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DEPORTES

La Copa está en sus pies

Pocas veces en la historia de los Mundiales, la diferencias entre los rivales fueron tan abrumadoras. Alemania llega fuerte, con un futbol esplendoroso e innovador. En cambio, Argentina arriba con un juego torpe y números poco alentadores. 
Mauricio Mejía
10 julio 2014 22:12 Última actualización 11 julio 2014 5:0
Miroslav Klose podría incrementar su récord goleador frente a Argentina. (AP)

Miroslav Klose podría incrementar su récord goleador frente a Argentina. (AP)

Alemania debutó en este Mundial con una goleada a Portugal de 4-0. Consiguió su pase a la final con una paseada a Brasil de 7-1. En el intermedio tuvo problemas con Ghana (2-2) y con Argelia (a la que venció 2-1 en tiempos extra). A Estados Unidos, a pesar de dominarlo, apenas logró ganarle 1-0. Así, llega a la final con 16 goles a favor y cuatro en contra. Una diferencia de más 12.

Argentina es la otra cara de la medalla. En cinco de los seis partidos que ha disputado, su ventaja en el marcador ha sido por un gol: 2-1 sobre Bosnia; 1-0, Irán; 3-2, Nigeria; 1-0, Suiza; 1-0, Bélgica. El jueves, ante Holanda, fue incapaz de anotar. Ocho goles a favor y tres encontra. Más cinco.

Pocas veces en la historia de los Mundiales, la discrepancias entre los rivales fueron tan abrumadoras. Aun así, el domingo comienza un nuevo relato en el que las estadísticas salen sobrando. El partido de Maracaná es un dilema para el futbol: ¿a quién elegirá como campeón de un certamen histórico en muchos sentidos? ¿Al equipo defensivo o al ofensivo?

En efecto, los argentinos, no obstante tener a Messi, han sido mustios a la hora de tirar al arco. Pero su defensa ha mejorado demasiado.

Con la jefatura de Mascherano, la zaga albiceleste, a la que se acusaba de frágil, tiene al conjunto en su primera final en 24 años. En Italia, a pesar de contar con Maradona, la parte baja del cuadro fue el impulso a Roma: recibió apenas cuatro goles, tres de ellos en la primera fase, de la que escapó gracias al formato vigente que otorgaba pase a los cuatro mejores terceros lugares.

En aquella cita, Alemania arribó con 14 goles a favor; 10 de ellos producidos en la primera ronda. Pasó las semifinales venciendo en penaltis a Inglaterra. Argentina hizo lo suyo ante Italia. Ambos ganaron 4-3.

Tampoco sirve de mucho la historia cuando lo que se juega es el futuro. El 13 de julio dialogarán dos posturas radicales. Una supeditada a esquemas básicos. Y otra revolucionaria, sin formación fija. Una con el genio que puede resolver cualquier galimatías; la otra con una estructura colectiva en la que todos sus integrantes cumplen eficientemente sus funciones.

Lo bello del futbol es que suelen suceder cosas extrañas cada vez que pita el árbitro. Para los alemanes será frustrante no obtener su cuarto campeonato en su octava final. Los argentinos han ganado dos de las tres en las que han aparecido, una de ellas en casa. En su segundo trofeo, en México 86, también tenían una figura que sobresalía del resto, Maradona, el mismo que fue insuficiente en el gran partido de 1990.

El ingrediente Messi cuenta para el discurso narrativo. Para Lionel será el juego más importante de su vida. Ha ganado todas las competencias en las que ha participado. Voz cantante del mejor futbol de la historia con el Barsa, ahora tiene la oportunidad de tapar bocas en su país, siempre desconfiado de su grandeza. En el futuro habrá dos maneras de compararlo con el karma Diego: como el del 86, campeón; o como el 90, subcampeón. El destino tiene sus arranques.

Alemania se juega el compromiso entera. Klose, el único que tenía pendientes particulares, ya ha logrado su lugar en la posteridad como máximo goleador en fase final del Mundial. La Maquinaria es un monoblock de espíritu: si sale campeona cosechará lo sembrado desde 2010, cuando comenzó a diseñarse este cuadro de jóvenes ya maduros.
El futbol tiene la palabra.

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