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DEPORTES

Jugar futbol en Brasil es más difícil de lo que parece

"Gano más repartiendo comidas que jugando futbol", asegura 
Rogerio Salvato, quien es víctima de una liga brasileña opacada por la corrupción y el endeudamiento. La fama de Pelé y el millonario contrato de Neymar son sólo mitos...
AP
04 junio 2014 21:13 Última actualización 05 junio 2014 5:0
Los clubes de Brasil están sumamente endeudados. (AP)

Los clubes de Brasil están sumamente endeudados. (AP)

El talentoso volante del pequeño club Presidente Prudente se apresura a hacer las entregas de un restaurante para poder llegar a tiempo a los entrenamientos. Un compañero suyo tiene que irse antes de terminar la sesión para preparar las pizzas que se venden en el restaurante de su padre.

No se deje engañar por la fama de Pelé, el enorme contrato de Neymar o los éxitos de la selección pentacampeona del mundo. El futbol profesional de Brasil lucha por sobrevivir. En las categorías menores no se juegan suficientes partidos, los jugadores tienen varios trabajos e incluso los clubes grandes juegan a menudo en estadios semivacíos.

Los mejores jugadores aceptan a temprana edad lucrativas ofertas de otros países. Más del 70 por ciento de los casi 700 clubes que hay en el país juega unos tres meses al año, lo que quiere decir que casi 12 mil futbolistas profesionales o semiprofesionales no tienen trabajo la mayor parte del tiempo. Los mejores equipos, por su parte, disputan hasta 85 partidos por temporada, más que en ninguna otra liga del mundo.

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 JUGAR FUTBOL ES UNA LUCHA DIARIA

 

Futbolista brasileño debe repartir pizzas para poder sobrevivir. (AP)

El campeonato de Presidente Prudente empezó en abril y termina a mediados de junio. El equipo no sobrevivió a la fase de grupos en este torneo de la cuarta división del estado de Sao Paulo y jugará diez partidos en total en toda la temporada. La temporada pasada disputó ocho. Cuesta encontrar rivales y pagar los gastos de viaje.

"El calendario es el principal problema", aseguró el director de Presidente Prudente, Mateus Grosso. "Los clubes tienen que contratar jugadores por al menos tres meses, pero a menudo ni llegan a jugar ese tiempo".

La deuda de los clubes brasileños aumentó casi un 75 por ciento en los últimos cinco años y deben más de mil millones de dólares al gobierno, según cifras de un movimiento de jugadores surgido el año pasado. De los casi 20 mil futbolistas profesionales y semiprofesionales que hay en Brasil, unos 16 mil ganan menos del equivalente a 650 dólares al mes.

Los clubes son manejados por gente sin las calificaciones necesarias y las federaciones son influenciadas por la política, lo que deriva en malas decisiones y en una planificación deficiente.

Los aficionados incurren en actos de violencia, los estadios están con frecuencia vacíos y algunos de los torneos más tradicionales del país han perdido brillo y popularidad. El club más popular de Brasil, Flamengo, jugó ante apenas 375 aficionados en un partido del campeonato estatal de Río de Janeiro este año.

"En el futbol profesional de Brasil un 30 por ciento de los equipos compiten a alto nivel y puede disfrutar de las mieles del deporte. Para los demás, la realidad es muy distinta a lo que se ve por televisión", afirmó Arthur Vinicius Marcelo, coordinador de futbol y preparador físico de Presidente Prudente. "Nadie sabe las cosas por las que pasan la mayoría de los jugadores. Jugar futbol en Brasil es una lucha".

Muchos jugadores tienen otro trabajo. Éste es el caso de Rogerio Salvato Jr., de 24 años, quien asegura: "gano más repartiendo comidas que jugando futbol".

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 BAJA ASISTENCIA A ESTADIOS

 

Jugadores brasileños deben viajar en combi para llegar a sus partidos. (AP)


Presidente Prudente, club de la ciudad del mismo nombre a 560 kilómetros de Sao Paulo, recibe una subvención anual de 6 mil 200 dólares de la federación estatal de Sao Paulo. Pero la nómina salarial es de 9 mil dólares mensuales y el club depende de la publicidad de un supermercado y de otro negocio local. Grosso dice que el club cuenta, además, con aportes de su familia, que fundó la institución en 1989.

"Aportamos lo que podemos", señaló. "La falta de fondos es un problema grave. No podemos soñar en grande si no tenemos una infraestructura decente para los jugadores".

Presidente Prudente juega ante menos de 400 aficionados la mayoría de sus partidos en el estadio de la ciudad, con capacidad para 45 mil personas. Los jugadores van a los entrenamientos en una combi de Volkswagen que tiene una puerta rota.

Pero no son sólo los clubes chicos los que tienen problemas. Instituciones grandes de Río de Janeiro como Botafogo y Flamengo se las han visto duras para pagar los sueldos este año. Palmeiras, el equipo que más títulos nacionales ha ganado, fijó un tope salarial y solo ofrece contratos en los que el sueldo depende del rendimiento, algo sin precedentes en Brasil.

Los clubes, por otro lado, tienen un calendario demasiado recargado. Los principales equipos disputan un 40 por ciento más de partidos que los de la Liga Premier (Inglaterra).

Esto hace que recurran a menudo a suplentes, lo que le resta categoría a los torneos y ahuyenta a los aficionados.

En las semifinales del campeonato de Río de Janeiro de este año menos de 4 mil personas presenciaron en el estadio Maracaná, sede de la final de la Copa Mundial con capacidad para 85 mil espectadores, un choque entre Flamengo y Cabofriense

La asistencia promedio a los partidos de Brasil es de 12 mil espectadores, menos que la de las ligas de Australia y Estados Unidos.

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JUGADORES ALZAN LA VOZ

 

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El movimiento de jugadores "Bon Senso" (Sentido Común) incluyó protestas y una amenaza de huelga.

"Queremos ayudar a miles de futbolistas que enfrentan dificultades", expresó el arquero Dida, quien integró una selección campeona mundial. "Estamos en la elite del fútbol, pero sabemos por lo que pasan la mayoría de los jugadores".

Uno de los objetivos del movimiento es crear un sistema financiero limpio que tenga una serie de medidas orientadas a obligar a los clubes a pagar los sueldos a tiempo y a acatar las leyes laborales locales.

La principal queja, no obstante, se relaciona con el calendario, que es demasiado largo para los clubes grandes y demasiado pequeño para los chicos.

El calendario brasileño es todo lo contrario del europeo. Los primeros tres meses del año están reservados para los campeonatos estatales y la liga nacional se juega de abril a diciembre. Sólo el 60 por ciento de los equipos aproximadamente tiene garantizado que jugará partidos todo el año, mientras que casi 600 clubes se pasan la mayor parte de la temporada sin partidos oficiales.

Tras las amenazas de "Bon Senso", la Federación Brasileña de Futbol informó que comenzará a cambiar el calendario a partir del año que viene.

El movimiento pide también la creación de una quinta división, que permitiría a clubes chicos jugar más partidos.

"Si no jugamos todo el año no podemos organizarnos y tener un proyecto comercial", sostuvo Juninho, ex mediocampista de la selección y ahora administrador de Ituano, club que ganó sorpresivamente el campeonato paulista este año.

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