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Libreta de apuntes

Fiasco argentino; prodigioso Messi

Al final de una hora y media de tedio, el genio de Lionel Messi otorga una pelota a Di María para que resuelva el galimatías suizo que rindió un homenaje al arte de la defensa durante todo el encuentro. La dependencia albiceleste de su 10 ya es enfermiza.
Mauricio Mejía
01 julio 2014 14:37 Última actualización 01 julio 2014 14:42
Basta de simetrías. Lionel Messi juega su Mundial a pesar de sus compañeros. (Reuters)

Basta de simetrías. Lionel Messi juega su Mundial a pesar de sus compañeros. (Reuters)

Messi se acostumbra a sacar del lío a una Argentina siempre insuficiente. Al final de una hora y media de tedio, el genio otorga una pelota a Di María para que resuelva el galimatías suizo que rindió un homenaje al arte de la defensa durante todo el encuentro. La dependencia albiceleste de su 10 ya es enfermiza. Cuestionado siempre, con Maradona en la espalda, la figura del Barsa planta guante blanco a un país que le negaba méritos para montarse el peso de la leyenda. Messi elude la comparación con desplantes sublimes, como si burlara al mismo Diego. Sus goles, en la frontera de la nada, mantienen vigente a una escuadra desesperadamente incompetente con la pelota.

La prensa argentina debe, poco a poco, sopear sus palabras. La poesía debe tratarse con paladar exquisito. Ha sido grosera con el máximo futbolista del cambio de siglo. Y éste ha sido generoso hasta el tapabocas. Lo de hoy ha sido el colmo del prodigio. De una jugada cualquiera ha sacado agua para refrescar el vacío de ideas de Sabella y su grupo técnico. Basta de simetrías. Messi juega su Mundial a pesar de sus compañeros.

Suiza ha demostrado vulnerabilidad del bicampeón. Bien plantado en la zaga llevó a la confusión a los delanteros rivales. Y con precisión despachó sus embates distorsionados. Higuaín fue una estatua móvil en este encuentro que guardó las mejores líneas para la última página. Los suizos convirtieron el final en un thriller. Un cabezazo en la penúltima jugada pudo llevar el drama a los once pasos. La banca sudamericana ya tenía el rosario entre las manos.

Las caras de la medalla. Mientras Argentina abusa de su único rasgo de talento, Suiza demostró que este deporte es de conjunto. Armó una muralla en la que los jugadores apelaron a la cooperación, a la asociación de fuerzas. La fortaleza suiza debe ponerse como ejemplo para el postiempo. ¿Por qué? Porque confirma que se puede sofocar la pedantería con solidaridad. Esta tarde se festejó a la fraternidad. No se debe olvidar que Suiza es neutral hasta cuando ataca.

Sí, este deporte consiste en meter la pelotita en la portería. Pero hay equipos que están obligados a hacer de ese sencillo enunciado un verso verosímil. El de hoy ha sido nulo. El fiasco pasa desapercibido para la historia porque la Historia se llamará Messi. La desdeñable Argentina tiene porvenir porque es la casa de un jugador de época. Los venideros la llamarán: los años-de-Messi.

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