Brasil
deportes

La Maquinaria

La juventud del equipo germano hace creer que viene una escuela romántica que devolverá al deporte a su esencia: tener la pelota en los pies, controlarla y meterla en la portería.
Mauricio Mejía
13 julio 2014 23:1 Última actualización 14 julio 2014 5:0
El empeño alemán logró convencer al futbol de que la cosa ya va por otro lado. (Reuters)

El empeño alemán logró convencer al futbol de que la cosa ya va por otro lado. (Reuters)

Alemania cierra una época y abre otra. El tiqui-taca es cosa del pasado. Llega la hora del futbol absoluto. Abrumadora manera de sobreponerse al estilo más rancio del juego. Aunque reportó una notable mejoría, la Selección de Argentina en esta final ha sido tacaña y conformista. De su defensa quiso hacer una gesta histórica.

La regla moral de quien tiene la pelota tiene la razón ha sido cumplida. Con la pelota, con las ideas, a veces no realizadas, el empeño alemán logró convencer al futbol de que la cosa ya va por otro lado. Las artimañas, los esquemas del ganar a toda costa, las posturas pícaras, no serán premiadas en el sistema de juego que se ha despabilado con tanta fuerza como cuando la misma Alemania del 54 (la WM de Herberger), la Holanda del 74 (el futbol total de Michels) y el Barcelona de Guardiola.

La juventud del equipo germano hace creer que viene una escuela romántica que devolverá al deporte a su esencia:tener la pelota en los pies, controlarla y meterla en la portería.

Todas las notas BRASIL