Brasil
DEPORTES

Mínima Argentina

La selección argentina de Alejandro Sabella ha olvidado el arte del juego y se ha dedicado a cumplir un sólo objetivo en este Mundial: avanzar "haiga sido como haiga sido".
Mauricio Mejía
05 julio 2014 13:43 Última actualización 05 julio 2014 13:54
Gonzalo Higuaín abrió el marcador al minuto 8. (Reuters)

Gonzalo Higuaín abrió el marcador al minuto 8. (Reuters)

Sabella no oculta su política: pasar haiga sido como haiga sido. Otra vez con lo menos posible, con un gol de entrenamiento de Higuaín, Argentina logra pasar otra ronda.

Los argentinos se instalan en semifinales por primera vez en el siglo entregando la responsabilidad del juego y de la pelota al rival por más de media hora. Queda en claro que la belleza es un asunto de su pasado: lo importante no es ganar, es lo único. Discurso áspero y duro el de este cuadro para el que el fin justifica los medios.

El festejo después del duelo en Brasilia fue de lo más desagradable: los albicelestes celebran cada paso como si se hicieran de la Copa del Mundo. Esta vez han pasado por una Selección belga entusiasta hasta el final de combate. Inmadura, Bélgica se despide de un certamen al que brindó drama, desparpajo y emoción.

Lionel Messi se imanta de la nimiedad de sus colegas. Falla ante el arco una jugada que daría más maquillaje a demacrada Argentina, que pareció mejorar su rendimiento en el primer tiempo. Al regreso del vestidor volvió a las andadas de una politiquería de barrio. Propaganda básica de: no anoto, pero tampoco me anotan.

Quizá el único mérito de esta escuadra es su actitud ante el fuera de lugar. Acorta armoniosamente la cancha y ventila la ventaja de los delanteros rivales. Fuera de allí, el grupo de Sabella es insincero con lo que pregonan sus literatos y sus poetas. Si el chiste es avanzar, Argentina lo ha hecho de maravilla. Llega lejos con pequeños destellos. El 1-0 se ha convertido en su slogan.

Mínima manera de presumirse. La desaparición de tajo del barroquismo español ha dejado mal parado a este deporte que no logra encontrar una corriente artística nueva. La imposición del marcador sobre el tic es alarmante. Brasil y Argentina echan a perder la composición de la balada y se afirman como candidatos al título. El futbol, cansado de tanto arte, parece facilitarle las cosas a los mustios y ladinos. Cuando parecía que la frescura colombiana y la jovialidad belga desbaratarían en puzzel burgués de la tradición, la pelota sigue prefiriendo el mando de la historia.

La apática actitud de los sudamericanos no corresponde con lo dejado en el campo de juego en este torneo. Los objetivistas que se conforman con la frialdad de los números dirán pero “pese a todo llegaron”. Justo es eso lo que atenta contra la estética el “pese a todo”. Cuando el pase se impone al “gracia a” ya se jodió el asunto.

Brasil 2014, el Mundial de la risa, puede terminar en con una cara a lo Buster Keaton,

parda y mueca

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