, pese a las dietas y al ejercicio, puede estar una necesidad afectiva de recompensa, en la que la comida hace las veces de paliativo e inconscientemente se le atribuyen otras funciones que no tiene, entre las más comunes: protección, compañía o medicamento.

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Título: 'Libérate del hambre emocional'. Autor: Marisol Santillán. Editorial: Ecdótica Páginas: 145

El texto es una guía que integra anécdotas personales y casos prácticos de los 10 años que la autora tiene de impartir el taller Mi relación emocional con la comida, en el que invita a zambullirse en el mundo afectivo y en las necesidades personales para liberarse de la obsesión por el peso corporal y la apariencia física.

“El primer paso es darse cuenta, cacharse en esos momentos de debilidad y tratar de explicarnos qué sentimos, qué nos arrastra a la comida. Alimentarse no tiene que involucrar emociones dolorosas y poco satisfactorias, al contrario debe ser un acto placentero”, explica la autora, quien ha detectado esa asociación como una constante.

Santillán afirma que las culturas latinoamericanas tienden a apapacharse con la comida, es una forma de halago, pero también funciona como una barrera para no exteriorizar emociones, y es ahí donde puede convertirse en una dependencia.

La transformación del cuerpo y la pérdida de peso es automática, al tiempo que se toma conciencia de la manera en la que cada quien se alimenta. La autora señala que es fundamental experimentar la salud física de ingerir los alimentos adecuados y en la cantidad correcta para tener un comparativo de lo que se experimenta cuando el cuerpo está sobrecargado.

“No solo es sano, es absolutamente liberador. Cuando tienes esa dependencia de la comida no te das cuenta que te sientes mal todo el tiempo y sigues comiendo, hasta que te sientes bien constatas la diferencia”, destaca.