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Miguel Herrera hace
de la voluntad un arma punzocortante y letal

Cuando le ofrecieron el cargo de técnico nacional, el puesto era tan peligroso como conducir la Nave de los Locos. Sin embargo él asumió la responsabilidad de la Copa del Mundo, como bien pudo aceptar el puesto de capitán de un barco en medio del naufragio.
Mauricio Mejía
23 junio 2014 23:56 Última actualización 24 junio 2014 5:0
Herrera se ganó el respeto y la confianza de un conjunto que no creía ni en el saludo. (Reuters)

Herrera se ganó el respeto y la confianza de un conjunto que no creía ni en el saludo. (Reuters)

México suele incumplir hasta las desesperanzas. Cuando parecía que la vuelta al Anáhuac estaba programada para el día de san Juan, resulta que la aventura se alarga al viejo domicilio del cuarto partido. La Selección Mexicana confirma que en este país los únicos pronósticos creíbles son los del estado del tiempo. Y ayer anocheció soleado.

Cuando a Miguel Herrera le ofrecieron el cargo de técnico nacional, el puesto era tan peligroso como conducir la Nave de los Locos. El intrépido míster del América poseía un currículum más digno para integrar un grupo de choque que para comandar a un equipo en depresión crónica y desvalido. Un arrebato de ira lo marginó del Mundial del 94 y su paso por Toros Neza aumentó su fama de pendenciero.

Pero Herrera se convirtió en un ex convicto que daba cursos de superación personal en sesiones extramuros a jugadores que le admiraban y le regalaban muestras de agradecimiento, a veces hasta cursis. El técnico asumió la responsabilidad de la Copa del Mundo, como bien pudo aceptar el puesto de capitán de un barco en medio del naufragio. 

Jugando a ser el chico de la película, tomó prestado el reparto del América campeón para conseguir un boleto a Hollywood. Encontró en Rafa Márquez al portavoz de sus plegarias. Y se lanzó a la mar con la desconfianza soplando por los cuatro vientos.

Ayer, los goleadores que le dieron la razón lo abrazaron con la camaradería del que ha pasado por una insuficiencia emocional, prozac y dos meses de insomnio. Simbólica postal de una tarde histórica para el futbol nacional. Herrera se ganó el respeto y la confianza de un conjunto que no creía ni en el saludo. Alegórico, impulsivo hasta el límite legal, el entrenador logró llevar la Nave del Olvido a una tierra firme que no aparecía en ningún mapa antes del zarpazo: segundo lugar de grupo, sólo por diferencia de goles, ante un Brasil sombra de sí mismo.

La voluntad es un arma punzocortante y letal. Holanda debe tener en claro que se medirá ante un equipo que de sus debilidades ha logrado darle vida a sus fortalezas. El estilo holandés luce como el mejor parecido en este Mundial de veleidades, aun así todo indica que ninguno de los conjuntos pasará un picnic el próximo domingo.

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