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DEPORTES

Un día triste para Brasil

El 3-0 de esta tarde plasma contundentemente lo que ha sido este Mundial para un país que ha gastado una millonada en organizarlo. Día triste para el futbol. 
Mauricio Mejía
12 julio 2014 17:58 Última actualización 12 julio 2014 18:45
Brasil

Los aficionados brasileños están de luto. (Reuters)

Hoy se ha escrito uno de los días más tristes en la historia de los Mundiales. Por muchas razones. Holanda se acuerda de su enorme grandeza, de su bello futbol y de su grandioso estilo cuando ya no hay nada que perder. Vence con soltura –como debió hacerlo ante Argentina en semifinales si no fuera por sus miedos; los mismos que del 74, 78 y 2010- a un Brasil cada vez menos en el partido por el tercer lugar.

Triste triunfo naranja ante un local que paga todas sus culpas en el juego del orgullo. Melancólica manera de hacer cuentas con las equivocaciones del pasado.

El 3-0 de esta tarde plasma contundentemente lo que ha sido este Mundial para un país que ha gastado 15 mil millones de dólares en organizarlo sin tomar en cuenta el producto. Mucha fortuna en la realización, en la organización y en el queda bien con el mundo. Muchísimo dinero que nunca tomó en cuenta al seleccionado, la base del negocio.

Mucho dinero depositado en el peor gerente, Scolari, la peor persona para administrar la grandeza de una Selección que constituye la máxima inercia de este deporte desde Leónidas hasta Ronaldinho, pasando por Pelé, Garrincha, Tostao, Santos, Gerson, Carlos Alberto, Rivelino, Sócrates, Falcao, Zico, Ronaldo, Bebeto, Romario, Cafú, Lucio, Julio César. Grosería que escupió a lo sagrado. Pobre Brasil que demuestra su riqueza desde la tecnocracia. Juego de palabras entre la inflación y el insulto. Sí, la Selección brasileira es una agresión contra sí misma.

Pobre Holanda dispuesta a terceros lugares cuando ha estado para más desde el 74, Michles, Neeskens, Cruyff. Inválida la felicidad ante este duelo de absurdos: la camiseta pesa por lo que se trae de memoria; ambas Selecciones han jugado un encuentro de barrio, de podredumbre en la que ha ganado el menos malo. Queda claro que sin responsabilidad Holanda es Brasil. Y que con presión, Brasil es Oceanía. Lastimosa manera de aplaudir la tarde penúltima de un certamen maravilloso. Si Holanda hubiera demostrado la mitad de la gallardía de hoy, vencería a una Argentina nacionalista hasta en sus traiciones. Menesterosa Holanda que se conforma con tan poco.

Brasil fue, ya fue, una mediocridad absoluta. Rezando, pasó ante un Chile bravucón. Pero queda claro que Dios pone de su parte cuando el conjunto llega al área, hasta en esa zona el equipo de Scolari fue torpe, tan torpe como las designaciones del míster para Selección. No se puede dejar el gran negocio en manos de un incapacitado para abonarlo y el técnico debiera dimitir al porvenir con honradez. Esa ha sido la tragedia del Brasil, su burocrático técnico. El Maracanzo es una linda en correspondencia con el presente. Imposible a cualquier imaginación lo que pasó hoy. La penuria como heráldica. No ganó el pedigrí; perdieron las presencias.

Día triste para el futbol, las medianías se autoconsumen. La anaconda confirma a Silvio. Un tercer lugar que huele a llano y polvo.

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